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La matanza de San Valentín, como ya se la conoce, corresponde a la categoría de crímenes horrendos, que tienen lugar de manera recurrente en territorio de los Estados Unidos, bajo el mismo esquema: un individuo enloquecido, cruel, implacable, obnubilado, portando un arma de gran poder, ingresa tranquilamente al campus de una escuela, dispara a diestra y siniestra y mata a muchas personas, en este caso 17, completamente indefensas.
En efecto. las circunstancias históricas, en cuyo contexto se escribió el precepto, no son iguales a las del siglo XXI. Tal vez, entonces tuvo asidero esa garantía con la finalidad de brindar posibilidades de defensa a la colectividad. Hoy la situación es la contraria. Las armas actuales son muy sofisticadas y mortíferas. El libre acceso a las armas -cualquier tipo de armas- por parte de cualquiera, inclusive un perturbado mental como Cruz, cuya mirada extraviada y agresiva lo muestra como peligroso, constituye una amenaza grave, latente y permanente para la ciudadanía. El presidente Trump y el Congreso deben revisar - ojalá lo hagan, aunque no lo creemos- su recalcitrante posición al respecto. Lo demandan, cada vez con mayor temor y dolor, muchos estadounidenses.