La necesidad imperiosa de comunicarnos es tan esencial para los humanos que, desde la más remota antigüedad, hemos sentido la pulsión irresistible de seguir en contacto con los que se han ido, traspasando las fronteras del más allá. Este deseo humano de conexión telúrica ha revestido formas comunicativas diversas, como, por ejemplo, mensajes funerarios, conversaciones con aparecidos, sacrificios sangrientos para dar voz a los muertos, el descenso físico al inframundo y la violencia del discurso de la posesión y el exorcismo.