LUCES DROGAS Y ACCIÓN EN EL HOLLYWOOD CLÁSICO
Jornadas de rodaje maratonianas.
Contratos con cláusulas abusivas.
Las que ataban a los actores a los estudios y les obligaban a rodar una películas tras otra.
Presiones para que las estrellas conservaran una determinada imagen pública.
Represalias para los que se rebelaban…
Durante la edad de oro de Hollywood se edificaron los cimientos de la industria del cine.
Y se produjeron algunas de las mejores películas de la historia.
A menudo, se hizo a costa de los derechos de los trabajadores y de la salud de sus estrellas.
En los locos años 20 se introdujeron las drogas en las desenfrenadas fiestas de los camerinos.
Los traficantes ilegales de estas sustancias encontraron en Hollywood un mercado propicio.
1949.
Un fallo judicial del Tribunal Supremo obliga a las compañías de cine estadounidenses a terminar con sus prácticas monopolísticas.
Hasta esa fecha, Hollywood estaba dominado por un sistema de estudios.
Un modelo que permitía a las grandes empresas ejercer un control absoluto sobre todos los sectores de ese negocio.
La producción, distribución y exhibición.
Un control que también se extendía a sus estrellas.
Los estudios tenían el poder de contratar a sus actores en exclusividad.
Muchas veces, con cláusulas de renovación automáticas.
Para evitar que se marcharan a estudios rivales.
Además, podían moldear su imagen pública.
O inmiscuirse en su vida privada.
Podían cambiarles el nombre, elegir qué personajes debían interpretar, encasillarlos en un determinado género de películas…
Exigirles un aspecto físico o un modelo de conducta concreto…
Inventarles historias para la prensa, impedir ciertos matrimonios o al revés.
Obligarles a casarse para acallar ciertos rumores que eran inconvenientes para los grandes estudios.
Mickey Rooney fue una de las mayores estrellas de los años treinta.
Llegó a rodar veinte películas entre 1937 y 1939.
Las grandes estrellas eran ricas y famosas.
Pero tenían que pagar un alto precio por ello.
Durante mucho tiempo no existió un control sobre sus horarios.
El sindicato de actores se fundó en 1933.
Aunque no estuvo plenamente operativo hasta 1937.
Por lo que los intérpretes podían llegar a trabajar durante jornadas extenuantes.
De dieciséis a dieciocho horas diarias, seis días a la semana.
Algunos llegaron a rodar hasta siete películas al año.
Carole Lombard fue la estrella mejor pagada durante un cierto tiempo.
Y rodó dieciséis películas entre 1932 y 1934.
Hollywood fue una fábrica de sueños y de adictos.
El consumo de drogas era algo habitual en la edad dorada de los estudios.
Se solía hacer con fines recreativos.
Cuando saltaba algún escándalo en la prensa, los estudios se mostraban muy hábiles tapando los desmanes de sus estrellas.
Otro caso significativo fue el de Errol Flynn.
En la pantalla lucia como un gran héroe romántico del Hollywood clásico.
Aunque su vida privada estuvo repleta de excesos.
Él mismo lo relató en su biografía.
Se metía en frecuentes peleas, consumía todo tipo de sustancias adictivas.
Murió a los 50 años.
Y terminó sus días enganchado a la heroína.
Mientras tanto, fue una de las estrellas más rentables de la Warner.
Su imagen de aventurero seductor permaneció impoluta para el gran público.
Pero no todos usaban las drogas para divertirse.
Algunos recurrieron a ellas para mantener el ritmo de trabajo en los rodajes.
Para soportar la presión psicológica a la que eran sometidos.
Lo habitual era que los actores consumieran en secreto.
Sin embargo, muchas veces, fueron los propios estudios los que se las proporcionaban.
Durante décadas, médicos sin escrúpulos fueron contratados por las compañías cinematográficas.
Su objetivo fue el de suministrar todo tipo de drogas a los actores.
Las hacían pasar por vitaminas, analgésicos, pastillas para dormir o píldoras para adelgazar.
Les dieron anfetaminas para combatir el cansancio y rendir más horas.
O barbitúricos para contrarrestar los efectos de los estimulantes y poder dormir.
Tampoco faltaron los narcóticos para aplacar el dolor de una lesión y así poder seguir rodando la siguiente toma.
El primer caso célebre de drogadicción en Hollywood fue el de Wallace Reid.
Fue un famoso galán del cine mudo.
Y una víctima del implacable ritmo de trabajo que le imponían los estudios.
En 1919 sufrió un accidente durante el rodaje de la película El valle de los gigantes.
Esto le produjo heridas en una pierna y en la cabeza.
En vez de descansar para recuperarse, la Paramount le presionó para que se tratara con morfina.
Como consecuencia, el actor se enganchó.
Cuatro años después, murío a causa de ello.
Su mujer se convirtió en una activista antidroga.
Y se pudo hacer pública una realidad que los estudios intentaban ocultar.
El tráfico de estupefacientes en esta industria.
El más famoso suministrador de drogas del Hollywood clásico fue Max Jacobson.
Le apodaron el doctor Bienestar.
Era un médico alemán que llegó a Estados Unidos en 1936, huyendo del nazismo.
Este doctor presumía de haber inventado una fórmula milagrosa que aportaba energía, calmaba el dolor y regeneraba los tejidos.
Consistió en un compuesto vitamínico que se inyectaba en sus pacientes.
Entre sus clientes, se hallaban nombres como el cantante Eddie Fisher o el director Cecil B Demille.
Este último, le llegó a pagar un viaje a Egipto al doctor a cambio de que le inyectase su remedio mágico.
Cecil se encontraba en pleno rodaje de la película los diez mandamientos en 1956.
Su fama pronto se extendió por todo Hollywood.
Por su consulta pasaron estrellas como Marilyn Monroe, Montgomery Clift, Elizabeth Taylor, Frank Sinatra o Elvis Presley.
Muchos de ellos, ya eran adictos a su fórmula milagrosa.
Max Jacobson llegó a ser tan famoso que lo visitó el mismísimo John F. Kennedy.
Jacobson trató al presidente de sus dolores crónicos de espalda durante varios meses.
Hasta que los servicios médicos de la Casa Blanca empezaron a sospechar sobre la composición de sus inyecciones.
La fama del médico con la fórmula mágica no iba a durar para siempre.
En 1969, murió uno de sus pacientes.
El fotógrafo presidencial, Mark Shaw.
Las autoridades antidroga investigaron este caso.
No pudieron demostrar la implicación de Max en el fallecimiento del fotógrafo.
Pero sí que pudieron hallar la composición de sus inyecciones milagrosas.
Estas fueron una peligrosa combinación de vitaminas, analgésicos, esteroides, y anfetaminas.
Este descubrimiento supuso la revocación de la licencia médica de Max de por vida.
Otra de las pacientes que pasó por la consulta de Jacobson fue Judy Garland.
La inolvidable Dorothy de El Mago de Oz en 1939.
La biografía de esta actriz fue realmente trágica.
Con quince años, ya era la estrella juvenil más exitosa de Hollywood.
La Metro Goldwyn Mayer le impuso un duro ritmo de trabajo, pese a su corta edad.
Al ver que no era capaz de seguirlo, decidieron administrarle anfetaminas y barbitúricos.
Más adelante, al ver el deterioro de la actriz, tuvieron que añadir más ingredientes al cóctel.
Píldoras para adelgazar, cigarrillos para suprimir el apetito y una severa dieta.
En 1947, con veinticinco años, Garland ingresó en un psiquiátrico por una crisis nerviosa.
Atrás había quedado un matrimonio fracasado, el primero de los cinco que tuvo.
Garland tuvo dos abortos.
Uno de ellos, contó con el beneplácito del propio estudio de cine.
Judy Garland se intentó suicidar.
En esa época, ya era una adicta a las anfetaminas, los somníferos y al tabaco.
Deprimida y arruinada, la actriz tuvo que sobrevivir como cantante durante los años sesenta.
Muchas veces, cantó bajo los efectos del doctor bienestar.
Hasta que en 1969 fue hallada muerta en su casa de Londres por una sobredosis de barbitúricos.
Su caso no fue el único.
Debbie Reynolds o Joan Collins…
Muchos intérpretes de aquellos años, han contado que a las jóvenes promesas se les incitaba a consumir vitaminas.
Y se les engañaban con que eso les ayudaba a bajar de peso o a rendir más en los rodajes.
Algunos pudieron escapar de la adicción gracias a un entorno familiar favorable.
Pero muchos otros, no tuvieron tanta suerte.
Bela Lugosi también fue víctima de la morfina.
El origen de su adicción le vino de la Primera Guerra Mundial.
Lugosi estuvo en el frente como teniente de infantería.
Allí conoció el efecto relajante de la morfina.
Interpretó al famoso conde Drácula en Broadway.
Se hizo famoso con la película sobre el conde que rodó Tod Browning, aunque cobró una miseria por el papel principal.
Y el resto de su carrera fue pura decadencia.
Marilyn Monroe murió por sobredosis de Nembutal.
Pero fue adicta a todo: alcohol, somníferos…
Antes de fallecer, fue ingresada en la clínica Payne Whitney.
Allí permaneció encerrada en un cuarto de aislamiento, destinado a los pacientes más afectados.
La hierba se convirtió en la reina de las drogas en los sesenta con la contracultura.
Junto con el LSD.
Todo esto sin hablar del alcohol.
La droga más barata y usada siempre en Hollywood.
Una parte muy dura del pasado dorado de los Grandes Estudios.
Una turbia historia de adicciones, que hizo que muchas estrellas terminasen hablando con su reflejo.