UNA HISTORIA DE LA DISCOTECA
Durante la Segunda Guerra Mundial surgieron locales de forma clandestina en Francia.
La gente acudía a escuchar y bailar música grabada.
Uno de los más frecuentados fue: La Discotheque.
Sin duda, sentó un precedente.
La primera ciudad discoteca que triunfa es de 1959.
Ocurrió en el restaurante salón de baile llamado Scotch Club de Aquisgrán, en Alemania.
Allí se suprimió la orquesta.
En su lugar, se puso música enlatada.
Para ahorrar gastos.
De ahí surge el Jockey Tanz Bar.
Que no era más que el antiguo Scotch Club, rebautizado.
En su inauguración la clientela se mostro aburrida.
Estaban acostumbrados al dinamismo de la banda en directo.
Un joven periodista decidió animar al público.
Se llamaba Klaus Quirini de 18 años.
Ejerció de presentador.
Comenzó a a mezclar distintas canciones de forma aleatoria.
Como un primitivo Dj.
El joven cambió su nombre por Dj Heinrich.
Lo hizo porque esta profesión estuvo mal vista en la sociedad de entonces.
Al cambiar de nombre, el apellido de la familia no se vería vinculado a ese ambiente.
El Dj se convierte en un reclamo.
Un agitador de masas.
Provocó que el local tuviese afluencia de clientes.
Había estrictos códigos de vestimenta.
Los hombres con chaqueta y corbata.
Y no se dejaba entrar a las mujeres que llevasen pantalones.
El Jockey Tanz Bar tuvo eco en Alemania.
Pronto se exportó a otros países.
Se abrieron locales de este tipo en Inglaterra y Francia.
Pero fue en Nueva york donde tuvo una mayor acogida.
Pronto fue una nueva forma de diversión nocturna.
Un local de ocio rompedor en Estados Unidos.
Uno de los primeros fue Le Club.
Abrió en 1960.
Era propiedad de un francés.
Había que ser miembro para entrar.
O asistir acompañado por un socio.
Otro garito de moda fue Peppermint Lounge.
Donde se escuchaba música rock.
La novedad es que introdujo a los go gos.
Chicas vestidas en vaqueros que bailaban sobre la barra y la tarima.
Luego aparecieron los bailarines go gos.
Y se dedicaron a hacer piruetas sobre la pista de baile.
Su protagonismo en la discoteca creció.
También se desarrolla un tipo de música estilo underground.
Principalmente producida por la población afroamericana y el colectivo gay.
Consistía en una mezcla de ritmos del funk y del soul.
El resultado se calificó como música disco.
Un término que procede del vocablo discotheque.
Pronto se extendió entre varios sectores del público.
Barry White combinó elementos de la música disco.
Gloria Gaynor arrasó con sus temas.
Y Donna Summer consolidó el sonido de la discoteca.
Los Bee Gees formaron parte de la banda sonora de muchas vidas.
Y nos dieron fiebre del sábado noche.
Batiendo récords de ventas.
Luego vendrían nombres como Rod Stewart, Boney M o Elton John.
El cine popularizó el salto de la música disco al gran público.
Los jóvenes aceptan estos nuevos ritmos más movidos y ruidosos que los antiguos guateques o fiestas privadas en casas.
Y toca salir a bailar a la pista.
El 26 de abril de 1977 se abrió el Studio 54.
En el ala oeste de Manhattan.
La disco más ‘in’ de Nueva York.
Lo más de lo más.
Los más ricos, famosos, jóvenes y guapos de la Jet Set eran bienvenidos.
Personalidades como Andy Wharhol, Mick Jagger o Salvador Dalí.
Eso sí, el dueño del local se reservó el derecho de admisión.
Solo para unos cuantos privilegiados.
Esto generó más expectación por ir al studio 54.
Fue una buena publicidad.
En ocasiones se formaron colas de 1.000 personas en la entrada.
Mientra que sólo accedían 100 al interior.
Nada más entrar, había una estatua.
Un hombre posado sobre la luna.
Con un inhalador de coca en sus manos.
Esto introduce un nuevo elemento al ambiente de la discoteca.
La droga.
Aparte de la música y las luces, entran en juego los estupefacientes.
El principal fue la cocaína.
En la parte superior había sitio para los encuentros casuales más íntimos.
Y en el sótano estaban las salas vips.
Tambíen los reservados.
Studio 54 generó mucha fama.
Sus barmans vestían de manera provocativa.
Pronto se rodó una película con el título de este local.
Esto catapultó la discoteca hasta un nuevo techo.
Un fenómeno de masas.
Se buscó prolongar la diversión.
Para ello se usaban dos platos con una misma canción.
Y así extender la duración de los temas de éxito.
Incluso se siguió un continuo fondo musical donde se mezclaban diferentes canciones.
Esto hinchó el ambiente discoteca.
Las drogas también ayudaron a aguantar más tiempo de marcha.
Studio 54 tenía un acceso especial para los artistas.
El sueño terminó en 1979.
Sus dueños fueron arrestados por evasión de impuestos y tráfico de drogas.
En febrero de 1980 se hizo la última fiesta en el Studio 54.
Conocido como el fin de la Gomorra moderna.
El mercado se inundó de productos disco.
Las alternativas de baile evolucionaron.
La música pop inundó la gran mayoría de los locales.
Grupos como Abba despuntaron fuerte.
En toda Europa se abrieron paso a esta nueva corriente.
En Chicago surgió un nuevo estilo: El House.
Que combina un sonido disco con la calidad vocal del soul.
Y el ritmo de los sintetizadores y samplers.
Dicen que Frankie Knuckles lo creó en 1977.
Debutando como DJ en la discoteca Warehouse.
Este club dio el nombre al nuevo estilo.
Sin embargo, otros afirman que este nombre proviene de los hogares en donde los Dj creaban sus temas.
Valiéndose de innovaciones tecnológicas.
Como la caja de ritmos y los Revos de 4 pistas.
Una furia creativa.
Siguieron las espirales psicodélicas del Acid House.
El Techno-House.
Con los rebeldes de Detroit.
El sensual Latin House.
O las melodías del Garage y el Deep House.
Incluso, los hipnóticos acordes del Tribal Dance.
El sinuoso Ambient House.
O la luminosidad mediterránea del Italo House.
Acompañado del auge del éxtasis.
Primero en estados Unidos hacia 1985.
Entrando luego en Europa a través de Ibiza.
El Éxtasis, el House y el nuevo Techno entraron de la mano de forma simultánea.
Se llegó a la Cultura de Club.
Veamos cómo son estos estilos.
El acid House emplea sonidos crujientes, repetitivos y lisérgicos.
A base del aprato TB 303 de Roland.
Su símbolo es el famoso Smiley.
Sus inventores fueron el grupo Phuture.
Con el tema Acid Trax de 1987.
El verano del amor.
Estuvo relacionado con las drogas psicodélicas.
Pronto surgió el estilo New Beat en Bélgica.
Que triunfó con el tema Ibiza en la discoteca Amnesia.
Pasamos al hip hop.
Bota de la cultura underground negra de Estados Unidos sobre los años 60.
Durante los 80 siguió creciendo.
Justo cuando aparece el Scratch.
El juego con el disco de vinilo.
Que data de 1977.
También influyó la introducción de la música electrónica.
Los ritmos repetitivos encajaron bien.
El fenómeno Hip Hop transformó a los raperos en estrellas famosas.
Como 50 Cent’s o Eminem.
El Tecno.
Uno de sus grupos pioneros fue Kraftwerk.
Un conjunto alemán de finales de los 60.
Exploraron muchas posibilidades con los sintetizadores.
Luego el programa nocturno de radio en Detroit llamado Midnight Funk.
Abrió los oídos de toda una generación.
Y también permitió mezclarlo con nuevos ritmos.
Como la música afroamericana, tipo funk.
El Hardcore.
Se caracteriza por sus ritmos marcados y acelerados.
Apreciables en el punk, techno o en el trance.
Llega a temas de larga duración.
Repetitivos y acelerados.
Era habitual aguantar el tipo a base de éxtasis, cristal o Mdma.
El trance es un género de la música electrónica.
Hay sonidos sintéticos, acordes largos, atmósferas envolventes, arpegios…
Bases rítmicas con percusión, graves redondos y melodías elaboradas.
Se trata de un género post rave.
Emplea efectos acústicos como el eco, la reverberación el delay o el filtrado.
El Dance.
La música pensada para bailar.
El término surge en los 90.
Reúne características de otros géneros.
Sin llegar a patrones que lo definan de manera clara.
El dance bebe de sonidos del House, Tecno o el Trance, entre otros.
Puede tener un enfoque comercial.
Es muy diferente a la música underground.
El Italo Disco.
Combina el disco, pop y el dance europeo.
Se desarrolla en 1980 en Italia, Alemania y otros lugares de Europa.
Su sonido es distintivo y futurista.
A base de sintetizadores, cajas de ritmos y vocoderes.
Las Raves.
Un nombre que proviene de la palabra inglesa: Delirio.
Apareció en Londres a finales de los 50.
Y definió a las fiestas bohemias del barrio del Soho.
Donde se relacionó con el acid house y la psicodelia.
Con las fiestas gratuitas de los clubs y almacenes de Manchester y Londres.
Pasaron de un aforo de 4.000 a 25.000 personas.
Y se conocieron como las acid house party.
En 1989 el presentador de televisión Neil Andrew Megson las renombró como fiestas Rave.
A principios de los años 90 el gobierno aumentó los precios de los impuestos en las bebidas y en las licencias para vender alcohol.
Esto encareció el precio de las entradas.
Los promotores decidieron convertirlas en macro fiestas.
Para albergar una diversidad de estilos al aire libre.
En grandes espacios donde miles de jóvenes disfrutaran del sonido.
En parte porque el gobierno también dictó una ley que prohibía la contaminación acústica.
Tambien entra el New Hippie en escena.
Bajo el lema: Paz, amor, unidad y respeto.
Valores promovidos por este movimiento.
Ibiza se merece su propio capítulo aparte.
En 1950 se establecieron los Beatniks.
Una generación de jóvenes que querían cambiar el mundo desde esta isla de 572 metros cuadrados.
Cuestionaron los valores del capitalismo.
Venían del verano del amor en California y con la resaca del Mayo del 68 en Francia.
La devaluación de la peseta de 1967 atrajo a los primeros hippies a Ibiza.
La comunidad artística promovió esta fuerte entrada.
Primero abrió la Cueva de Alex Babá.
La creó el mismísimo Alejandro Vallejo Najera.
También abrió el primer local Amnesia.
Donde cualquier aventura psicodélica junto al flower power era posible.
Otros locales míticos fueron el bar la tierra y el Lola’s club.
En aquellos años experimentaron con drogas recreativas.
A modo de sacramentos.
Para expandir y desinhibir la mente.
La búsqueda de una espiritualidad alternativa.
Donde tenían cabia las religiones orientales y las nuevas técnicas de relajación.
Bob Marley protagonizó una memorable actuación el la Ibizal del verano del 78.
Donde la música canaliza un estilo de vida hedonista.
Así, de la discoteca insonorizada, con cartones de huevo pasamos a un sonido poderoso, envolvente.
Corren buenos tiempos para la lírica.
Ibiza aporta la magia a cielo abierto.
Luego el ambiente se volvió más sofisticado.
Subieron los precios.
Y la popularidad entre los turistas.
Con el tiempo, la forma de vida hippi quedó como un símbolo.
Personalidades de relieve internacional lucen su palmito por la isla cada año.
Y hasta aquí este estudio del disco.