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Los que hacen la paz son una bendición
Una temporada en mi tiempo de entrenamiento, colaboraba apoyando en el trabajo de oficina de una iglesia, teníamos un horario establecido de entrada y salida, y teníamos libre de las 2 a las 3 de la tarde.
Como los instrumentos de la iglesia estaban ahí instalados, era común que en el tiempo libre después de comer, alguno de nosotros practicara un poco y después volvíamos al trabajo. Una persona que trabajaba también ahí en la oficina, tocaba la batería y se tomaba algunos minutos de vez en cuando para practicar. Pero debido a que al lado de nuestro edifico había una oficinas, en muchas ocasiones vinieron las secretarias de esa empresa a pedirnos que por favor nos calláramos o que al menos bajáramos el volumen.
El trono de la gracia de Dios no tiene hora de cierre
Llego a nuestra casa como regalo de unos vecinos para nuestros hijos, era una hermosa perrita de raza… sabrá Dios que raza sería, era una criollita mezcla de dos razas pequeñas, chiquita con orejas que le colgaban, color café con blanco, noble y obediente como ella sola, se llamaba Jamaica.
Los límites son señal de grandeza
¿Has estado en alguna vez en un pueblo?, pero un pueblo pueblo. Un pueblito pequeño, de esos donde todo esta cerca, donde todo lo que necesitas para vivir cómodamente lo puedes conseguir caminando, las calles son tranquilas, puedes transitar por ellas sin ningún riesgo, sí hay autos pero pasan muy de vez en cuando y se detienen para darle paso a los peatones.
Las crisis son señal de integración
Las ovejas, dicen, son de los animales más tontos que hay, porque aparte de no tener mucho con que defenderse pues no tienen garras ni colmillos, no tienen buen sentido de la orientación, algunos dicen también que si las pones donde hay abundante comida, son capaces de comer y comer hasta morir.
La verdadera grandeza se mide en el servicio
Baje del transporte público y comencé a caminar por las calles de una gran ciudad. Con su ruido característico y su transito vehicular interminable, cuando eres transeúnte en una de estas grandes ciudades, debes andar como paloma en una plaza, andas un poco, te detienes y volteas hacia todos lados, avanzas, mueves la cabeza, regresas, avanzas, volteas abajo, volteas arriba, a un lado, hacia otro, avanzas, te detienes, mas rápido, ahora más despacio, da la vuelta, vuela.
La familia es un buen invento de Dios
Quizá te paso siendo niño o niña. Desarmaste un carrito, tu bicicleta, la casa de muñecas, un reloj, conforme avanzabas en el desarme, salían más y más piezas, se veía que todo era fácil. Muy bien ahora vamos de regreso, ya que averiguaste que hay adentro o de qué estaba hecho, procedamos al armado. Las piezas grandes son fáciles de acomodar, pero las pequeñas no tanto, ¡NO así no!, ¡esa no va ahí!, de otro lado, eso, así, listo. ¡Oh! ¡Oh!, ¡todo bien, todo bien!, solo que te sobro una pieza, no pasa nada, seguramente la pusieron ahí por error, nadie lo notara. Hasta que te diste que cuenta que no cerraba, que no avanzaba o que no se sostenía.
Cualquier día puede ser un día especial
Un hombre un día andando por el centro de la ciudad, pasando frente a una tienda de ropa para mujer, observo en el aparador un hermoso vestido rojo, desde el primer momento que lo vio capto su atención e inmediatamente entro a la tienda, pidió que se lo mostraran, pregunto por el precio, y pidió uno en talla mediana para su esposa, pidió ademas que se lo envolvieran para regalo.
Llorar es una forma de nivelarnos para seguir adelante
Un amigo me contó que siendo niño, por uno situación familiar tuvo que vivir una temporada en un internado, los niños más grandes debían ir a talleres y aprender algún oficio, los niños más pequeños de primero a tercero tenían que hacer algunas labores de limpieza, así que a él le tocaba barrer con otros niños los patios. Me platica que toda la temporada que estuvo en el internado se la paso muy triste extrañando a su familia, y cada día por la mañana se escondía debajo de unas gradas y se ponía a llorar y luego de desahogarse salía a barrer, era su rutina de cada mañana.
Estamos diseñados con válvulas de escape para no estallar
Llorar en público o en privado regularmente tiene una connotación social de sensibilidad, por ello muchas personas, sobre todo los hombres, suelen no hacerlo, porque suponen que demostrarían cierto nivel de debilidad, situación que también afecta a las mujeres, ya que al dar rienda suelta a sus emociones, corren el riesgo de parecer demasiado sensibles, débiles e inseguras
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