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Hace algunos años, tuve una conversación con un amigo que estaba pasando por un momento difícil. Nos sentamos en una cafetería, y aunque normalmente hablábamos sin parar, esa vez fue distinto.
A lo largo de la historia, los seres humanos hemos demostrado una increíble capacidad para domesticar la naturaleza. Descubrimos cómo encender y controlar el fuego, canalizamos el poder de los ríos para generar energía, logramos dominar la electricidad y domesticar animales salvajes hasta convertirlos en compañeros de hogar.
Si lo pensamos bien, casi todos creemos que somos los mejores conductores. Nosotros respetamos los señalamientos, somos prudentes, atentos, responsables. Pero cuando otro conductor se nos cruza sin poner su direccional, lo etiquetamos como imprudente. Si un coche va lento en nuestro camino, pensamos que no sabe manejar.
Todos seguimos rutinas, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Nos despertamos a la misma hora, seguimos los mismos caminos, hacemos las mismas tareas. La repetición puede parecer aburrida, pero en realidad, tiene un propósito.
La vida no está diseñada para el aislamiento. Dios nos creó para vivir en comunidad, para servir, para compartir el peso de la existencia. Pero eso requiere esfuerzo: requiere mirar más allá de nuestra rutina, más allá de nuestro círculo cercano.
No se trata de cambiar el mundo en un solo día, pero sí de empezar con pequeñas acciones. Conocer el nombre del vecino. Preguntar cómo están los que nos rodean. Detenernos en lugar de pasar de largo. La vida se enriquece cuando dejamos de vivirla solo para nosotros mismos
No necesitas fingir para ser aceptado. No necesitas cambiar para que Dios te ame. Su amor tiene el poder de cambiarte para bien.
Así que deja de ocultarte. Descansa en la certeza de que ya eres amado, ya eres visto, Cristo es suficiente.
Ese día, mientras el sol se alzaba en el horizonte, contuve aspire el aire fresco de la mañana y simplemente agradecí. Porque la vida no es perfecta, pero sigue siendo un regalo. Porque a pesar de los problemas, Dios sigue enviando luz después de cada noche oscura.
Nunca dejemos de ver lo cotidiano como milagroso.
Iba manejando por la ciudad cuando un espectacular captó mi atención. Estaba justo al lado de una funeraria y decía en letras grandes: "Maneja con precaución, no queremos verte pronto aquí."
DEBIDO A QUE NADIE TIENE GARANTIZADOS LOS DÍAS, NADIE DEBERÍA DERROCHARLOS
Las dificultades nos presionan al aislamiento, en estos casos debemos deliberadamente buscar la seguridad del grupo
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