Los dos años de pandemia dejaron huella en muchas familias. Jenny Aguirre no se dejó vencer y cuando se quedaba sin fuerzas, ya que no tenía ni qué comer, la solidaridad de un grupo de mujeres que comparten sus emprendimientos en una red social no solo le permitió sobrevivir, sino que le cambió la vida.
Madre de tres hijos, Jenny dejó su natal Boyacá, en Colombia, en 2010, huyendo de varios problemas. Incluso el padre de su hija mayor fue asesinado hace más de 14 años.
La mujer aprendió de su madre a hacer pan. Si bien, de niña y adolescente, solo veía como su progenitora lo hacía, nunca se imaginó que eso le iba a servir, cuando previo a la pandemia por el coronavirus su esposo se quedó sin empleo.
Vino la crisis y con ella, la depresión. Su cónyuge fue diagnosticado con trastorno de bipolaridad.
Jenny para no dejar a su esposo sin su tratamiento vendía morocho con empanadas a sus vecinos del sector de Guangopolo, ubicado en las faldas del cerro Ilaló, en donde reside. Ella estaba a cargo de todos los pagos, incluido el arriendo.
Pero los inconvenientes no cesaron, su segundo hijo, ahora de 7 años, debía continuar también con sus terapias ante su autismo en grado 2 que le fue diagnosticado de pequeño, por lo que debía contar con los recursos para atender este trastorno.
Enseguida, a través de las redes sociales, pidió ayuda para que le donen los ingredientes para hacer el pan y un horno.
Hasta recibir la ayuda se subía en un bus con rumbo al sector del Triángulo de San Rafael, en el Valle de Los Chillos, para que en una panadería colombiana le permitieran hornear. Así era su trajín, haciendo malabares entre las latas de pan y su bebé, que está cerca de cumplir los tres años.
Su historia la contó en redes sociales y hasta que lo anhelado se hizo realidad. Le donaron el horno y los ingredientes justo cuando necesitaba dinero para sobrevivir.
Jenny se ubicaba en la vía Intervalles cerca de Guangopolo, en donde estuvo más de un año de la pandemia vendiendo todos los días de 15:00 a 18:00. Pero tuvo otra motivación para abrir su propio local, la razón es que no tenía ya con quien dejar a su hijo de siete años, pues su hija entró ya a estudiar.
Lo abre los fines de semana, de 10:00 a 18:00, y está ubicado frente al Estadio de Guangopolo. Lo arrendó a USD 50, le donaron sillas y mesas. Ahora hace morocho con empanadas, su esposo le ayuda a hacer arroz con camarón y empanadas de pollo y carne. Los precios no sobrepasan los USD 2.
Para Jenny el Día de la Mujer es una celebración a la valentía y el Ecuador su segunda tierra, la que le brindó apoyo cuando más necesitaba.