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¡Qué envidia me dan los niños! No sólo por su edad, sino también por su valentía, su espontaneidad y su naturalidad para expresar lo que sienten, sin miedo a ser juzgados y sin dar un paso atrás por aquello del que dirán los que le rodean.
El problema es que crecemos y le ponemos barrotes a ese niño valiente, que desafiaba gigantes. Ahora nos toca a nosotros liberarle, dejarle que nos enseñe cómo él entendió que el error es el primer trampolín para el aprendizaje. Eso fue lo que él hizo mientras paso de gatear a andar. Si no hubiera sido así, nunca se habría puesto de pie. Él nunca bajó los brazos. Lo que hizo fue convertirse en su destino. Escúchanos y libera al niño que llevas dentro.
A las personas nos cuesta celebrar éxitos, porque entendemos que esa palabra va unida a algo muy relevante o excepcional... Así la tenemos etiquetada y eso nos priva de celebrar otras muchas cosas que merecerían, y mucho, el hacerlo.
El levantarnos cada día sería un motivo para celebrar. El no dejar de mejorar en todas y cada una de las facetas que elijamos de nuestra vida es un éxito a celebrar. El hacer bien nuestro trabajo, aunque sea nuestro deber, es algo a celebrar pues puedo sentirme orgulloso por el hecho hacerlo bien. El estar con nuestros seres queridos viendo una película es digno de celebrar... La lista seria interminable.
Los pequeños grandes detalles son los que marcan nuestra vida. No les prestamos atención ni les otorgamos el valor que merecen porque damos por sentado que están ahí, al alcance de la mano. Pero, imaginaos vuestras vidas sin esos pequeños detalles. Estaríamos vacíos. Nos faltaría algo. ¿A qué esperamos para celebrarlos? Son nuestros éxitos.
Los japoneses nos hablan del "Ikigai". Donde "Iki" es vida y "Gai" es merecer la pena. Lo que significa: vida que merezca la pena. Todo esto se ha traducido a otras lenguas como razón de vivir, propósito de vida... Es decir un "Ikigai" será lo que da sentido a nuestras vidas.
Y... ¿Dónde está el Ikigai? En el interior de cada uno de nosotros. Allí reside esperando a ser revelado. Es decir, requiere un proceso de búsqueda personal, pero cuando lo encontramos se convierte en el motor de nuestra vida. Ese propósito, misión o "Ikigai" puede cambiar durante nuestra vida o incluso podemos tener más de uno.. Pero ya sea uno o varios, lo cierto es que marcará el rumbo de nuestras vidas. ¿Lo buscamos?
Cada fin de año elaboramos nuestra lista de deseos para el nuevo año: apuntarnos al gimnasio, dejar de fumar, adelgazar, empezar a hacer deporte.... Pero ¿cuántas veces provocamos que esos deseos se conviertan en objetivos reales? ¿Cuántas veces provocamos que se hagan realidad? ¿Cuántas veces nos rendimos a los pocos días de empezar o incluso antes?
Vivimos abrazados al "lo mejor está por llegar" sin darnos cuanto de que esa es la mejor excusa para seguir sentados en el sillón. Lo mejor no vendría por sí sólo. Hay que provocar que ocurra. Eso hizo el abuelo que trabajó duro para levantar, por encima de su cabeza, a su nieta para que ella fuera quien pusiera la estrella en la copa del árbol de Navidad el día de Nochebuena.
Es la diferencia entre deseo o expectativa y objetivo. Si nos escucháis os lo explicamos para así poder ser como ese abuelo que logró hacer su objetivo realidad = sueño (levantar a su nieta para que pudiera la estrella en el árbol) + fecha (el día de Nochebuena).
El Covid nos ha robado el tiempo, nuestro día a día, se ha cobrado vidas... Es el mayor obstáculo que, hasta la fecha, la vida ha presentado a muchas generaciones de personas. Meses después, ahí seguimos peleando, sin rendirnos, empujando con todo lo que tenemos para poder batirle, para poder recuperar esas cosas cotidianas a las que antes no dábamos importancia y que hoy desearíamos poder hacer, como dar un abrazo, un sentido apretón de manos, bailar, cantar., ir a un concierto, pasar tiempo con nuestros seres queridos sin restricciones, mascarillas, ni geles hidroalcohólicos, volver a llenar un campo de fútbol....
Reflexionemos en esas cosas que por cotidianas no recibían su justo valor, pero que, sin embargo, podrán ser mágicas, únicas e irrepetibles si así lo deseamos cuando éstas vuelvan.
Cuando todo esto acabe y podamos repetir esas "pequeñas grandes cosas" recordad lo que nos perdimos en su ausencia. Exprimidlas entonces al máximo para que sean mágicas. No hacerlo será no haber aprendido nada de este maldito 2020.
¿Qué es quitarse la máscara? Dejar de pensar que el mundo y los planetas se alinearon en nuestra contra para impedir que alcancemos nuestros objetivos.
Quitarse la máscara es ser valiente para querer seguir creciendo, para seguir desarrollando habilidades, para aceptar nuestra debilidades y emociones y no avergonzarse por ello, para aceptar el error como parte del aprendizaje...
Es querer ser titular en mi equipo y entrenar cada día como si fuera el último de mi vida.
Cada uno elige dónde pone sus límites. Intentar empujarles o no hacerlo es una decisión personal. Es jugar con máscara o sin ella. Es querer ser titular o conformarse con la suplencia. Una cosa más, esto del Coaching no son palabras bonitas ni una moda. Hay que ser valiente para hacer de su práctica un hábito ¿Te atreves?
En Coaching usamos mucho el ejemplo de la bellota que se siembra y se convierte en un magnífico roble para explicar que todas las personas nacemos con un potencial enorme, que podría convertir nuestra bellota en el roble más hermoso del lugar.
Sin embargo, desde pequeños, con el paso del tiempo, empezamos a cercenar ese potencial sin darnos cuenta. Unas veces lo hacemos nosotros mismos, debido a nuestras creencias, la educación que recibimos... Y en otras ocasiones es la influencia del entorno la que lo provoca. . Todo eso hace que perdamos la oportunidad de convertirnos en ese preciso roble.
Hoy vamos a hablar de esos a los que calificamos como "ganadores" y que consideramos que son los robles más fuertes y hermosos del paisaje. ¿Qué tienen estas personas? ¿Qué les hace diferentes?
Ellos riegan a diario la bellota sembrada en su interior. No se cansan de intentar ganar. Y en esos intentos crecen y crecen. Para ellos lo mejor no esta por llegar, sino que se lanzan a buscarlo, a provocarlo. Todos somos "bellotas". Os lo aseguramos. Escuchadnos y aprended a cuidar y a hacer crecer la vuestra.
A las personas nos gusta pensar que el mundo está en contra nuestra al primer contratiempo que se nos presenta. ¡Qué buena excusa para justificarnos, para bajar los brazos! No nos damos cuenta que cada día es una carrera, una prueba para demostrar nuestro talento, pasión y esfuerzo para merecernos conseguir lo que tanto deseamos.
Ponernos en la línea de salida sólo depende de nosotros. Nadie nos lo impide. Cómo haga yo mi carrera diaria, sólo depende de mi. A mi hijo le digo: "Entrena siempre y juega los partidos para que tu entrenador se vaya cada día a su casa pensando: ¡Qué suerte he tenido por tener a este chico en mi equipo".
¿Estas ya en la línea de salida?, pues... Preparados, listos... ¡Ya!
Esta semana leí que un joven de 17 años, ex jugador de la cantera del Manchester City, había perdido la vida. No se especificaban los motivos del fallecimiento, pero los rumores apuntaban a un posible suicidio, como consecuencia de una supuesta depresión que habría sufrido después de que el club hubiera decidido tiempo atrás no contar más con sus servicios. ¡Qué horror!
Son muchos los ejemplos que podemos encontrar con jugadores incluso ya profesionales como víctimas, Hoy hablamos de cómo podemos aportar nuestro granito de arena para poner freno a esos trágicos desenlaces, que no sólo se dan en el deporte.
Y lo hacemos desde nuestro enfoque educacional que os presentamos hace unos días: el SER-hacer-tener. Trabajemos en esta ecuación, por este orden, para evitar o, al menos, paliar el número de juguetes rotos que nos encontramos en todos los ámbitos de la vida. Escúchanos y cambia tu prisma desde hoy mismo.
Lo urgente, por regla general, nos viene impuesto por los demás. Es decir, viene de fuera de nuestro camino. Son requerimientos del exterior para satisfacer las necesidades de sus remitentes, no las nuestras. Sin embargo, tienen un poder incuestionable sobre nosotros y nos hacen perder calidad de vida.
Lo importante es aquello que nos mantiene en nuestro camino. Es aquello que nos pide consciencia plena… Presencia. Y no me refiero sólo al hecho del estar sólo físicamente, sino al hecho de sentir que estamos, por ejemplo, leyendo un libro, escuchando nuestra música favorita, desempeñando nuestra actividad laboral. Es como convertirnos en nuestro camino. Aparcar lo urgente y exprimir lo importante nos dará calidad de vida.
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