Desafían el paso del tiempo. Quietas, diría que por momentos inertes, sin por ello dejar de estar extrañamente vivas. Rostro perfecto. Largas pestañas, ojos brillantes y la mirada siempre perdida. Vestidas de encajes. Siempre de blanco y siempre frías...
Recuerdo que estaba sola en aquel escaparate. Sus ojos apenas brillaban detrás de los pequeños alambres que atrapaban su mirada, parecía resignada incluso a envejecer, rodeada tan solo por el polvo. Por eso me atrapó su mirada y me acerqué a ELLA.
Y desde aquella mañana de sol brillante y cristales en el aire la tengo conmigo.