Cae el sol y en su camino va arrastrando con él la luz cegadora del día que lentamente va dejando paso a rojizos dorados que teñidos por el contacto con la brisa se convierten muy despacio en resplandecientes añiles que nos anuncian la llegada de la noche.
Atardecer. Partitura de luz para escuchar con la vista.
Sonidos redondos unos y afilados otros que invisibles chocan ante nosotros y revientan en notas sonoras que van y que vienen, que suben, que bajan, que se alejan y estallan para de nuevo regresar convertidos en tremendos mazos sonoros buscando invisibles puertas a las que tocar.
Beethoven. Partitura de sonido para sentir.