El Congreso de la Nación rechazó la reestructuración del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), pero la tranquilidad duró poco: el Gobierno nacional emitió una disposición que puso en disponibilidad a más de 270 trabajadores en todo el país.
Silvina Fariza, secretaria general de la Asociación del Personal del INTA en Misiones e investigadora de la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul, advirtió que “lo que vivimos fue apenas un respiro, porque al día siguiente de ese rechazo nos encontramos con la disposición 1240/25, que deja en disponibilidad a cientos de compañeras y compañeros”.
Según explicó, la medida alcanza a trabajadores con décadas de trayectoria. “Estamos hablando de gente que tiene más de 28 años en la institución y quedó en disponibilidad. Antes atacaban a contratados o becarios, pero hoy hasta quienes están en planta permanente están en riesgo”, señaló.
Aunque en Misiones aún no hay bajas directas, la tensión se siente en cada unidad. “La tristeza, la angustia y la incertidumbre te impactan aunque no estés en la lista. Porque acá no nos salvamos solos: si le toca a un compañero, sentimos que también nos toca”, afirmó Fariza.
La dirigente denunció que el Ejecutivo desoyó tanto al Congreso como a la Justicia: “Teníamos una cautelar que impedía poner en disponibilidad a trabajadores y también el rechazo del DNU en el Congreso. Aun así avanzaron, lo que vuelve ilegal esta medida”.
Fariza sostuvo que el objetivo oficial apunta a desmantelar las áreas de extensión rural: “El foco está en los institutos de agricultura familiar. Evidentemente el gobierno intenta destruir el acompañamiento a los pequeños agricultores”.
En Misiones, el trabajo cotidiano continúa, aunque bajo un clima de enorme incertidumbre. “Estamos en asamblea permanente, en alerta y movilizados. No podemos quedarnos quietos porque el INTA significa producción, ciencia y acompañamiento en el territorio. Si desaparece, los más perjudicados serán los pequeños productores”, remarcó.
La investigadora también describió cómo la parálisis administrativa frena proyectos estratégicos: “No tenemos quién firme ni autorice capacitaciones o presupuestos. El INTA hoy está acéfalo. Incluso tenemos compromisos internacionales de formación que no podemos cumplir porque no hay nadie que firme una autorización”.
Finalmente, Fariza agradeció la posibilidad de visibilizar la situación: “Es muy importante que la sociedad entienda qué pasaría en nuestros territorios si el INTA desapareciera. Nosotros seguimos trabajando con compromiso, pero necesitamos que se respete nuestra tarea y a nuestros trabajadores”.