UNA HISTORIA DEL ASCENSOR LA MÁQUINA QUE INVENTÓ LOS RASCACIELOS
Hoy son un elemento indispensable.
Los ascensores cambiaron nuestro modo de vida.
Revolucionaron el diseño de los rascacielos.
Redefinieron las ciudades.
Y crearon un nuevo mundo en vertical.
Desde los primeros rascacielos hasta las increíbles mega torres de hoy.
Repasemos la historia de este invento que elevó la altura del progreso.
El ascensor continúa su proceso de innovación.
Alcanzando nuevas cotas.
Antes, solo podían subir mediante las escaleras.
Los edificios más altos se usaban con fines militares o religiosos.
Con objetivos ornamentales o estratégicos.
La irrupción de la revolución industrial aceleró el cambio.
La demanda de espacio se incrementó.
Los pioneros tuvieron que probar nuevos métodos para mejorar el acceso vertical.
Estos primeros intentos existieron desde hace siglos.
Se trataba de plataformas suspendidas que se accionaban mediante poleas.
A lo largo de la historia se empleó la fuerza humana, animal o mecánica.
Solo podían elevar unos pocos objetos a distancias cortas.
La probabilidad de riesgo era alta.
Si fallaba la fuerza que lo accionaba.
Seguramente, sin el invento de la polea en la Antigüedad, no hubiera sido posible el ascensor.
Por lo tanto, es una idea antigua, aunque su aplicación práctica sea relativamente moderna.
Vemos la feria mundial de Nueva York de 1954
Elisha Graves Otis viajó hasta allí.
Para dar a conocer un invento que cambiaría el mundo.
Era un mecánico en una fábrica neoyorkina de camas.
Donde el trabajo de subir y bajar pesadas cargas se hacía mediante polipastos.
Fundó la empresa Otis Steam Elevator.
Su ascensor tenía una particularidad, veamos.
Otis se montó en un elevador repleto de cajas pesadas y barriles.
Al llegar a una altura equivalente a cuatro pisos…
Cortó la cuerda de suspensión…
Ante la mirada y el asombro de los allí presentes.
El elevador cayó violentamente.
Pero sin chocar contra el suelo.
Y es que Otis creó un mecanismo de seguridad.
Que sirvió para detener el elevador.
Otis fue una gran vendedora.
Sus presentaciones eran bastante teatrales.
Escogía a varios voluntarios.
Los montaba en la cabina.
Cuando llegaban al tercer piso, Otis la dejaba caer.
Entre gritos de histeria y ataques de nervios de sus testigos.
Señores, seguridad absoluta.
Esa era su frase durante las demostraciones de su sistema de frenado.
Gracias a este sistema se pudo construir edificios de más de cinco pisos.
El máximo permitido en la época.
Supuso todo un éxito.
El primer ascensor del mundo destinado a subir y bajar personas se accionaba mediante una máquina de vapor.
Podía elevar a seis personas a la vez a una velocidad de diez o doce metros por minuto.
La nueva frontera vertical se abría paso.
En 1878 se inventó el ascensor de agua, accionado con un ariete hidráulico.
La velocidad aumentó a casi doscientos cincuenta metros por minuto.
En 1889 la Otis Company construyo el primer ascensor eléctrico.
Pero su engranaje fue reemplazado en 1903.
Por el contrapeso deslizante.
El mecanismo proporcionó la velocidad necesaria para los grandes rascacielos.
Quinientos metros por minuto.
El ascensor se importó por todo el mundo.
Para distintos tipos de construcciones.
En junio de 1889 empezaron a funcionar cinco ascensores hidráulicos para transportar a los visitantes a la torre Eiffel.
La tecnología se modernizó para la exposición Universal de 1900.
El ascensor Edoux fue una maquina hidráulica única en el mundo.
Permitió que los visitantes admiraran una vista impresionante.
En los pilares Norte y Sur se instalaron ascensores ‘Otis’.
Los ascensores automáticos no tuvieron fácil su llegada.
En 1945 ocurrió el único accidente con un modelo Otis que se recuerda.
Los cables y sistemas de seguridad del Edificio Empire State se colapsaron.
En 1950 se instaló el primer sistema protector de pasajeros y puertas en los ascensores.
Y ya en 1956 se hizo el primer ascensor completamente automático.
Situado en la sede de Atlantic Company en Dalas, Estados Unidos.
El ascensor no ha parado de renovarse.
Para estar a la altura de los modernos desafíos.
Como en el imponente armazón del Gateaway Arch en Saint Louis, Norteamérica.
Tiene 200 metros.
Es el arco más grande hecho por el hombre en los Estados Unidos.
Su ascensor sube hasta los 91 metros de altura.
Hay un tranvía elevador en cada lado.
Además, cuenta con una puerta panorámica.
A principios del siglo 20 los ascensores paternóster se hicieron populares.
No tienen puertas ni frenan al pasar por los pisos para que los pasajeros bajen.
Se mueven a una velocidad de 30 metros por segundo.
Están en permanente movimiento.
Los pasajeros apenas tienen que esperar.
Si sumamos todos los compartimentos, su capacidad es muy superior.
Debido a los riesgos que implican, ya quedan pocos.
En muchos países están prohibidos.
En el mismo lugar donde se erigían las Torres Gemelas de Nueva York, se ha construido el One World trade Center.
Con sus imponentes 541 metros de altura.
Las paredes de sus ascensores están cubiertas por 9 pantallas de 75 pulgadas de alta definición.
Se desplazan a una velocidad de 10 metros por segundo.
Durante los 47 segundos que dura el recorrido se puede ver un vídeo que muestra un Time Lapse.
Con los 500 años de historia de la ciudad.
Ahora ascendamos al futuro.
Los ingenieros siguen intentando alcanzar nuevas cimas.
La de las estructuras más altas que se hayan podido concebir.
Los principios fundamentales del ascensor han permanecido constantes a lo largo de estos 160 años.
El reto pasa por adaptarlos para que suban a los residentes de las futuras construcciones de más de un kilómetro de altura.
La compañía alemana Thyssen Krupp ha creado el primer ascensor del mundo sin cables.
Funciona por levitación magnética.
Con la misma tecnología que los trenes de alta velocidad en Japón.
Sus potentes imanes impulsan el ascensor dentro del edificio.
La novedad es que su sistema puede desplazar tanto en vertical como en horizontal.
Esto permite tener varias unidades sincronizadas.
Circulando en diferentes direcciones dentro de un rascacielos.
Así, es posible reducir el tiempo de espera para subir al ascensor.
Y también acortar el espacio que ocupan dentro del edificio.
Llegando a reducirse hasta un 50%.
Estos ascensores se mueven dentro de una especie de tubo a una velocidad de 5 metros por segundo.
Por último, ya contamos con los Sky Pod.
Cápsulas externas que emplean la levitación magnética.
El estudio Londinense PlP es el responsable de este proyecto.
Consiste en dejar de lado los ascensores internos.
Y dar paso a cápsulas que se instalarán en el exterior de los rascacielos.
Esta revolución eliminará las restricciones de construcción.
Permitiendo jugar con diseños que creen formas más orgánicas.
La tecnología está basada en un motor de inducción lineal.
Similar al de los trenes magnéticos o al de algunas montañas rusas.
En definitiva, nos desplazaremos en cápsulas transparentes que se moverán en todos los sentidos.
A lo largo y ancho del edificio.
Un giroscopio ayudaría a mantenerla en la misma posición.
Su sistema sería capaz de distribuir cada cápsula de acuerdo a las solicitudes de cada planta.
Así se evitarán los atascos y retrasos.
El Skypod abrirá nuevas oportunidades para la arquitectura.
Abróchense los cinturones.