Crecimos asumiendo que el dinero en nuestras cuentas tiene un valor real e inmutable. Pero la historia demuestra lo contrario: el 15 de agosto de 1971, Richard Nixon cambió el dinero de todo el mundo al eliminar el respaldo en oro. Desde ese momento operamos en un sistema fiat, donde tu dinero no vale por lo que representa físicamente, sino porque todos acordamos que vale basándonos en la confianza.
Y esa confianza tiene un costo matemático. Cuando el dinero pierde su ancla, los gobiernos pueden imprimir sin restricción, provocando que cada peso compre menos cosas cada año. Si el sistema está diseñado para que el efectivo pierda valor con el tiempo, entonces guardar dinero sin invertirlo no es una estrategia conservadora. Es una decisión de perder despacio y en silencio. El dinero fiat no es el enemigo, son las reglas del juego. Y a este juego se entra entendiendo la inflación, no ignorándola.