«Una mañana de alguno de los días que siguieron al 18 de julio, a hora temprana, llegó un camión a Quecedo.» Así comienza el testimonio de quien fue testigo de un hecho histórico. Pero, ¿acaso un testimonio hace historia? La memoria de un testigo suele ser incompleta, y el recuerdo puede estar distorsionado por el paso del tiempo. Los historiadores acostumbran a fijarse más en los documentos escritos, sobre todo si estos son oficiales. Sin embargo, dichos documentos en ocasiones omiten la mención de hechos que el redactor consideró irrelevantes y, otras veces, contienen incluso falsedades involuntarias o premeditadas. Entonces, ¿cómo se ha de hacer la historia? Lo mejor, sin duda, es una combinación de datos obtenidos a partir de varios testigos y distintos documentos. Cuantos más datos se obtengan, mejor será la aproximación a lo que realmente sucedió, aunque nunca será más que eso, una aproximación. Los hechos se quedaron en el pasado, y el tiempo de los seres vivos solo se mueve hacia delante. No podemos revivir lo sucedido. La única cosa factible es recoger, confrontar y combinar aquellos recuerdos que la memoria y los archivos han guardado. Poniendo manos a la obra, y en la medida de lo posible, ofreceré aquí unas pocas piezas de ese complicado mosaico que es la historia de un pequeño pueblo en una época que fue extraordinariamente difícil. Mertxe García Garmilla . Seguir leyendo en www.radiovaldivielso.es