El pasado 8 de agosto de 2025, Armenia y Azerbaiyán firmaron en la Casa Blanca, con la mediación del presidente estadounidense Donald Trump, un histórico preacuerdo de paz que pone fin a casi cuatro décadas de conflicto por Nagorno‑Karabaj. El pacto establece el respeto mutuo a la integridad territorial, el abandono de reclamaciones territoriales, y el compromiso con la no violencia, brindando una base formal para una paz duradera.
Uno de los puntos más trascendentes es la creación del corredor de tránsito conocido como “Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional” (TRIPP), también llamado corredor de Zangezur. Este tramo de unos 32–43 km atravesará Armenia para conectar Azerbaiyán con su exclave de Najicheván, y estará bajo jurisdicción armenia, aunque EE.UU. tendrá derechos exclusivos de desarrollo por 99 años.
Geopolíticamente, el acuerdo representa un fuerte giro hacia Occidente para ambos países y una reducción significativa de la influencia rusa e iraní en la región. La Unión Europea y la OTAN celebraron este avance, señalando que podría facilitar la normalización plena, y manifestaron su disposición a apoyar la conectividad y el crecimiento sostenible en el sur del Cáucaso.
No obstante, el acuerdo ha sido criticado en Armenia: algunos analistas consideran que refleja una derrota más que una victoria, ya que no aborda derechos para la población armenia desplazada de Karabaj ni contiene garantías sólidas de cumplimiento.
En el horizonte, este acuerdo podría transformar el Cáucaso Sur en un nuevo eje logístico y energético, integrando rutas comerciales desde Europa hasta Asia Central, fortaleciendo el papel regional de Turquía y diversificando las alianzas estratégicas de Armenia y Azerbaiyán.