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En más de una ocasión me ha pasado algo curioso en un restaurante. Tal vez a ti también: pides una limonada y el mesero pregunta si la quieres con agua natural o con agua mineral. Lo que quizá no recordamos es que muchas de esas bebidas no se endulzan directamente con azúcar, sino con un jarabe: azúcar previamente disuelta en agua caliente.
¿Alguna vez pensaste en lo genial que es la bicicleta?
De verdad… es uno de los inventos más simples y más brillantes que tenemos. Dos ruedas, un par de pedales, y listo: puedes ir mucho más rápido que caminando. No necesita gasolina ni grandes motores, pero potencia lo que ya tenemos: nuestras piernas, nuestro equilibrio, nuestra capacidad de movernos.
Escuché la historia de una mujer cuya infancia estuvo marcada por la pérdida y la necesidad. Cuando era pequeña, su madre murió, y su padre, abrumado o indiferente, prácticamente se olvidó de ella y de su hermano menor. En medio de esa situación precaria, ella tomó una decisión admirable: quería que su hermano tuviera una oportunidad. Así que, siendo apenas una niña dos años mayor que él, lo inscribió en la escuela y se aseguró de que asistiera cada día.
Caminando por la calle, observé a un hombre que avanzaba con dificultad. Su cuerpo y sus piernas estaban torcidos, cada paso parecía un reto, pero seguía caminando. Lo llamativo no era solo su andar, sino que arrastraba detrás de sí un cajón de plástico amarrado con una cuerda. El cajón no tenía ruedas y se notaba el esfuerzo que le costaba moverlo. Dentro llevaba algunas pocas pertenencias.
Hace poco escuché una de esas canciones de desamor que ponen en palabras lo que muchos sienten y no saben expresar. Había una frase que me atrapó: “¿Qué hago con todo lo que no te di, con lo que no te entregué?” El cantante no hablaba de regalos costosos, sino de lo más simple y valioso: atención, cariño, amor que nunca expresó. Y pensé: ese vacío no solo lo sienten quienes pierden una relación; también lo vivimos en otras áreas de la vida. Lo que no damos, termina pesando.
En mi ciudad hay unas instalaciones deportivas a las que voy de vez en cuando para correr. Un día, al entrar al baño, noté algo fuera de lo común. Mientras me lavaba las manos, todo el lugar estaba impregnado de un fuerte olor a perfume. No era el típico desodorante ambiental que suelen poner en espacios públicos; era perfume de hombre recién aplicado, intenso y persistente, imposible no notarlo.
Estamos rodeados de cosas, sucesos, fenómenos, acciones, personas SENCILLAMENTE GRANDIOSAS en este episodio quiero animarte a pensar en algunas de ellas y valorarlas, piensa en una lista o en algo en particular que sea “sencillamente grandioso”, no te adelantes te daré 30 segundos reales para que lo pienses, no me voy sigo aquí, no te vayas sigue aquí. Piensa ¿qué cosas hay en tu vida que son sencillamente grandiosas? Corre tiempo
En algunos poblados cerca de Carrara, Italia, hay algo que llama la atención de quienes caminan por sus calles. Hay zonas donde, las banquetas están delimitadas por guarniciones hechas… ¡de mármol! Sí, ese material que en muchas partes del mundo se considera lujoso, exclusivo y costoso, ahí es parte del paisaje cotidiano. Se usa como simple contención, como si fuera concreto común.
Si alguna vez has trabajado o prestado atención en un restaurante, sabrás que hay muchos tipos de personal involucrado en que tengas una buena experiencia. Al entrar, los más visibles y elegantes suelen ser las anfitrionas, también llamadas "hostess". Ellas te reciben con una sonrisa, te preguntan cuántos son, y te acompañan hasta una mesa disponible. Su labor es crear una buena primera impresión.
Hace años, un famoso cantante brasileño escribió una canción con un deseo peculiar: quería tener "un millón de amigos". La canción se volvió famosa en toda Latinoamérica, cantada con alegría en fiestas y reuniones. Sonaba como un sueño bonito, casi imposible. ¿Quién puede tener un millón de amigos?
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