Jesús recibe la noticia de que su amigo Lázaro está enfermo, pero se detiene dos días más antes de ir a Betania. Al llegar, Marta y María le expresan su dolor: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto”. Jesús responde: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá”. Ante el sepulcro, ordena quitar la piedra, ora al Padre y grita con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!”. El muerto sale vivo, envuelto en vendas. Muchos de los presentes creen en él al ver este signo. El milagro revela el poder de Cristo sobre la muerte y confirma que la fe en Jesús vence incluso el sepulcro.