Casi todos los cubanos comenzamos el día con una experiencia que «literalmente» nos une, mejor dicho, nos compacta.
Para llegar a nuestro destino que puede ser la escuela, el centro laboral, las shoppings, el cine o una infinidad de lugares, montamos la guagua. Nunca ha sido cuestión sencilla, al menos desde que tengo experiencia.
Recuerdo largas y extenuantes esperas en la parada, las quejas de los más desesperados o quizás los más puntuales, aquel que siempre empujaba al momento de subir o de bajar, los bolsos presionados por la puerta al cerrarse, en fin, las guaguas, como denominamos los cubanos a nuestros eternos ómnibus es inspiración para un libro de las historias más sugerentes.