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Un rumor recorre las ondas: Pop y Muerte predicen el futuro. Cómo es posible si no que cada vez que se sacan un tema del (inspirado) trasero tenga lugar en el mundo un evento (o una muerte) relacionada con dicho tema. Pop y Muerte inauguran su sexta temporada con un episodio sobre la pena capital, y casi al mismo tiempo Christa Pike sobrevive a dos inyecciones letales en Tennessee. ¿Coincidencia o augurio? En este capítulo, Kiko Amat y Benja Villegas peroran sobre la pena capital, en general, y luego entran en particulares de cinco formas de asesinato “judicial”: la Guillotina, la horca, la lapidación, el despeñamiento y el “cañoneo”, o ejecución con cañón. Manténganse a la espera para una segunda entrega con el resto de penas de muerte, históricas o tristemente actuales.
El último episodio abierto de la temporada va de duplicidad y doblez; de gente que pretende ser otra gente (no hablamos de actores), mayormente para delinquir (seguimos sin hablar de actores). El contenido se centra en dos grandes nombres, pues su vida daba para mucho. Benja Villegas narra la estrafalaria saga de Frederic Bourdin, el fulano que convenció a una familia redneck americana de que era su desaparecido hijo adolescente, pese a ser un señor de casi treinta años con acento gabacho. Kiko Amat desgrana la tragedia de Jean-Claude Romand, el prestigioso médico de la OMS que resultó no ser médico, ni prestigioso, ni de la OMS, y quien apioló a su familia cuando la verdad empezó a divulgarse. El capítulo termina con un jocoso top de estafadores de poca monta, entre los que se cuenta el hombre que fingió tener síndrome de down para que tres mujeres lo bañaran (sic). Pueden disfrutar de más impostores en el capítulo especial para Patreon.
Este es un capítulo sobre la cárcel, aka trena, meko, talego-talego, qué dolor. Los autores podrían haber realizado una historia de las instituciones penitenciarias desde la Antigua Mesopotamia hasta nuestros días, o hablar de lo que les saliese de las narices. Sorpresa: optaron por lo segundo. Kiko Amat retoma uno de los temas que más le fascinan de todo el universo (él mismo), y relata las dos ocasiones en que pudo haber acabado con sus proverbiales huesos en la cárcel. Luego parece que va a repasar las cárceles más infames del mundo, pero en su lugar explica por qué le molan Spandau y Colditz. Benja Villegas, por su parte, se marca un panegírico a Chopper y Bronson (con sus respectivos biopics), honra la memoria de Ed Bunker y recomienda con fervor el tebeo con el que debutó Jaime Martín, Sangre de barrio (Norma Editorial).
Si en la primera entrega de “Pop y caníbales” se habló de Jeffrey Dahmer, los UK Zombie Bastards y otros antropófagos modernos, aquí nos sumergimos en las (ejem) brumas de la historia. Kiko Amat sienta proverbial cátedra sobre: el canibalismo a través de los siglos, de la Edad de Piedra a los Aztecas mesoamericanos; canibalismo in extremis (en alta mar o en tierra firme); las grandes hambrunas chinas y rusas. Benja Villegas, por su parte, larga de: la Sociedad Leopardo; los necrocanibales; Angel Vidal Mendoza comiéndose los ojos de su hijo y el usuario de Grindr que se zampó, literal, los huevos de Kevin Bacon. Y todo ello amenizado con etimología, tips nutricionales, non sequiturs gastronómicos, conexiones Pop (la cami de Cannibal Corpse, Las Colinas tienen ojos…) y más.
Pop y Muerte son un par de freakazos, nadie lo duda, pero este capítulo no va de eso. Ni nerds, ni geeks, ni inadaptados ni raritos (eso va para otro capítulo), aquí hablamos de FREAKS DE LA NATURALEZA. Peña muy alta, muy baja, muy flaca, muy peluda; peña con más o menos extremidades de las esperadas; “portentos de la naturaleza”, como se decía hace siglos. Kiko Amat relata la historia de los Freak shows, desde las menageries isabelinas y las Wunderkammer del Renacimiento a las “tiendas de fenómenos” y penny gaffs victorianos, y también narra la saga de Joseph Merrick aka El Hombre Elefante. Benja Villegas examina etimológicamente la palabra “freak” (de paso comenta la peli de Tod Browning), y de allí pasa a ocuparse de varios gigantes (el bueno de Jack Earl) y siameses (los chungos Chang and Eng). Todo super-friqui (en plan, verdaderamente friqui).
Todo el mundo recuerda lo que sucedió el 11 de septiembre: el cerdo del Duque de Berwick conquistó Barcelona después de un año de resistencia catalana. En 1714. Luego está el otro 11 de septiembre, el del 2001, suponemos que revestido también de cierta importancia, y de él se habla en este capítulo. Kiko “Tengo mucho que decir” Amat nos lanza una decena de fun facts que la Army tal vez desconozca: secuestradores secundarios prefes, las cartas que llevaban los hombres que secuestraron, la chapuza de los comentarios de cabina (“Aquí capitán…”) o el gafe (para los terroristas) que representó el United 93, entre otros. Benja “Wordplay is my shit” Benegas repasa las 5 trolas conspirativas de 11-S, suelta una ristra de conexiones pop (Los Soprano, Sex in the city, Spiderman…) y comenta tres pelis to’guapas sobre el tema.
En la carretera con Benja y Kiko. Pop y Muerte se desplazan al festival Interplay de Carballo para realizar un capítulo sobre uno de los temas gallegos por excelencia. La cocaína no; el otro. No, no, no; tampoco Francisco Franco. Nos referimos a las meigas, o brujas de Galicia. Villegas se marca un resumen del folklore brujesco gallego sin apropiación cultural: qué son las meigas y qué tipos de meigas hay (chuchona, dientes verdes, vella…), así como la representación de las brujas en la ficción a través de los tiempos. Amat, por su parte, procede a narrar los juicios de Salem de 1692, colocados en riguroso contexto y pormenorizados hasta el desvarío narrativo.
Si usted fue miembro de la Policía Local de Ripollet o Barcelona a partir de 1989, debería saltarse este episodio. Kiko Amat y Benja Villegas efectuan su confiteor particular (“Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa…”) y relatan sus actividades outlaw de juventud. Estas abarcan allanamiento de morada, nudismo gratuito, alteraciones del orden, conductas incívicas, tráfico (al por menor) de estupefacientes, falsificación documental, ingesta homérica de aceleradores químicos y lisérgicos de procedencia cuestionable, incluso el destrozo gratuito de un cochecito de bebé (sin el bebé dentro; no somos monstruos). Otro capítulo predilecto de los creadores de este podcast, quienes anhelan que sea también predilecto de su armada.
En un capítulo de la cuarta temporada, Pop y Muerte hablaron de troncas asesinas para el festival BCNegra. En aquella ocasión no se registraron incidentes dignos de mención, y el show cosechó colosales muestras de hilaridad del público. Vale: esta nueva entrega es distinta. Prepárense para ver (recomendamos video) el capítulo más extraño de la historia del podcast. Benja Villegas pretendía hablar de Marianne Bachmeier, Phoolan Devi, Jillian Lauren (mujer del bajista de Weezer y autora de true crime), Shannon Guess Richardson (hacía de zombi #436 en The Walking Dead) y La Matayayas. Kiko Amat tenía preparado un guión intachable, con dos sádicas nazis (Irma Grese e Ilse Koch), Susanna Fazekas y Las Creadoras de Ángeles de Nagyrév, y por último la famosa “giggling granny”, Nannie Doss. Digamos que las cosas no se desarrollaron del modo previsto.
Muchos oyentes comentan que conectarse a Pop y Muerte es como presenciar una charla íntima entre nerds fanáticos y eruditos, regada con nutrido anecdotario personal. Si esto es así (lo es), el acto se sublima en el presente episodio, dedicado a crímenes de sus respectivos pueblos. Sin exagerar: Benja y Kiko se han pasado una vida entera explicando en bares, churrerías y polideportivos las historias que aparecen aquí. Benja Villegas habla en esta primera entrega de su tío el traficante y el ajuste de cuentas con “Huesitos”, y también del día en que llevó a su hija al cumpleaños del hijo del narcotraficante del barrio. Kiko Amat confiesa su cleptomanía adolescente y su ingreso en una organización criminal inglesa, y glosa la (entre sus amigos) mítica Gran Riot interurbana de 1993 y el encontronazo de 1989 con los jevis nazis de Manresa. Un capítulo que será favorito de oyentes, pero que ya lo es de los propios autores.
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