UNA HISTORIA DE LA BÚSQUEDA DE LA INMORTALIDAD
No morir nunca.
El sueño de la inmortalidad.
En este vídeo veremos algunos proyectos que persiguen alcanzarla.
El ser humano pronto comprendió que la vida era efímera.
Hasta hace muy poco la esperanza de vida rondaba los 30 años.
La mortalidad infantil se aproximaba al 50 por ciento.
La incertidumbre ante la muerte era lo normal.
Una herida infectada o una epidemia presagiaba un mal fin.
Algunos pensaron que en el otro mundo nuestra vida continúa eternamente.
La civilización egipcia preparó a sus difuntos para la vida de ultratumba.
Sus grandes obras arquitectónicas son enormes tumbas.
Diseñadas para facilitar el paso al reino de Osiris.
El Cristianismo siguió este camino.
El de vivir mirando al cielo.
Los griegos descubrieron una cierta forma de inmortalidad.
La búsqueda de la gloria.
Elige una vida corta pero recordada en vz de una larga y mediocre.
Eso pensó Aquiles.
Hoy en día se siguen leyendo sus hazañas.
Permanece su memoria de papel.
Sin embargo, aunque te recuerden dentro de miles de años, no sigues vivo.
Normalmente, se rememora una sombra idealizada de lo que fuiste.
Con suerte.
Cuántos héroes habrán desaparecido para siempre en la quema de la gran biblioteca de Alejandría.
Hasta que la ciencia tomó cartas en el asunto.
Las mejoras en la higiene, la alimentación y la medicina alargó la esperanza de vida.
En bastantes lugares ya supera los 80 años.
Esto no significa que vivamos más años que un habitante en la Edad Media.
Sino que tenemos menos probabilidades de morir antes de tiempo.
Existen estudios que intentan que la vida dure más de lo que la naturaleza nos concede.
De entre los miles de genes que hay en nuestra especie, existen los que son letales.
Aquellos que matan a su hospedador.
Y también los semiletales. Que serían los que perjudican la salud.
El Premio Nobel Peter Medawar explicó para qué servían.
Según su teoría, una vez que el ser humano se ha reproducido y ha asegurado la pervivencia de sus genes, su organismo se va apagando.
Tiene que ser así, ya que los recursos que hay son escasos.
Morimos para no perjudicar a nuestros descendientes.
Ahora se estudia cómo contrarrestrar este efecto.
Hallar la forma de engañar a nuestro organismo.
Para que no envíe las señales químicas a nuestro cuerpo.
Y hacerle creer que sería más joven de lo que realmente es.
En el año 2006 surgió el proyecto Genoma.
Se consiguió secuenciar completamente el genoma humano.
Saber la posición de los nucleótidos que forman las largas cadenas de ADN.
Pero no aportó la respuesta definitiva.
En cada uno de nuestros rasgos suelen intervenir varios genes.
Los factores ambientales también influyen en que unos genes se expresen o no.
Esto sería la famosa epigenética.
La terapia génica consiste en cambiar un gen dañino por otro sano.
En los próximos años, hacerse análisis genéticos será algo convencional.
Un gran paso en nuestra lucha contra la enfermedad y la muerte.
Otra forma de conservar la vida sería mediante la criogénica.
Congelar un cuerpo con la esperanza de que la medicina encuentre la forma de resucitarlo en el futuro.
En cambio, durante el proceso de congelación se forman cristales que terminan por destrozar los tejidos.
Antes esto, se ha propuesto la vitrificación.
Un modo de congelación ultra rápido para evitar la formación de cristales.
Este proceso sirve para congelar embriones.
Su tasa de superviviencia es del 90 por ciento.
El problema de mantener un cuerpo criogenizado sería el gasto.
Es un mantenimiento muy costoso.
Sólo al alcance de los multimillonarios o de gente que disponga de un carísimo seguro.
Y eso sí, confiando en que nuestros descendientes sean tan generosos de ocuparse de devolvernos la vida.
Con suerte, si antes no quiebra la empresa que nos mantiene o la ciencia no lográ encontrar la forma de resucitarnos.
El gerontólogo británico Aubrey de Grey sostiene que la muerte es una enfermedad más.
No es el designio de un dios furioso,
Para Grey es más una cuestión de ingeniería.
El británico opina que hay que actuar sobre los efectos secundarios del metabolismo.
Como son la destrucción celular o las mutaciones nucleares y mitocondriales.
Una vez superados estos obstáculos podremos vivir 1000 años.
De momento, falta mucho para que sus terapias den sus frutos.
Quizás la respuesta a la inmortalidad la tengamos ante nuestros ojos.
Sabemos que en la naturaleza hay microorganismos que son potencialmente inmortales.
Las bacterias no se hacen viejas.
Se reproducen rápido.
Pronto se quedan sin espacio ni alimento.
Y esto causa su extinción.
En ocasiones la pequeña medusa Turritopsis Nutricula invade la costa Mediterránea.
Un organismo que nace en fase de pólipo.
Después suelta éfiras que se convertirán en medusas adultas para reproducirse.
Justo aquí, de repente comienza a revertir su desarrollo.
Sus células pasan por un proceso denominado trasdiferenciación.
Es decir, que vuelven a un estado propio de las células madres.
El pólipo regresa a su infancia.
Y la medusa rejuvenece.
Luego su historia vuelve a empezar.
Este caso nos demuestra cómo un animal es capaz de retornar a su infancia.
De ser, potencialmente, inmortal.
Imaginaos que podemos aplicar la trasdiferenciación a nuestras células.
Ya no haría falta ir a una clínica de cirugía estética para quitarnos años de encima.
Con este proceso, rebobinaríamos nuestro desarrollo celular.
La Planaria es otro caso particular.
Puedes partirlo en los trozos que tú quieras…
Han probado hasta con unos 279…
Al final, de cada uno de ellos nacerá una nueva planaria completa.
La razón está en las células madre.
La planaria tiene una gran cantidad de neoblastos, hasta un 30 por ciento del total.
Y estas pueden transformarse en cualquier otra célula del animal.
Las investigaciones con células madre humanas ya son una realidad.
El problema con el trasplante de órganos es que tarde o temprano el sistema inmunitario del huésped siempre lo rechaza.
Pero si tenemos las células madre de un órgano del mismo enfermo, podemos crear uno nuevo sin problemas.
Desde 2007 es posible convertir células normales en embrionarias.
Es una terapia con mucho recorrido por delante todavía.
Otra forma de alcanzar la inmortalidad podría estar en controlar la apostosis.
El suicidio celular programado.
Saber manejarla puede ser la clave para la vida eterna.
Llegadas a las cincuenta reproducciones están células están programadas genéticamente para morir.
Durante el crecimiento generamos un exceso de neuronas.
Esto hace necesaria una poda mediante apoptosis.
Los extremos de nuestros cromosomas están formados por telómeros.
Que son fragmentos de ADN repetitivo y no codificante.
Cada vez que una célula se reproduce, sus telómeros se acortan.
Sabemos que la telomerasa es la enzima responsable de reparar los telómeros.
¡Ya está!
Nos haría falta controlar la telomerasa para evitar que nuestras células se suiciden.
No obstante, el problema suele ser el contrario.
Veamos cómo se producen muchos cánceres.
Un virus infecta una célula.
Su invasión multiplica la acción de la telomerasa.
Lo que nos interesa conseguir es lo inverso.
Que las células tumorales se suiciden, no que viva indefinidamente.
Hay estudios que planean crear virus sintéticos.
O nanorobots.
Para que infecten las células tumorales.
Y lograr inhibir la acción de la telomerasa.
Por último, si no tenemos recambios biológicos podríamos apoyarnos en réplicas mecánicas o electrónicas.
Esto ocurre con los marcapasos, las placas de metal atornilladas a los huesos, las caderas sintéticas o las válvulas cardiacas.
Nuestro cerebro está compuesto por unos 86.000 millones de neuronas interconectadas.
De su estudio surge una teoría prometedora.
La de las redes neuronales.
El Mind Uploading es otra promesa de inmortalidad.
Consiste en descargar la mente en un ordenador.
Así nos libramos del envejecimiento del cuerpo.
Según esta línea, la conciencia podría llevarse en una memoria USB.
Pero perderíamos la identidad completa de nuestro ser.
Ya que no somos solo información.
El filósofo Nick Bostrom defiende que vivimos en una simulación informática.
Puede haber sido diseñada por civilizaciones futuras.
Una especie de Matrix.
La verdad es que las máquinas nos ganan en su capacidad de cálculo y de ejecutar tareas automáticas pero no tienen sentimientos.
Un ser humano es mucho más complejo que una serie de datos.
Bien, por último imaginemos que lo conseguimos.
Damos con la fórmula para ser inmortales como los vampiros.
Da igual que sea mediante vitrificación, ingeniería biocelular, nanorobots…
El caso es que deberíamos tener en cuenta una cosa.
No podríamos morir por causas médicas.
Pero sí, por accidente.
La literatura distópica nos ha ilustrado sobre esta cuestión.
Vivir para siempre hace que tengas que ver morir a todos tus seres queridos…
Una y otra vez.
Otros se aburrirían de tan larga existencia.
Buscarían el soma del mundo feliz de Huxley.
Como cantó Queen.
¿Quién quiere vivir para siempre?