SEGUIMOS SIN PODER DESCIFRAR EL MANUSCRITO VOYNICH
Fue descubierto en 1912.
Se conserva en la Universidad de Yale.
Ni los criptógrafos más afamados ni tampoco los superordenadores más potentes del mundo han conseguido, de momento, descifrarlo.
Este es el enigma del Manuscrito Voynich.
Se sabe que en 1639 la obra se encontraba en el Vaticano, donde se guardaba celosamente.
Llamaron a un tal Anasthasius Kirchner.
Era un afamado jesuita, con una impresionante carrera como científico, investigador y criptógrafo.
Dominaba el griego y el hebreo, además, viajaba por toda Europa.
Este experto estudia chino y se enfrasca en la tarea de comprender el enigmático manuscrito.
No lo consiguió.
Desde allí pasó a la corte del emperador del Sacro Imperio Romano, Rodolfo II en Viena, un monarca interesado en los documentos crípticos.
Parece ser que se lo compró a un desconocido por la altísima suma de 600 ducados, unos 45.000 euros actuales.
Luego fue a parar a manos de su médico privado, Joseph Tepenecz.
Posteriormente, recayó en otros dueños hasta terminar en la biblioteca del colegio romano.
Su último propietario fue el polaco Michael Voynich, nacido en 1865.
Bibliógrafo y licenciado en farmacia y química.
Huyó de Lituania, por sus ideas políticas y acabó instalándose en Nueva York.
Allí se convierte en un próspero librero, siempre en busca de rarezas literarias.
En 1912 compró este misterioso manuscrito en la biblioteca de un colegio jesuita en Villa Mondragone, en la Toscana, Italia.
La orden necesitaba el dinero y Voynich no dudó en hacerse con el singular ejemplar.
Dentro del libro, Voynich encontró una carta fechada en 1666.
El autor de la misiva fue Johannes Marcus Marci, rector de la Universidad de Praga.
La carta aporta datos sobre el origen de este libro.
Son 116 folios, escritos sobre piel de cordero por ambos lados.
Incluso, se pueden desplegar y llegar a las 200 páginas.
No se sabe quién lo escribió, si bien no han faltado sugerencias como que pudo haber sido el científico inglés Roger Bacon o el astrólogo John Dee.
De acuerdo con la prueba del carbón 14, los folios datan de los años 1404 a 1454.
Está escrito de derecha a izquierda y hay dos tipos de letra, a lo mejor, pertenecen a dos autores.
El Manuscrito está dividido en dos partes, una dedicada a la botánica, con dibujos de 113 plantas desconocidas, salvo dos: el brócoli y las lilas.
En la parte farmacológica, se describe más de 100 tipos de hierbas, con dibujos de pequeños recipientes, típicos de la farmacopea de entonces.
En su sección astronómica hay diagramas circulares con soles, lunas y estrellas.
Hay una serie con los 12 signos del Zodíaco.
Aunque, entre sus 28 páginas perdidas, faltarían las constelaciones de Acuario y Capricornio.
Algunos de estos diagramas se hallan en páginas desplegables.
Las páginas que faltan no fueron arrancadas, sino descosidas.
Quizás la clave o la Piedra Rosetta para descifrar este Manuscrito estuviese en los folios que quitaron.
Seguramente, el orden de las páginas y el encuadernado sean diferentes del original.
La numeración de las páginas fue añadida más tarde, incluso algunos folios se han perdido.
También contiene anotaciones al margen de la página en un dialecto de una ciudad en el sur de Francia.
Esto nos indica que el libro estuvo en esa zona durante un tiempo.
La escritura de estas notas parece una adaptación de las letras carolingias que se usaron en Europa desde el siglo 9 al 13.
Dentro, hay un mundo onírico indescifrable.
Ni siquiera hay consenso sobre si contiene información significativa.
El alfabeto del manuscrito no se parece a ninguna escritura conocida.
Cada capítulo comienza con una flor en forma de estrella.
Y solo los atuendos y peinados de las figuras humanas que aparecen en las ilustraciones y los castillos, nos dan una idea de algo.
El texto completo se compone de unas 35.000 palabras sin puntos ni comas.
La desconocida lengua en la que está escrito estaría compuesta por entre 20 o 30 letras.
A este alfabeto se le conoce como Voynichés.
Sólo 33 páginas tienen texto exclusivamente.
Un texto iluminado en azul, amarillo, rojo, castaño o verde.
El mensaje es fluido, sin enmiendas ni tachaduras.
Quizás su autor, estuviese transcribiendo la información de otras fuentes.
Como curiosidad, no contiene palabras de más de 10 letras.
La tipografía sería de cursiva humanista.
Un estilo muy en boga en Europa durante un par de décadas en el siglo 15.
George Zipf fue un conocido lingüista que postuló su ley de Zipf.
Explicó que hay una frecuencia universal de palabras cortas y largas en todas las lenguas humanas.
En resumen, cuantas más veces aparece una palabra en un idioma, más corta es.
Todo se basa en la economía lingüística, las palabras más frecuentes con más cortas porque requieren de menos energía.
Por eso el uso de la lengua impone esta ley.
Pues bien, el lenguaje del manuscrito Voynich encaja perfectamente con estos parámetros.
Es decir, que la frecuencia de sus palabras cortas y largas es equivalente a la que encontramos en otros idiomas actuales.
Sin embargo, seguimos sin saber lo que dice.
La entropía es el grado de desorden de un sistema.
En este caso, el lenguaje del manuscrito tendría una entropía similar a la de algunos textos en latín.
Hay símbolos astronómicos y plantas raras.
Los entendidos no se ponen de acuerdo en cuál fue su propósito: Herbario medieval, obra alquímica, herbario astrológico o el diario de un laboratorio.
Otro posible sospechoso de su autoría, sería el enigmático Nostradamus.
Las huellas del libro nos llevan desde la corte de Rodolfo II en Praga, Francia a la Provenza, donde vivía el conocido médico.
Nostradamus escribió el horóscopo para el emperador Rodolfo y vivió un tiempo en Praga.
Caterina de Medici admiraba al popular astrólogo.
A menudo, le pedía que desvelase su futuro.
Es más, utilizó cremas de belleza que él fabricaba con una receta secreta, solo para ella.
Sus más de 100 profecías aparecen en forma de versos y en un lenguaje metafórico.
Un filósofo alemán dijo que el milagro de Nostradamus no son sus profecías, sino la capacidad de la gente de interpretarlas.
De hecho, hay un museo de Nostradamus en la que fue su vivienda.
Allí pueden encontrarse sus escritos originales y contenido oscuro y codificado.
La Inquisición iba detrás de él, y tuvo que comparecer ante sus autoridades en más de una ocasión.
Pero no lograron impedir al sabio continuar con sus misteriosas predicciones.
A Nostradamus le fascinó la anatomía del cuerpo humano, las plantas curativas y las estrellas.
Los trabajos de este misterioso visionario recuerdan a las ilustraciones del Manuscrito más enigmático.
En 2004 un tal Gordon Rugg, investigador de la Universidad de Keele de Reino Unido dio un vuelco a todo este asunto.
En su estudio publicó que el histórico libro había sido creado por un estafador.
Precisamente, para engañar al emperador Rodolfo II, quien era un conocido coleccionista de rarezas.
No faltan otras teorías que atribuyen que su autor fue el mismísimo Leonardo Da Vinci de niño.
Para finalizar, existe el proyecto Europeo de la transcripción del manuscrito.
Está a cargo de Gabriel Landini, entre otros.
Actualmente, cualquier aficionado o entendido puede unirse y tratar de descifrar el libro.
En fin.
El misterio del Manuscrito Voynich sigue sin resolverse en lo que llevamos de este siglo.
Ahora han puesto a la venta una primera edición que es una copia meticulosa del original.
Esperemos que millones de ojos vean más que uno.