Podría ser mantequilla aún caliente deslizándose un tanto perezosa sobre un bizcocho recién sacado del horno. Podría ser también cera, derramada por una vela encendida ante cualquier imagen, pero no lo es. Estos suaves y delicados pliegues son en realidad frío y duro mármol. Belleza en piedra, obra de hombre y cincel que la llamada Ciudad Eterna, en alguno de sus rincones nos los muestra de manera discreta a veces, exuberante en otras.
Belleza de piedra y belleza sonora, la de estas brillantes notas que en forma de gotas de agua, parecen salir de una transparente y frágil fuente de cristal para reventar en mil sonidos en un fabuloso estanque de esos de cuento de duendes…