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Ñame, arroz, plátano, manteca
En una canasta familiar cada vez más encarecida por quienes siempre dicen que mejorarán la calidad de vida de los de a pie que siempre creen como mascotas fieles, devotas y al revés…
Con albores políticos para el 26 en Colombia, tenemos un sancocho de triquiñuelas, casos si resolver y los lagartos de siempre haciendo de las suyas para escalar los peldaños de la rancia derecha o la mamerta izquierda que no deja de sorprender desde que nació en la Francia esquizofrénica del siglo XVIII y la Rusia decadente del XIX. Por un lado quienes quieren conservar disque, los “valores” tradicionales en voz de un Polo Polo; o la disque, “dignidad” y cultura de la potencia de la vida, abanderada por otro Bolivar con la espada de otro Bolívar que también hizo de las suyas en el platanal del que ya les hemos hablado por acá.
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La temporada de elecciones se acerca y no es cualquier elección. Cardenales de todo el planeta ya deben estar merodeando en las sombras del Vaticano para mover sus fichas del ajedrez papal y entronizar al nuevo pontífice después del que quizás, será el anuncio de un deceso ya ocurrido: la muerte de Francisco. Se acerca entonces un acontecimiento con profundo significado para la iglesia católica del que solamente las miradas curiosas de los personajes del juicio final de Miguel Ángel serán los testigos. Pronto presenciaremos la congregación de la comunidad cardenalicia, formada por 252 candidatos, en uno de los majestuosos recintos del Vaticano, joya del arte renacentista. Muchos de ellos, con ambiciones veladas o manifiestas, aspiraran a ocupar la vacancia de San Pedro.
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Por estos estos días los profetas de la emocionalidad sanadora están de nuevo en boga; influencers del coaching ontológico y del emprendimiento de la positividad que, a modo de predicadores de una ficción anticuada, se sirven de frases filosóficas descontextualizadas que yacen en cualquier rincón del vago para alardear discursivamente de las tendencias de superación personal, un exorcismo a las realidades dramáticas del ser humano, una fantasía enfermiza que en forma de perorata ideológica sataniza las pasiones tristes, niega toda posibilidad de diferencia y aniquila la condición ambivalente y paradojal de lo humano.
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Por: Carlos Ardila / 22 de noviembre del 2024 - Orlando Fl.
“No existe nada más sobrevalorado socialmente que la familia.” Anónimo
Año 1.999, el mundo hacía cuentas alegres sobre el final del siglo XX. La gente estaba a la expectativa sobre lo que iba a pasar cuando el reloj marcara la medianoche del 31 de diciembre del año en cuestión. En los correos de brujas se especulaba con; el fin del mundo, invasiones extraterrestres, apagón total, colapsos tecnológicos…en fin. Lo cierto es que no pasó nada, por lo menos nada interesante. Por mi parte cursaba el último año de colegio, lo que anunciaba la muerte de mi primera adolescencia y con ello mi etapa de sexo, drogas y rock and roll. Estaba a un paso de mi vida adulta, estudiar una carrera y hacerme responsable de mi propia vida. ¡Naaaa, que va, ni que hijueputas!, la verdad es que cuando salí del colegio no me dediqué a producir, sino a reproducir, y en ese orden de acontecimientos; mis expectativas no estaban puestas en el nuevo milenio y su pompa, sino en la llegada de Federico, mi primer y único hijo (que yo sepa).
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Esta sociedad en la que estamos inscritos, se ha encargado de marcar nuestra existencia a partir diferentes eventos sociales que nos acompañan. Señalando los años, los meses, los días. Haciendo que cada uno de estos momentos se encuentren cargados de una serie de juegos mentales, mitos y creencias que de manera directa o indirecta comprometen la palabra magia o su adjetivo “mágico”. Estas palabras envuelven las explicaciones acerca del porqué o el cómo suceden ciertas cosas.
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1:45 de la mañana de la madrugada del día siguiente de haber realizado la jima; el maestro toca a mi puerta para ir hasta el palenque, como habíamos acordado, para prender el horno de piedra volcánica. Las piñas del maguey jimado a cinco horas del palenque ya se habían descargado de la volqueta como le decimos en Colombia o volteo como le dicen en México.
De la casa del maestro Nazario al palenque hay que caminar alrededor de 10 minutos, así que a eso de las 2 de la mañana pasaditas le estábamos echando candela a la madera que se encuentra debajo de más rocas volcánicas medianas que son las que luego se calientan al rojo vivo durante toda la madrugada y parte de la mañana. Mientras el horno arde, los ayudantes del palenque, también muy madrugados, llegan para alistar las piñas, ya que, si son muy grandes, como fue el caso, deben picarse en dos, tres y hasta cuatro partes.
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Era el 25 de marzo de 2024, 4:30 de la mañana, el carro pasaba por nosotros, por el maestro Nazario y su santidad, luego por los ayudantes del palenque a unos cuantos kilómetros más adelante. En carretera empieza a despuntar la mañana en la polvorienta, agreste y bella Mixteca. Luego se aliviana un poco el viaje al tomar una troncal pavimentada que nos llevaría al destino. En medio de la incomodidad del carro, un automóvil viejo pero ameno al mismo tiempo, pues en ocasiones platicábamos cosas básicas y otras veces cada uno se echaba el sueñito como decimos en Colombia. Largas 5 horas pero en medio del camino, la gloria aparece transformada en tacos de carnitas (mis favoritos), Coca Cola y café; que vaina bacana hola, como dirían en la costa colombiana.
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Por Simón el Mago
Es lunes y son las 4:20 AM en el centro de esta gran ciudad. Me levanto en medio de una mañana más bien poco fría y apacible. Solamente se escuchan buses y motos que levantan la velocidad para chirriar las llantas y hacer sonar las sirenas, cumpliendo la función de despertadores irrespetuosos de los habitantes del sector. La mañana me da la bienvenida al caos municipal. Me preparo para realizar mi acostumbrada y necesaria evacuación orgánica y me animo a iniciar el día con ejercitamiento. Salgo del edificio hacia el templo del culto al cuerpo y me escabullo rápidamente por la oscuridad. Voy caminando en un ejercicio de paisajismo vagabundo, en medio del discernimiento de olores, la contemplación de las estéticas muralistas y los encuentros furtivos con mis vecinos desposeídos, cuerpos echados en envolturas como larvas en lo que una vez fue una sábana, al lado de restos culinarios producto de algún suculento sobrado de los restos.
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Nuestro podcast abordamos la imagen plástica en torno a la figura de Jesús. Invitada especial, Dra. Brenda Mariana Mendez Gallardo.
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La identidad nacional colombiana es un concepto complejo que refleja la diversidad cultural, histórica y social del país. Los colores amarillo, azul y rojo, los ritmos vallenatos, los sombreros vueltiados, las camisetas de la selección y otras expresiones del folclor contemporáneo, son los nuevos íconos que religan la vida cotidiana del colombiano promedio. A lo largo de su historia, Colombia ha sido moldeada por una multiplicidad de influencias, desde las culturas indígenas precolombinas establecidas en estas tierras hasta la colonización española, pasando por la compra y venta de negritudes y una inmigración europea y asiática. Sin embargo, en la actualidad, las nuevas influencias del futbol, de las telenovelas, el narcotráfico han construido nuevas maneras de arraigo donde se ha naturalizado la ley del más astuto (tramposo), la mojigatería como estilo de vida (doble moral), la vanagloria de la riqueza (estilo de vida ostentoso con dinero de dudosa procedencia) y otras expresiones de poder que se arraigan en lo que se ha asociado a la identidad del colombiano promedio, cuyo reconocimiento en términos de estereotipo es a nivel nacional e internacional.
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Profanáticos es una mirada al mundo religioso hispanoamericano, libre de pretensiones y desinteresado por seguir sumando a las propuestas artificiosas alrededor de la religiosidad popular. De ahí,…