LOS GUERREROS DE TERRACOTA LOS ETERNOS VIGILANTES PARA ROSA M V
Una mañana a principios de febrero de 1974, en la provincia china de Shaanxi, el campesino Yang Zhifa salió con sus hermanos.
Tenían que continuar con la excavación de un pozo de agua, necesario para regar sus cultivos.
Ya estaban por llegar a los cinco metros de profundidad cuando, su pala chocó contra algo duro.
Siguieron cavando alrededor y quedó al descubierto el cuello de una escultura de terracota.
Pensaron que podía tratarse de un hallazgo importante y avisaron a las autoridades.
Lo que acababan de desenterrar era el primer guerrero de un ejército de unos 8.000 soldados de terracota.
Los responsables del Partido Comunista dispusieron de todo lo imprescindible para seguir trabajando.
Y se sumergieron en el proyecto subterráneo de 56 km cuadrados, construido por orden del emperador Qin Shi Huang.
A sus pies yacía un tesoro que había permanecido oculto al mundo durante casi 2.200 años.
El mencionado ejército, una caballería de 150 animales, 130 carros tirados por otros 520 caballos y hasta 40.000 puntas de flecha.
Además de docenas de espadas, lanzas, ballestas y otras armas de bronce.
Vestían uniformes de acuerdo con sus rangos, ataviados con armaduras y pintados de colores vivos.
Los guerreros fueron fabricados por piezas separadas que después se unían.
Se emplearon diez moldes distintos para las caras, aunque luego se personalizaban, añadiéndoles detalles de arcilla.
Cada rostro terminó siendo diferente a los demás.
Las figuras se esmaltaban y se pintaron con pigmentos de distintos colores.
El acabado final fue de un sorprendente realismo.
Estaban distribuidos en tres fosas:
En la primera apreciamos un ejército en formación de ataque con 6.000 figuras de caballos y soldados.
Miden 1,80 m de altura, aproximadamente.
Una compañía de 204 soldados de infantería armados con ballestas y arcos a la vanguardia.
Y seguida de treinta líneas de carros alternados con más infantes.
En los flancos hay dos líneas de soldados mirando hacia fuera.
A veinte metros, está la segunda fosa.
Aquí se despliegan 1.400 arqueros, soldados de infantería y carros en una formación militar más compleja.
Hay más variedad de tropas: arqueros, lanceros y dos comandantes.
Uno sobre un carro de combate en la retaguardia y el otro, a pie, en la última fila de la vanguardia.
Por último, en la fosa número tres debería estar el comandante en jefe del ejército, rodeado por 86 soldados.
La mayoría de estos tienen uniformes de oficiales.
También se halló una cuarta fosa, pero está vacía.
Se supone que no dio tiempo a terminarla antes de la muerte del emperador y se abandonó su construcción.
Las características del suelo de Xian actuaron como un eficaz conservante.
Su tierra es moderadamente alcalina, de grano fino, escasamente aireada y con poca materia orgánica.
Un conjunto de factores que preservaron el enclave durante 22 siglos, mientras en el mundo se alzaban y caían imperios.
Poco después de haber asumido el trono, con apenas 13 años, este mandatario ordenó colocar miles de guerreros para que vigilasen su tumba.
El primer emperador de la dinastía Qin fue enterrado en torno al año 210 antes de Cristo con un esplendor comparable al de los faraones del antiguo Egipto.
Se estima que unos 700.000 hombres participaron, durante décadas, en la construcción de su tumba.
Poco después de la muerte del emperador, el imperio chino vivió tiempos convulsos, con muchas revueltas.
Durante una de ellas, se produjo la rebelión del reino de Chu, dirigida por el general Xiang Xu.
Sus tropas rebeldes entraron en la tumba, la saquearon y después intentaron quemarla.
Qin Shi Huang se convirtió en rey de Qin en el 246 antes de cristo.
Durante décadas conquistó otros estados a su alrededor.
Incluso, mandó construir la primera versión de la Gran Muralla China.
El gobernante quería tener el mismo poder y estatus imperial en el más allá.
Reinó durante más de tres décadas.
Muchos le describen como una persona despiadada.
Bastantes seguidores confucianos no estuvieron de acuerdo con su filosofía y fueron mandados apedrear hasta la muerte o enterrados vivos.
Cuando entró en la mediana Edad, el Primer Emperador comenzó a temerle a la muerte.
Se obsesionó con encontrar el elixir de la vida eterna.
Los médicos y alquimistas de la corte le preparaban una serie de pociones con mercurio.
Se cree que el año 211 antes de Cristo, cayó un gran meteorito en Dongjun.
El mandatario lo interpretó como una mala señal.
Como una prueba de que perdería el Mandato del Cielo.
La cosa empeoró cuando alguien grabó las palabras: El Primer Emperador morirá y su tierra se dividirá.
Como nadie confesó su osadía, Qin hizo ejecutar a muchos de los que estaban a su alrededor.
Después quemaron el meteorito.
Cinco años después falleció.
Lo más probable es que terminase envenenado por el mercurio que ingería para tratar su inmortalidad.
Qin Shi Huang dividió China en 36 provincias.
Hizo construir carreteras para promover el comercio.
Unificó las monedas de los antiguos reinos y también impuso las mismas leyes en todas las ciudades.
Una de sus reformas fundamentales fue que unificó la escritura china.
Ya que existían distintos alfabetos y caracteres en cada territorio.
Tras su muerte, en el 210 antes de Cristo, su familia fue derrocada por una rebelión, liderada por el comandante Xiang Yu, la que dio origen a la dinastía Han.
Probablemente los Han no quisieron destacar los logros del primer emperador, por eso no mencionaron nada acerca del ejército de terracota.
Con los siglos, la existencia de esta imponente joya fue olvidada.
Y fue cubierta por la vegetación.
Durante décadas, los guerreros han dado trabajo a generaciones de arqueólogos.
Aún hoy, la ciencia continúa revelando los secretos de este silencioso ejército.
En 1987 la Unesco los declaró Patrimonio de la Humanidad, dentro del conjunto del Mausoleo del Emperador.
Su tumba se ubica en lo alto del Monte Lishan.
Está enterrado bajo un enorme montículo en forma de pirámide.
La tumba central contiene tesoros y objetos maravillosos.
Y ríos de mercurio puro, un elemento que estaba asociado con la inmortalidad.
La leyenda registra que su tumba tiene una trampa explosiva para defenderle de los saqueadores.
El propio mandatario lanzó una poderosa maldición sobre el que se atreviera a perturbar su descanso final.
El gobierno Chino, de momento, no ha mostrado interés por excavar su lugar de reposo.
Quizás, sea mejor no hacer enfadar al Primer Emperador de China.