Suelen ser las personas más sencillas las que dan, generalmente, las mayores lecciones de vida. Y cuando se le pregunta al campesino tunero, Antonio Álvarez Soriano, cuál es su secreto para llegar a los 100 años con un cuerpo ágil y la mente lúcida, responde sin dudar, que su mayor virtud es el trabajo.
Nació el 3 de mayo de 1919, en la comunidad de Becerra, pero desde antes del triunfo de la Revolución llegó a San José, en las cercanías de esta ciudad, para trabajar en la finca, tierras que tras la Reforma agraria pasaron a su propiedad y desde entonces radica allí.