… hasta que un día se nos rompe, si…
a veces la rompemos sin darnos cuenta y entonces nos sentimos perdidos. En otras ocasiones con la razón la destrozamos y entonces nos sentimos muy, muy perdidos y su ausencia nos llena de bruma, de soledad.
Hagamos como Orfeo y acompañémosle en su camino, en esa búsqueda de lo perdido, de lo amado. En esa búsqueda eterna. Como él, seamos tenaces y como él, dejémonos guiar por los sonidos que nos llegan de dentro. Por esos sonidos que nos guiarán entre la bruma por el único camino que conduce hasta esa puerta brillante cuya cerradura solo nosotros podemos abrir, si de nuevo somos capaces de sentir, de sentir de nuevo. Nos entrará vértigo, vértigo de sentir, quizá hasta nos hayamos olvidado, olvidado de sentir, pero seamos valientes, recordemos…
… detrás de esa puerta está La Felicidad.