“Si son conducidos por el Espíritu, no están bajo la ley… el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí”. Es la invitación que nos hace Jesús a través de su Palabra, a dejarnos conducir por el Espíritu de Dios para que junto con el salmista podamos decir “el que te sigue, Señor, tendrá la luz de la Vida”. Al ser conducidos por El Espíritu nuestro Señor no dirá de nosotros, como lo hizo con los fariseos: ¡Ay de ustedes, que son como tumbas no señaladas que la gente pisa sin saberlo!, o como les dijo a los maestros de la ley. ¡Ay de ustedes… que cargan a los hombres cargas insoportables, mientras ustedes no tocan las cargas ni con uno de sus dedos!.