Cuando parecía que iba a obsequiar el privilegio de dar a conocer su historia, resultó todo lo contrario. Sin tener la más mínima percepción, Nancy Vilma Rosa Escobar, una señora barrendera hace ya más de 15 años, me regaló una gran lección de vida.
Al contarme su día a día, que para muchos puede ser muy simple y sin gracia alguna, fui descubriendo lo que desde pequeños escuchamos de El Principito, lo esencial es invisible a los ojos.
Precisamente Nancy, con su aspecto humilde y sencillo, transmite confianza y pureza en el alma. Es una mujer que a sus 54 años de edad y la vida consagrada al trabajo, mantiene un espíritu alegre y humano envidiable.