VIENDO LA EXPOSICIÓN HOTELES DEL PARAÍSO EN EL MUSEO BOCA DEL CALVARI EN BENIDORM
Entramos a ver la nueva exposición en el Museo Boca del Calvari.
Hoteles del Paraíso.
Una muestra que repasa cómo eran los primeros establecimientos de la ciudad.
Entre los años 1954 y 1964.
Más de 30 paneles con imágenes extraídas del Archivo Municipal.
Hoteles del paraíso es la historia de una vertiginosa transformación.
Un recorrido por la información publicitaria de cada hotel, de los trípticos que informaban de la excelencia de los negocios.
Del concepto que se tenía del confort y de los servicios para el cliente.
Ya en en 1931 estaba el Hotel Bilbaíno.
El Levante en 1933 o el Marconi al año siguiente.
A partir de 1950 abren el Hostal La Mayora, El Hotel Costablanca.
L’Illa en 1953.
O Les Dunes, Easo y El Palmeral hacia 1955.
En la década siguiente le llegaría el turno al Colón, Canfalí, Delfín, Agir y Voramar o Teremar y Mistral.
En 1955 salió al mercado el primer Seat 600.
El primer utilitario fabricado íntegramente en España.
Muchas familias se lanzaron a la carretera en busca de su destino de vacaciones.
Comienza el turismo familiar.
En 1965 ya habían 66 establecimientos hoteleros que comprendían todo el espectro según el nomenclátor del momento.
Que abarcaba desde los hoteles de lujo a las pensiones de tercera.
Los nuevos hoteles de finales de los sesenta compartían paisaje con los chalés de veraneantes de larga tradición.
Pocos folletos contienen información sobre la clasificación en su categoría.
Antes se clasificaban en hoteles y pensiones.
Los hoteles podían tener estas subcategorías: hotel de lujo, primera A, primera B, segunda o tercera.
El establecimiento debía contar con una serie de servicios para ser admitido en una determinada categoría.
Las palabras: Gran, Real o Imperial junto al nombre del hotel estuvieron prohibidas.
Salvo que se tratase de un hotel de lujo.
Como el caso del Gran Hotel Delfín.
El único de esta clase con el que contaba Benidorm en ese tiempo.
En 1969 una disposición reclasificó las categorías hoteleras con el actual sistema de estrellas.
Los Hoteles atrajeron al turismo de procedencia centroeuropea.
Especialmente a alemanes y franceses.
Que vinieron en busca de buena calidad a precios asequibles.
En este tiempo, hubo un cambio de comportamiento y costumbres.
Muchas mujeres francesas lucían trajes de baño de dos piezas.
El Bikini.
Así era conocido en Francia.
En honor a las pruebas de Bombas Atómicas que se realizaron en el Océano Pacífico.
En el atolón del mismo nombre.
Al principio hubo bastantes reparos morales con esta prenda.
Pero se impuso hacia 1962 entre nuestros bañistas.
Los hoteles contribuyeron a esta revolución.
Y fidelizaron a la creciente clientela.
Todo favorecido por unas buenas playas.
El clima excepcional en cualquier época del año.
Y un paisaje singular.
Pero este crecimiento conllevó un grave problema con el abastecimiento de agua.
El Plan General Urbanístico de 1956 fijó el trazado del Benidorm que conocemos ahora.
En 1959 surgió la iniciativa del Festival de la Canción.
La Plaza de Toros se inauguró en 1962.
Para esta vertiginosa transformación no podemos olvidar el papel que jugó la entrada de los Turoperadores.
Los británicos empezaron a traer grupos al aeropuerto de Manises.
Luego abrieron el del Altet.
El objetivo fue el de mostrar a Benidorm como una ciudad turística durante todo el año.
No solo durante la estación veraniega.
Con la anterior planificación pronto se dieron cuenta de algunos problemas.
Como el de conseguir la apertura de las calles.
O la cesión rápida del suelo público para conectar el alcantarillado a un colector general.
En 1963 se retocó el Plan General.
Se reforman las ordenanzas y con ello la transformación en vertical.
Ese mismo año se construyó el primer rascacielos de Benidorm.
El edificio Frontalmar.
El pistoletazo de salida para una nueva imagen distintiva de la marca.
Aunque algunos consideraron que la llegada de los rascacielos supondría la expulsión definitiva del paraíso.
Pero Benidorm continuó su curso.
La difusión de la fotografía en color a partir de 1950 ayudó a publicitar el turismo de la ciudad.
La idea era optar por un paradigma romántico.
Resaltar la fuerza y belleza natural de un lugar, hasta entonces, desconocido en Europa.
Sin duda, es uno de los reclamos que aparecen insistentemente en los folletos.
Se intentaba dar la imagen de un enclave apacible.
Pero huyendo de los tópicos del folclore de aquella España.
Por lo que no se suelen ver las calles del núcleo de la población.
Salvo el Carrer dels Gats.
Incluso, la Isla o el Puigcampana aparecen en ocasiones aisladas en los folletos.
Estos se solían editar en cuatro idiomas.
Para trasladar a la clientela una imagen cosmopolita.
En 1950 se anunciaba como la La Perla, El Paraíso de la Riviera Española y estaba dirigido principalmente al público alemán.
Fijaros en el uso de la palmera como algo exótico autóctono.
Acompañado del clima templado en cualquier estación del año.
Y en tercer lugar, dos imprescindibles: el mar y la playa.
La mayoría de los turistas europeos estaban acostumbrados a climas rigurosos.
Para ellos, la palmera de los folletos era sinónimo de clima cálido.
Un elemento asociado a las regiones ribereñas del Mediterráneo.
A los frondosos oasis del desierto Africano y de Oriente Medio.
A las aventuras en el Nilo.
Haciendo una comparación actual, en ese momento, los palmerales como el de la Cala, reflejaban una publicidad turística de Benidorm similar a la que vemos hoy en los catálogos con los cocoteros al borde del mar en las playas del Pacífico.
Un elemento básico y repetitivo en los folletos hoteleros de los 60 eran las temperaturas medias anuales.
Se daban medias de 22,65 grados de máxima y 19,50 de mínima.
Para el agua del mar se estimaban unos 22,25 de máxima y 16,75 grados de mínima.
En conclusión, los hoteles rompieron la estacionalidad clásica del sector.
Ya que abrían durante todo el año.
Así que estos datos recomendaban visitar Benidorm en cualquier época.
Nos señalan que la marca Costa Blanca se creó en 1957.
Pero no surgió oficialmente hasta 1965.
Ese año, el Hotel Les Dunes se anunciaba con el lema: El Sol pasa el invierno en Benidorm y la brisa el verano.
En los folletos del Gran Hotel Delfín y Les Dunes de finales de los sesenta ya presentaban sus piscinas como un elemento que definía la categoría del establecimiento.
En la exposición hay diagramas esquemáticos.
Servían para orientar al turismo europeo.
Destacaban las conexiones desde la frontera Francesa por carretera.
Al final, la llegada masiva de los Operadores Turísticos, que traían a los clientes en avión, hizo desaparecer estos esquemas.
Las instalaciones hoteleras alcanzaron altos grados de servicios y calidad.
Comprobamos cómo eran los hoteles de playa.
A principios de los 60 no existían las redes de agua potable ni alcantarillado.
Tampoco las centrales automáticas de teléfono.
Así que el sector fue avanzando para estar a la altura de la demanda de los clientes.
Los folletos los presentan como edificios nuevos, recién construidos.
Un tipo de producto que conecta con aquellos que desean una agradable estancia.
En un establecimiento dotado de todas las comodidades.
Ofreciendo un toque fresco y nuevo.
Siempre con el valor añadido del sol, el buen clima y sus magníficas playas.
A partir de 1961 estos hoteles ya abrían todo el año: El Costablanca, Ancora, Europa, Les Dunes, Avenida, Brisa, Victoria, La Paloma, Bristol…
En conjunto representaban casi el 80% de la oferta de las camas hoteleras.
Los folletos nos muestran los teléfonos y baños individuales en las habitaciones.
La calefacción.
Las piscinas.
La viva imagen del confort.
De que los hoteles de playa estaban acondicionados para el invierno.
Al inicio de los sesenta el mayor hotel era ‘El Avenida’
Con sus 122 habitaciones.
En su misma categoría, Les Dunes contaba con 61.
Para que apreciemos la progresión hagamos una comparación.
El pionero Hotel Bilbaíno disponía de 29.
Por lo tanto, las cifras hablan por sí mismas.
El trato con el cliente era a la carta, en familia.
Sin embargo el enfoque publicitario fue distinto en la línea que siguieron los establecimientos.
A pesar de compartir la idea de progreso, algunos quisieron conservar la estampa clásica.
La de un destino de veraneo con edificaciones al estilo tradicional mediterráneo.
Todavía asociado a un pueblo de aspecto típico.
El primer rascacielos de Benidorm, el edificio Frontalmar, inclinó la balanza hacia un enfoque a favor de la modernidad.
Apareció un nuevo invento: La Televisión.
Junto con la arquitectura y la decoración vanguardista como símbolo de progreso.
Los folletos nos dan una idea del estilo funcional en muchos diseños.
En modelos italianos, como las lámparas tipo Sputnik.
En recuerdo al primer satélite orbital soviético lanzado en 1957.
Los colores brillantes.
Nuevos materiales como el aluminio.
Los muebles con estructuras metalizadas.
Los laminados de madera, los tapizados de plástico, las pieles sintéticas…
O el furor que causaron los muebles chapados con raelite.
Un plástico laminado que imitaba el aspecto de la madera o el mármol.
La publicidad resalta la fachada del hotel.
Y se centra en sus espacios comunes.
Los vestíbulos, recepciones, bares, salones y comedores.
Incluyendo fotografías de los baños.
Junto con el equipamiento de la época.
La recepción muestra la primera impresión que se quiere dar del hotel.
Una de las más antiguas que vemos es la del vestíbulo del Hotel L’Illa en 1958.
El bar aparece como un lugar de reunión o de encuentro.
Exhibiendo una decoración funcional.
Barras y taburetes de llamativos colores.
Algunas cafeteras de brazo o italianas.
En los salones de los hoteles es donde puede verse toda una variedad de estilos decorativos.
Hubo una preferencia por el mueble funcional.
De diseño atrevido y futurista.
Hasta la llegada del turismo masivo de los setenta, casi todo era artesanal.
Los manteles y la ropa se lavaban a mano.
El trabajo en la cocina era prácticamente manual.
Muchos cuartos de baño incorporan aparatos sanitarios que eran la última moda.
Los inodoros con cisterna alta.
Las bañeras y los bidés.
Entre otras revolucionarias comodidades del momento.
El servicio de agua potable de Benidorm data de 1961.
Supuso todo un desahogo para el sector hotelero.
Que antes se veía limitado en muchas funciones.
Durante la visita, hay una muestra de los logotipos de los establecimientos.
La imagen corporativa que se imprimía en los folletos, tarjetas…hasta en las vajillas o en la ropa.
Detalles que demuestran el cuidado de su imagen.
Nos rendimos ante estas imágenes de la nostalgia.
Gracias a nuestro atento guía por este viaje al pasado.
Recordaros que podéis visitarlo en horario de 6 a 11.
Y hay visitas guiadas cada 30 minutos.
Para grupos de un máximo de 10 personas.
Que disfrutéis de vuestra estancia en los hoteles del paraíso.