Europa se dirige hacia una de sus grandes guerras, a otra como las que ya la historia nos tiene acostumbrados, esta vez cambiando reyes o líderes carismátcos por poderosas multinacionales armamentísticas que están echando carbón a la caldera del fuego bélico, con sus fogoneros, los corruprtos polítícos socialdemócratas, que han cambiado el discurso pacifista por el de la guerra defensiva en su avance hacia el este, para detener al nuevo gran enemigo, un ruso apellidado Putin, que ha cambiado su política amistosa con Europa, estableciendo proyectos comunes, por la de una especie de jefe de tribu de las estepas asiáticas, de esas que en diferentes hordas han ido castigando a los habitantes de Europa Occidental, ahora llamados a movilizarse y dar su vida en su lucha contra el invasor.
Mientras tanto, aquí en España, hemos recordado la figura de Francisco Franco tras su fallecimiento hace 50 años, con una clara intención propagandística para exaltar las grandes virtudes del régimen actual. El Dictador, como les encanta llamarle a los medios que maman del R78, parece más vivo que nunca, tanto para sus detractores como para los que lo defienden como manera de ofrecer una alternativa al discurso imperante, que cada vez parece tener más detractores (curioso hecho, cuánto más pisotean la imagen de Franco, más gente lo considera como una figura revolucionaria y antisistema).