mientras avanza la musealización de Mondragones
Tras su inscripción como Bien de Interés Cultural en el Catálogo Andaluz de Patrimonio Histórico y casi cuatro décadas después de los primeros hallazgos, el solar bajo el que se encontró sigue baldío y sin rastro del parque arqueológico que podría mostrar el esplendor que tuvo la villa.
l día 5 hizo un año y un mes que la Junta de Andalucía inscribió como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Zona Arqueológica, la villa romana de Los Vergeles en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. En el decreto, que tiene fecha de 5 de marzo de 2025 y fue publicado en BOJA seis días después, se detalla lo siguiente:
«La Villa romana de los Vergeles, conocida también como Villa romana de la calle Primavera o Villa romana de plaza Rafael Guillén, constituye, junto con el suburbium de Mondragones, un claro ejemplo de la potente ocupación periurbana en el ager en torno al antiguo Municipium Florentinum Iliberritanum. La conformación arquitectónica de la villa, la singularidad de sus espacios y elementos, su extenso y variado programa musivario y otras características hacen de ella una de las más relevantes villas romanas de Andalucía».
Pero, a diferencia de los Mondragones, complejo arqueológico del que existe boceto de su centro de interpretación y hasta nombre, Villa Mummius Niger, la villa romana de los Vergeles sigue sepultada bajo tierra en el solar en el que aparecieron los primeros restos a finales de los ochenta del siglo pasado. Crece la hierba, algunas flores silvestres y se intuyen los signos de la última excavación. Los vecinos y vecinas de los Vergeles siguen esperando desde hace cuatro décadas a que el Ayuntamiento de Granada dignifique ese espacio y dote al barrio de un parque arqueológico o centro de interpretación que explique la grandeza de su pasado. En definitiva, la grandeza de la historia de Granada.
«No hay voluntad política», resume la periodista Gloria Fernández, una de las mayores conocedora de las vicisitudes de la política local, que siguió en medios de comunicación y desde dentro de un gabinete de prensa y autora de libros que reflejan la evolución urbanística de la ciudad, entre otras publicaciones. «Queremos que Granada sea Capital Europea de la Cultura, pero qué ciudad tiene enterrado su patrimonio y no le hace caso», se pregunta para poner como ejemplo Málaga y cómo la capital de la Costa del Sol tiene integrados en el paisaje urbano restos arqueológicos.
En esta ciudad «se está rehaciendo la Granada hecha», en alusión a las obras municipales, reflexiona. Se dedican recursos a «destrozar» la Avenida de Cervantes o a las obras de Emperatriz Eugenia y San Antón, en las que se han tenido que arreglar desperfectos a las primeras semanas de la inauguración. Pero la Villa romana de los Vergeles, a escasos minutos a pie del centro de la ciudad, junto a un instituto de Secundaria y a pocos pasos del Instituto de Astrofísica de Andalucía, sigue pendiente.
En esta zona, recuerda Gloria Fernández, se instalaba la Marcha Verde, el mercadillo del Zaidín, pero con la urbanización del entorno y las primeras acometidas de agua salieron a la luz los restos. Hace hincapié en que los hallazgos evidencian -dado que también se encontró una necrópolis musulmana- que estuvo habitada durante siglos, lo que da aún más valor a estos restos para interpretar la ciudad. Pero todos los alcaldes, de distinto color político, que han dirigido la ciudad no han apostado por su recuperación. En la última década se han hecho nuevas excavaciones, que han reafirmado el valor de la Villa de los Vergeles, y se ha cambiado de nombre a la plaza, pero ni rastro aún del centro de interpretación.
Del Parque Arqueológico ya se habló durante el mandato de Jesús Quero; con Torres Hurtado en la Alcaldía llegaron a pasar por Junta de Gobierno Local proyectos; y con Francisco Cuenca se afrontaron nuevas excavaciones. Pero falta un paso esencial, una vez que la Junta de Andalucía sí que ha protegido el enclave como Bien de Interés Cultural: su recuperación y puesta en servicio para el disfrute del vecindario y toda la ciudadanía.
Cuál es la razón que se esconde detrás de esta desidia histórica, se pregunta la periodista, que recuerda los cambios en los proyectos urbanísticos que hubo que afrontar en su día una vez que salieron a la luz los primeros hallazgos. Vecina del entorno, no pasa por alto que no haya movilización ciudadana ni de la comunidad científica para reclamar que se afronte de una vez la intervención pendiente. Y también cree que, aunque sin competencias directas, el Ministerio de Cultura también debería tener «algo que decir» en una ciudad, insiste, que aspira a ser Capital Europea de la Cultura.
El conjunto presenta «un modelo arquitectónico único en la zona oriental de la Bética»
La villa muestra una serie de singularidades que suscitan un gran interés desde el punto de vista científico y patrimonial y remarcan. Como detalla el decreto para su inscripción como BIC,
«el programa constructivo se inicia en el siglo I d. C. pero es a finales del siglo II d. C. cuando comienza la gran obra monumental, con un extenso programa decorativo de ostentación, en el que los mosaicos desempeñan un rol preponderante, con recursos estilísticos y compositivos muy ricos. Los espacios descubiertos a lo largo de las últimas décadas han revelado una villa de grandes proporciones, en la que destaca la presencia de elementos singulares como varios estanques, zonas porticadas, espacios habitacionales, construcciones soterradas y un rico programa musivario, elementos que experimentaron importantes cambios hasta su abandono en época Tardoantigua».
El conjunto presenta un modelo arquitectónico «único en la zona oriental de la Bética», destacando un gran estanque monumental con extremos absidiados que presenta en uno de sus lados un segundo cierre circular, que podrían ser los restos de la cimentación de una posible gruta fingida. Esta singular arquitectura presenta sus paralelos más directos en la arquitectura áulica de las villae itálicas, como podría ser el canopo de Villa Adriana, en Tívoli.
Otro de los elementos destacados y singulares de la villa es el Vivarium, un estanque que disponía de una fuente central y que presenta un ánfora embutida que habría actuado de receptáculo para el desove de posibles especies ornamentales. Este tipo de prácticas están atestiguadas en el ámbito bético y en contextos haliéuticos, caso de la villa marítima de Trafalgar. Sin embargo, en lo que respecta a una práctica ornamental, de nuevo hay que hacer alusión a los ejemplos itálicos, con la gruta de Tiberio localizada en la villa de Sperlonga (Italia) como paralelo más directo. Aunque existen en Andalucía otros ejemplos de grandes estanques, como en la villa de la Estación de Antequera, ninguno presenta la singularidad de este de la Villa de los Vergeles.
Finalmente, se ha identificado en la villa un aula cultual subterránea coronada en uno de sus extremos por un ábside acompañado de dos nichos, a lo que se le debe unir un canal que aprovisionaría de agua al sitio, aspectos que se interpretan como un espacio de culto dedicado a Mitra. A pesar de que en la Bética romana hay ejemplos sólidos sobre la presencia del culto a este dios iranio son pocas las evidencias arquitectónicas, como la villa de Mitra en Cabra, que sin embargo presenta un modelo arquitectónico más modesto que el de la Villa de los Vergeles.
Por todo lo expuesto, como subraya el decreto de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta, el enclave arqueológico de la Villa romana de los Vergeles:
«constituye una de las más singulares y relevantes villas romanas, no sólo de Andalucía sino de la Península Ibérica, singularidad y relevancia que justifica su inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz con la máxima categoría de protección, la del Bien de Interés Cultural».
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