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Dña. Beatriz Ozores Rey —licenciada en Ciencias Religiosas— termina este bloque de «Marcando el Norte» con una explicación de la Lectio Divina, es decir, de la lectura meditada y orada de la Palabra de Dios, con sus cinco pasos, basándose en la Exhortación Apostólica «Verbum Domini» del papa emérito Benedicto XVI.
En este programa de Orando con María, te presentamos a Kathleen Harrison. Nos habla de la Virgen María como la Madre en la que encuentra una fuente constante de fortaleza y de amor. Explica que la oración del rosario le ha ayudado a crecer en su relación con Jesús, imitando la relación de amor de la Virgen con Él. Además, le hace consciente del trato maternal que recibe siempre de Ella, medianera de gracias tan importantes como la conversión de su marido.
Formó parte de los discípulos de Cristo, estuvo presente en el momento de su muerte y, en la madrugada del día de Pascua, tuvo el privilegio de ser la primera en ver a Jesús resucitado de entre los muertos (Mc 16,19). Fue sobre todo durante el siglo XII cuando su culto se difundió en la Iglesia occidental.
Nació el año 1559; ingresó a la Orden de Capuchinos, donde enseñó teología a sus hermanos de religión y ocupó varios cargos de responsabilidad. Predicó con asiduidad y eficacia en varios países de Europa; también escribió muchas obras de carácter doctrinal. Murió en Lisboa el año 1619.
San Elías, profeta del Antiguo Testamento que defendió la pureza de la fe de Israel en el Dios vivo. En el corazón y labios del profeta, ardía el fuego del culto al verdadero Dios. Vivió en tiempos del rey Ajab que volvió la espalda a Dios, no cumpliendo sus Mandamientos y adorando a dioses falsos. Elías le anunció de parte del Señor, como castigo, una gran sequía en su territorio, y así fue. Al cabo de tres años volvió Elías donde Ajab y le anunció que iba a empezar a llover. Hizo muchos milagros pero lo más importante fue su fidelidad. No murió sino que fue arrebatado en un carro de fuego, en presencia del profeta Eliseo.
Esta noble doncella, cristiana desde su niñez y emparentada con la familia imperial, había nacido en Ostia. Cuando se declaró la persecución del emperador Claudio II, en el 269, la encerraron en la cárcel sin comida ni bebida y al verla debilitada la llevaron ante el tribunal del emperador. Este intentó ganarla con halagos y reflexiones, pero si el cuerpo estaba debilitado, la voluntad se mantenía fuerte en la fe. Decía: “He jurado amor eterno a Jesucristo mi Esposo y nadie ni nada podrá apartarme de él”. Fue atormentada con crueldad. Finalmente, le ataron una gran piedra al cuello y arrojada al mar.
El profeta Amós nos exhorta: «buscad el bien, no el mal, para que viváis» (Amós 5, 14). En este «Firmes en la Verdad», María Dolores Sánchez nos habla sobre la página web «Camino de Emaús», que nos ofrece una amplia información para poder elegir bien acerca de películas cristianas y con valores espirituales.
Eran hermanas carnales, nacidas en Hispalis bajo el dominio romano; Justa en 268 y Rufina en 270, de modesta familia de cristianos clandestinos dedicados al oficio de la alfarería. En cierta ocasión, los seguidores de Venus llegaron a casa de Ellas solicitando el dinero correspondiente, pero se negaron pagar por ser el fin de éste contrario a su fe. Las encarcelaron, animándolas a abandonar sus creencias cristianas si no querían ser víctimas del martirio. Ellas se negaron a pesar de las amenazas, sufrieron muchas torturas y las penalidades del hambre y la sed. La primera en morir fue Justa, su cuerpo lo tiraron a un pozo, después Rufina que la degollaron y la quemaron.
Santa Teodosia era natural de Tiro, consagró a Dios su virginidad. Fue denunciada por ser cristiana y arrestada, querían persuadirla de que sacrificase a los dioses, como se negó, se abalanzaron sobre ella infringiéndole un cruel martirio descarnándole el costado y el pecho, hasta dejar al descubierto los huesos y entrañas. Alcanzó la corona del martirio, hacia el año 307.
San Federico descendía de una de las familias más nobles de los frisones. Había sido educado por los eclesiásticos de Utrecht y desde su juventud demostró un gran amor a la penitencia y vida de oración. Ordenado sacerdote fue encargado de preparar a los catecúmenos, cosa que hizo con ardiente celo. Al mismo tiempo se entregaba a grandes austeridades y ahorraba cuanto podía para entregarlo a los pobres. Murió hacia el año 833.
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