ÁFRICA UN VIAJE AL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS
África es el continente con mayores recursos naturales.
Su superficie es de 30 millones de kilómetros cuadrados, contando los espacios insulares.
El continente cubre el 6% de la superficie del mundo.
Y una quinta parte de las tierras emergidas.
Tiene unos 1.200 millones de habitantes.
El 17% de la población mundial.
Que se distribuyen de manera desigual en 55 estados.
Su densidad demográfica es inferior a la media mundial.
África tendría 35 personas por kilómetro cuadrado.
Frente a los 47 de media.
Sin embargo, su crecimiento demográfico medio es muy elevado.
La riqueza de África se halla en su suelo.
Que representa el 24% de las tierras cultivables del mundo.
Aunque sólo un 9% de la producción agrícola.
La distribución de las tierras fértiles es desigual.
Existen grandes zonas desérticas en la región de Sahel.
Y otras muy fértiles en torno a las cuencas hídiracas y cerca de sus principales ríos.
El problema surge cuando llegamos al corazón de las tinieblas de este continente.
El subsuelo.
Donde rebosan las riquezas.
Pero también su condena.
África posee más de sesenta tipos diferentes de minerales.
Un tercio de todas las reservas minerales del mundo.
El 90% de las reservas de platinoides.
El 80% del coltán.
El 60% del cobalto.
O el 70% del tántalo.
Además del 46% de las reservas de diamantes.
Tambien dispone de abundantes fuentes energéticas.
Gas en el norte.
Petróleo en el golfo de Guinea.
Y carbón en África austral.
En su zona central hay yacimientos de uranio.
En cambio, su población sólo consume el 4% de la energía que produce.
Es decir, a pesar de todos sus recursos naturales, el continente africano sigue siendo el más pobre del planeta.
Es una tierra de contrastes.
Según el Banco Mundial, el 40% de su población vive por debajo del umbral de la pobreza.
Con menos de 2 dólares al día.
Parece ser que el deseo de controlar su riqueza es su perdición.
La causa frecuente de crisis y tensiones.
De oscuros contratos secretos.
Que solo conocen algunos jefes de estado y ciertas empresas.
Esta sería su situación dentro de la geopolítica mundial.
Ahora conozcamos el origen de todo.
África es un continente rico.
Pero no lo son la mayoría de los africanos.
Según el Índice de Desarrollo Humano, 38 países de África estarían entre los más desfavorecidos.
Las potencias europeas se repartieron el continente en la Conferencia de Berlín.
Se celebró entre noviembre de 1884 y febrero de 1885.
No tuvieron en cuenta el sentir o las necesidades del pueblo africano.
Francia, Gran Bretaña, Alemania, Bélgica, Italia o Portugal… dibujaron las fronteras de los países africanos a su antojo.
Solo buscaron amasar el mayor número posible de bosques, ríos y yacimientos minerales para sus intereses.
Francia se quedó con la frente de África.
Níger, mali, Senegal…
Y también con los países que baña el mediterráneo: Marruecos o Argelia.
Gran Bretaña trazó su línea desde Egipto hasta Sudáfrica.
A un lado y otro de esta línea, Alemania y Portugal establecieron sus colonias.
En Camerún, Ruanda o Namibia para Alemania.
Mientras que Mozambique y Angola terminaron en el dominio de los portugeses.
En medio de la ‘ele’ invertida de los ingleses y los franceses, se erigió la finca particular de Leopoldo II de Bélgica.
El Congo Belga.
Leopoldo nació en 1865.
Durante su reinado, El Congo pasó de una población de 20 millones a 10.
El Monarca de la dinastía Sajonia- Caburgo Gotha no necesitó disparar ni una sola bala para lograrlo.
Leopoldo ni heredó ni conquistó el Congo.
Le bastó con convencer a la comunidad internacional.
Leopoldo pidió la soberanía.
A cambio, prometió que protegería a sus habitantes de las redes de traficantes de esclavos árabes.
Nada más lejos de la realidad.
El Belga se hizo con la colonia y exprimió hasta la última gota de sus recursos.
Este fue su plan.
Leopoldo se presentó con una imagen de monarca humanitario y altruista.
Finaciando asociaciones benéficas que combatían la esclavitud en África.
O costeando el viaje de misioneros a esas regiones.
De esta forma, las catorce naciones reunidas en Berlín le regalaron todo el Congo.
Un territorio 20 veces el tamaño de Bélgica.
Y creó la Asociación Internacional del Congo.
Eso sí, los de Berlín no conocían el gran tesoro que se escondía entre sus árboles.
De nuevo, nos adentramos en el corazón de las tinieblas.
Leopoldo se aprovechó del marfil de sus elefantes.
Pero también de las grandes reservas de caucho.
Para recolectar esta materia hacia falta una gran cantidad de mano de obra.
En este enorme terreno, cada tribu vivía de forma aislada.
Así que decidió firmar unos convenios con ciertos caudillos.
El rey Belga condenó a la esclavitud a muchos congoleños.
El Monarca hizo del Congo su cortijo particular entre 1885 y 1906.
Leopoldo II se valió del trabajo local para la recolección del caucho.
La esclavitud duraba las 24 horas del día en el Congo.
Al que no entregara el mínimo de caucho exigido le esperaba una terrible represalia.
Latigazos, mutilaciones, el robo en sus poblados o, directamente, el exterminio de aldeas enteras.
Miles de menores fueron arrancados de sus familias.
Y tuvieron que apoyar el trabajo con el caucho.
A pesar de todo, Leopoldo no se enfrentó a las críticas de la comunidad internacional ni a las de Bélgica.
Los pastores bautistas norteamericanos fueron los que dieron la primera voz de alarma.
Pero Leopoldo II llevó las acusaciones ante los tribunales por calumnias.
Hasta que no pasaron años, no se aceptaron sus horribles crímenes.
El informe de Roger Casement y el trabajo del periodista Edmund Dene fueron determinantes.
Ambos sacaron a la luz el genocidio belga en los últimos años del Monarca.
Edmund visitó personalmente al presidente norteamericano Theodore Roosevelt.
Consiguiendo que hasta el arzobispo de Canterbury condenara la barbarie.
Los crímenes serían dados a conocer al gran público gracias al famoso escritor Joseph Conrad.
Que lo relató en su novela titulada:
El corazón de las tinieblas.
Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, también escribió ‘Crimen en el Congo’.
Demostrando su lado más comprometido.
Poco antes de su muerte, Leopoldo legó a Bélgica la propiedad del congo.
Bélgica tuvo que pagar una millonaria indemnización posterior.
Continuamos con el reparto del territorio.
Al final de la Segunda Guerra Mundial se inicia la independencia de las colonias.
50 de los 54 países africanos lucharon por su libertad.
Este proceso finalizó en los años 70.
La crisis del petróleo llegó en 1973.
El precio de las materias primas estaba por las nubes.
Los países africanos ya habían nacionalizado sus yacimientos.
Así que multiplicaron sus ingresos por las exportaciones de petróleo y carbón.
Lejos de salvarse, de nuevo fue su maldición.
Muchos países africanos gastaron su dinero de manera descontrolada.
La corrupción aumentó la deuda de los países que más vendían.
Las potencias occidentales idearon un modo de llegar a las materias primas de África sin pasar por caja.
El atajo se llamó: Servicio de Ajuste Estructural.
Un invento del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.
Iba destinado a reducir la deuda de los paíes pobres.
A cambio, tuvieron que aceptar una serie de condiciones.
África perdió su capacidad de decisión en lo económico.
A partir de los años 80 comenzó la privatización de sus recursos y servicios públicos.
Las potencias occidentales justificaron así su expolio.
Los países africanos no saben gestionar sus minerales.
Ya que no reducen su deuda nacional.
Por lo tanto, tienen que dejar su explotación en manos de los expertos.
Las grandes multi-nacionales mineras.
Muchos países africanos facilitaron la entrada de los inversonres extranjeros.
Con una mano les señalaron en el mapa dónde se encontraban los recursos.
Y con la otra recogían lo que las empresas les decían que valían sus terrenos.
Veamos el ejemplo de la República Democrática del Congo.
La Unión Minera del Alto Katanga dirigió la minería congoleña hasta 1966.
Era un consorcio británico- belga.
A partir de esa fecha, las minas pasaron a manos de la gestión pública.
Se hizo cargo el conglomerado empresarial Gecamines.
A mediados de los 80 comienza el proceso de privatización.
Gecamines vende sus concesiones a las grandes mineras mundiales.
Ahora lo explotan las empresas norteamericanas y las europeas.
A partir del año 2000 China entraría a por su trozo del pastel.
En resumen, las minas siguen siendo propiedad del Congo.
Pero las exprimen las multinacionales en régimen de concesión.
Un reciente informe de varias oeneges denunciaba las condiciones de trabajo de sus mineros.
En la región de Katanga hay galerías de más de 100 metros de profundidad.
Un hecho ilegal.
Prohibido por el código minero congoleño.
La roca se pica con martillo y cincel.
Con las manos desnudas.
Y se respira el polvo en suspensión de las galerías.
Muchos mineros no tienen ni casco ni linterna.
Sin embargo, la mayoría de los accidentes se producen por desprendimientos de tierra y roca.
A menudo, la acción de la lluvia puede llegar a sepultar a los mineros.
Y todo por extraer casiterita de la que se extrae el estaño.
Coltán, que es una abreviación de la columbita- tantalita.
De donde se saca el tantalio.
Además de oro y cobre.
Todas ellas, son materias primas necesarias para los aparatos electrónicos.
El conflicto surge entre los contendientes de las minas.
Los señores de la guerra extorsionan a los mineros.
Y luego venden sus materias primas a otros países vecinos.
Los militares congoleños intentan evitar que las minas caigan en manos de los señores de la guerra.
Después, estarían los rebeldes pagados con dinero ruandés.
Estos persiguen la anexión de la zona a Ruanda.
Por último, la Monusco es la que trataría de acabar con la ocupación paramilitar del lugar.
El caso es que este conflicto lleva en activo desde los años 60.
Hasta la fecha ha causado más de seis millones de fallecidos.
Ruanda y Uganda serían dos naciones títera de Estados Unidos y Reino Unido.
Desde su indepedencia, ambos países codician las zonas ricas en minerales.
Y son continuas sus invasiones encubiertas.
Mientras tanto, la comunidad internacional mira hacia otro lado.
Finalmente, China también quiere amasar parte de los recursos minerales del Congo.
Los minerales sirven para financiar el conflicto de África.
Sudán del Sur ha sido el país más joven del mundo.
Se independizó de Sudán en el 2011.
Ciertos expertos tratan de justificar el conflicto que se vive allí como una lucha entre étnias.
Pero los principales enfrentamientos se producen en las zonas donde están los pozos petrolíferos.
El Delta del Níger está en el Golfo de Guinea.
Desde allí salen 2,5 millones de barriles de petróleo al día.
En este lugar se producen vertidos descontrolados de petróleo.
No existe una cifra oficial del daño.
Amnistía Internacional cifró los vertidos de 2009 en más de 9 millones de barriles.
Y describen el siguiente panorama en Nigeria.
Es una zona militar.
Los señores de la guerra roban unos 200.000 barriles diarios.
Secuestran a los empleados de las plantas.
Y distribuyen el crudo a refinerías lejanas.
Para su venta final a Occidente.
Especialmente, los llevan a Sierra Leona.
El contrabando de los diamantes de sangre financió las guerras civiles de Angola, Sierra Leona y Liberia hasta el año 2000.
Fecha en la que más de 60 países firmaron el proceso de Kimberley.
Un acuerdo para vigilar el origen de los diamantes.
Y certificar que su extracción está libre de conflicto.
Que es limpia.
En el 2010 llegó la Ley Dodd Frank.
Obliga a que las empresas revelen el origen de los minerales.
Para acreditar que están libres de conflicto.
Desde 2012 algunas empresas tecnológicas se han sumado a este esfuerzo.
El de reducir los minerales en conflicto de sus cadenas de producción.
Los criterios éticos importan cada vez más.
Es necesaria una mayor transparencia.
La última decisión la tienen los consumidores.
Dos de cada 10 niños de entre 5 y 17 años trabajan en las minas.
Según los datos de la Organización Mundial del Trabajo.
Son unos 59 millones en total.
Los nuevos códigos mineros africanos prohíben el trabajo a los menores.
Pero los gobiernos no cuentan con los medios para vigilar las minas.
Algunos niños de África terminan siendo reclutados para la lucha armada.
La Onu estima que unos 300.000 menores sirven en varios ejércitos.
El dato más oscuro de este corazón de las tinieblas.