HACKERLANDIA LA TERCERA ECONOMÍA MUNDIAL
Mientras ves este vídeo, se está librando una guerra entre los gobiernos del mundo y los hackers.
Es una lucha silenciosa.
Nadie es inocente.
Unos y otros espían, atacan instalaciones y roban datos del rival.
Los ciberdelincuentes están ganando la batalla.
Muchos de ellos son antiguos agentes que se han pasado al lado oscuro.
El 6 de mayo se atacó a Colonial.
Y paralizaron uno de los grandes oleoductos de Estados Unidos.
Los hackers aprovecharon la ocasión al ver que muchos trabajadores del lugar estaban operando por control remoto debido a la pandemia.
Los piratas informáticos inutilizaron casi 9.000 kilómetros de sus tuberías.
Desde Texas a Nueva York.
En definitiva, cerraron el grifo de un tercio del crudo que consumen los norteamericanos.
De momento, este es el mayor ciberataque contra una infraestructura crítica.
El FBI lo atribuyó a un grupo de hackers que opera desde Rusia, llamado Darkside.
Darkside opera mediante el ransomware.
Esto es, el cibersecuestro de la información sensible de una emprea o institución.
Los piratas se apoderan del sistema de la compañía.
Encriptan sus datos.
Y luego, venden una herramienta para desencriptarlos.
Darkside estudia muy bien a sus víctimas antes de abordarlas.
Comprueban que pueda asumir el rescate que proponen.
Hasta ofrecen un canal de atención al cliente, que es su víctima.
Incluye un servicio posventa y descuentos para pagar con rapidez.
Prometen no atacar hospitales y colegios.
Y donan una parte de su botín a organizaciones benéficas.
Toda una cínica estrategia de marketing.
Por supuesto, las víctimas han de pagar el rescate en irrastreables bitcoins.
Darkside ha ganado 74 millones de euros mediante 47 ciberataques.
El cibersecuestro está a la orden del día.
Muchas empresas ocultan que están siendo extorsionadas para salva guardar su reputación.
Lo cierto es que muchas han de pagar el rescate.
Colonial abonó 75 bitcoins, cinco millones de dólares, para recuperar sus datos.
Acto seguido, Darkside le pidió disculpas y cerró su página web alojada en la Web profunda.
Hasta la próxima.
Se estima que el negocio del cibercrimen ya es más grande que el del narcotráfico.
El cibersecuestro de datos movió el año pasado unos 18.000 millones de dólares en rescates.
Un ochenta por ciento más que en el 2019.
Sin duda, se han aprovechado de la digitalización de la economía que ha provocado por la pandemia.
Pero esto es sólo la punta del iceberg del cibercrimen.
Se dice que causa más daño que los desastres naturales.
Sus ganancias podrían llegar a los 10 billones en 2025, según algunos cálculos.
Si se miden sus destrozos en términos de PIB…
Hackerlandia sería la tercera economía mundial.
Solo en Estados Unidos, el año pasado fueron hackeados un centenar de agencias federales.
500 hospitales y 1.680 centros educativos.
Todo eso, sin contar las empresas.
Nadie está a salvo.
Ni los militares.
Los expertos advierten que nunca ha sido tan rentable comprometer los sistemas.
Hay hackers que han entrado en los contratos de la industria de defensa.
También han entrado en los archivos de las universidades.
Sus sistemas de defensa informática son más débiles que los de las farmacéuticas.
Por cierto, los piratas informáticos también buscan extraer los datos de las vacunas de ARN mensajero.
Rusia y China no dominan su composición.
Y esta podría ser clave en la lucha contra los virus y el cáncer.
Algunos analistas piensan que la base de estas organizaciones podría ser una unidad de élite de la inteligencia rusa, la 26165.
Se les conoce como los ilegales, en el argot.
Muchos de estos sombreros negros, son exoficiales de seguridad.
Por eso es tan difícil identificarlos.
Porque tienen los mismos conocimientos y experiencia que los profesionales que trabajan en la ciberseguridad.
En Corea del Norte surgió el grupo Lazarus.
En el 2014 atacaron a la empresa Sony.
Se dedican a espiar y a robar.
Por ejemplo, para rastrear la composición de la vacuna Pfizer.
Este grupo nació para vengar el honor del líder norcoreano, que fue ridiculizado en una película.
Tres militares de Corea del Norte encabezan Lazarus.
El FBI emitió una orden de búsqueda y captura de uno de ellos.
Fue el grupo de hackers más activo durante el 2020.
Se calcula que robaron unos 1.300 millones de dólares.
Y los califican como uno de los principales ladrones de bancos del mundo.
Uno de sus líderes es el padre del virus Wannacry.
El que en el 2017, infectó 250.000 ordenadores de todo el mundo.
China cuenta con más de 130.000 ciberguerreros.
Su famosa unidad 61398 es la que dirije sus ataques contra Estados Unidos.
Otros de sus piratas se dedican a Europa y Rusia.
En su punto de mira entran todas las infraestructuras esenciales.
Como las redes eléctricas, energéticas, de transportes…
Sobre todo, se han especializado en el espionaje industrial.
Estados Unidos también desempeña un papel muy importante en esta ciberguerra.
En el 2013, Edward Snowden desveló el espionaje masivo de la Agencia Nacional de Seguridad.
La noticia provocó una desbandada.
Decenas de empleados acabaron siendo fichados por potencias extranjeras.
Muchos terminaron en monarquías del Golfo, que les pagaban el doble.
En Hackerlandia, Rusia, Estados Unidos, China y Corea del Norte encabezan el ranking mundial de ataques informáticos.
Sin embargo, la ciudad rumana llamada Ramnicu Valcea, es la capital del cibercrimen.
La serie Hackerville de HBO está inspirada en esta localidad.
Muchos de sus jóvenes habitantes presumen de haber hackeado grandes empresas.
Y alardean de su tren de vida.
Los analistas lo llaman ‘caza mayor’.
Se da cuando los hackers atacan a las grandes corporaciones y a las administraciones públicas.
Los rescates por desencriptar un PC pasaron a valer unos 300.000 dólares de media.
En esta guerra, todo vale.
Nuestros datos personales, la propiedad intelectual, listas de votantes, registros médicos…
Estamos siendo pirateados desde muchos lados.
España no se libra.
El malware o programa malicioso Ryuk fue empleado para atacar al Sepe o al ayuntamiento de Jerez.
Es tan sofisticado que que resulta difícil deshacer el entuerto.
Este malware apareció en el 2018.
La Universidad de Vermont fue otra de sus víctimas.
Se negó a pagar el rescate y sufrió unas pérdidas de 1,5 millones de dólares diarios durante los dos meses que necesitó para reiniciar sus equipos.
La verdad es que hay bastantes infraestructuras críticas que están obsoletas.
Así que resulta sencillo atacarlas y provocar apagones en grandes ciudades.
Ucrania y la India ya los han sufrido.
¿Quién será la siguiente víctima?
Así son las cosas en Hackerlandia.