ALGUNAS PREDICCIONES DE HOMO DEUS SOBRE NUESTRO FUTURO
En Homo Deus se hacen predicciones arriesgadas sobre nuestro futuro.
Es un libro intencionadamente provocador.
Durante toda su historia, el Homo Sapiens se enfrentó a tres dificultades.
La guerra, el hambre y la peste.
Hace unas pocas décadas, hemos podido controlar estas 3 adversidades.
Por primera vez en la historia mueren más personas por comer demasiado que por no comer.
Fallecen más seres humanos por suicidio que por asesinato.
Para Harari, el futuro está basado en el crecimiento económico.
Se basa en tres pilares.
Materias primas, energía y conocimiento.
Las materias primas pierden importancia.
Por eso hay menos guerras para controlar las fuentes de producción.
La energía fósil se extingue.
Sus desechos colapsarán la ecología terrestre.
Sin embargo, cuanto más conocimiento se usa, más se tiene.
Es una fuente inagotable.
Con estas premisas, el futuro será de los que dominen las energías limpias y el conocimiento.
Ahora veamos lo que dice el autor sobre las pestes y las enfermedades infecciosas.
Las ciudades fueron el cimiento de la civilización.
Pero también el foco ideal para los patógenos.
La peste negra de 1330 acabó con la vida cientos de millones de personas.
La llegada de los conquistadores a nuevos territorios supuso una catástrofe sanitaria.
Verdaderas oleadas de viruela, gripe y otras enfermedades que diezmaron a su población local.
Cuando James Cook arribó a Hawai, su población era de unos 500.000 habitantes.
A finales del siglo 18, tras la conquista, se redujo a 70.000 habitantes.
Sin embargo, en las últimas décadas, la incidencia de las pestes se ha reducido de modo espectacular.
La mortalidad infantil es la más baja de toda la historia.
En los países desarrollados se sitúa en una tasa inferior al uno por ciento.
La enfermedad de la viruela se erradicó.
En la actualidad, la mayoría de la población muere por enfermedades no infecciosas.
Como el cáncer, las cardiopatías o por la vejez.
Dice Harari que la guerra era un estado natural de las cosas.
Y los períodos de paz, una excepción.
En las sociedades agrícolas, la violencia causaba el 15% de las muertes.
En el siglo 20 sólo un 5%.
Y en lo que va de siglo 21, apenas un uno por ciento.
En el presente, fallece más gente por diabetes que por violencia humana.
El conocimiento es el principal valor de la economía.
La guerra ya no sirve como modo de apropiación de la riqueza.
Porque no permite hacerse con los conocimientos ajenos.
Harari advierte del peligro de las malas decisiones.
Cuando los políticos, votantes y grandes magnates tienen que elegir entre crecimiento económico o estabilidad ecológica, ya sabemos cúal es su elección.
La ambición humana hace que siempre vayamos a por más.
Las religiones eran como el paso metafísico al más allá.
Hoy en día, muchos científicos consideran la muerte como un problema técnico a resolver.
Grandes empresas como Google Ventures financian investigaciones que nos conviertan en amortales.
La mejora en la esperanza de vida se logró evitando las causas de la muerte prematura.
Pero no modificando el proceso de envejecimiento.
Para lograr esto, todavía nos resta un largo camino.
Si se consigue, el reclamo de la eterna juventud conllevara bastantes conflictos mundiales.
Sólo las élites se lo podrán permitir.
La búsqueda de la felicidad puede ser más difícil.
Nuestras expectativas aumentan a medida que conseguimos mayores cotas de bienestar.
En el plano biológico, la felicidad está determinada por la bioquímica.
La búsqueda de la felicidad basada sólo en la bioquímica es la principal causa de criminalidad en el mundo.
No existen los atajos fáciles.
Nuestra tolerancia al tedio se reduce.
Pero la felicidad es fugaz.
Aunque tratemos de evitar la infelicidad manteniéndonos entretenidos.
Estas podrían ser las profesiones más prometedoras en el futuro.
La ingeniería biológica pretende acelerar el proceso de la evolución.
La evolución dependía del azar de las mutaciones.
La ingeniería ciborg fusionará nuestro cuerpo orgánico con otros dispositivos.
Que hasta podrían funcionar por control remoto.
Como serían los implantes de micro chips.
Estos avances nos alejarían de nuestra condición de sapiens.
Una vez que logremos superar la muerte, la enfermedad y la felicidad…
¿Qué más podríamos anhelar?
Hay proyectos que intentan equipararnos a los dioses griegos.
El poder diseñar seres vivos.
Transformar nuestro organismo.
Comunicarnos a distancia.
Ya estamos inmersos en estos cambios.
No sabemos si seguimos el camino correcto.
Cada día nuestros teléfonos inteligentes saben más de nuestras vidas.
Quizás, un día miraremos atrás…
Y nos demos cuenta de que ya no somos más humanos.
Intentaremos pisar el freno.
No podremos.
Los acontecimientos deciden por nosotros.
Pero los desarrollos tecnológicos harán que nuestro mundo sea irreconocible.
Al vivir cada vez más años se tendrán que rediseñar los sistemas de pensiones.
Y reformar el mercado laboral.
Nadie sabe dónde está el límite.
El conocimiento está muy fragmentado.
No podemos leer todo el conjunto.
La economía capitalista basa su éxito en el crecimiento permanente.
Un sistema que nos anima a buscar la inmortalidad y la felicidad.
Como nuevas formas de riqueza y crecimiento.
Ya hay técnicas que mejoran a las personas sanas.
Como sería la medicina estética.
Hay una ley británica permite tener tres progenitores.
Es decir, incorporar el ADN mitocondrial sano de un tercer progenitor a una pareja.
De nuevo, Harari insiste en que la mayoría de la gente no tendrá acceso a estos avances.
Como siempre, quedarán limitados a una élite.
Las desigualdades se harán mayores en varios aspectos, no sólo el económico.
La velocidad vertiginosa de los cambios hace imposible dar sentido al presente y anticipar el futuro.
Estudiamos el pasado para no repetirlo.
Para intentar librarnos de él.
Por eso, para cambiar el mundo…
Habrá que reescribir la historia.