Pensábamos que teníamos mucho y no nos importaba derrocharlo. Pronto intuimos que pasaba fugaz y quisimos retenerlo pues perderlo nos aterraba. Más tarde fuimos capaces de no tener miedo al miedo y volvimos a sentir como de nuevo nos acompañaba recuperando la sensación de tenerlo a junto a nosotros.
Hoy nos llegan dos sonidos diferentes de un mismo sonido separados por él. Como un torrente discurre brillante, vibrante y veloz el primero. El segundo nos alcanza matizado, simuladamente distante, pausadamente sabio. Rotundo y repleto nos envuelve.
Sonidos eternos que nos acompañan y que nos ayudan a disfrutar con nuestro invisible amigo de nuestro paso por la vida… sí, hablamos del Tiempo.