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Cuñadismo desde la barra del bar - Una ponencia sobre incompetencia, ignorancia y la mentira del ascenso
Imagínate que estás en una barra, tomándote una caña un viernes por la tarde. A tu lado está ese colega del trabajo. El que ascendió hace poco. El que en su antiguo puesto era competente, tranquilo, producía. Ahora como jefe es un desastre. Pero lo raro no es que sea un desastre. Lo raro es que él cree que lo está haciendo bien. Mejor incluso. Mientras la mierda se cae a pedazos alrededor.
Esto no es una anécdota. Es un síntoma de una enfermedad organizacional que lleva cuarenta años diagnosticada y que seguimos ignorando como si nada. Se llama el Principio de Peter. Pero detrás de Peter hay otra cosa. Hay un mecanismo psicológico más profundo que explica por qué ese tío no ve lo que está pasando. Por qué cree que está en control cuando en realidad es un completo inepto. Eso se llama Dunning-Kruger.
Si nunca te has dado cuenta de quien suele rondar por todos los elementos de diversión y distracción de las salas comunes, acompáñame en esta historia, que vamos a conocerles
Programa no apto para todas las edades.
El 12 de octubre contra el 1 de mayo. Y ya sabes cómo va el asunto. Sale el personal con su sermón, unos por identidad nacional, otros por la épica obrera, y en medio un ruido de fondo que da vergüenza ajena. Porque parece que en este país, si defiendes el 12 de octubre, automáticamente te han convertido en un fan del pasado más cutre. Y si sacas el 1 de mayo, te ponen una medalla de pureza social aunque no sepas ni de dónde sale la fecha.
Controlar lo que tu empresa paga de IRPF por ti para no tener que pagar tanto en la declaración de la renta es es la idea. La guía. La película entera, vamos. Y no hace falta venderlo como una verdad absoluta, porque no lo es. Es una forma de mirar tu nómina con algo de cabeza, para entender qué te están reteniendo cada mes, por qué te lo están reteniendo y cómo eso acaba chocando o cuadrando cuando llega la primavera siguiente y toca hacer la declaración.
Porque aquí hay mucha gente que mira la nómina como quien mira una receta médica. Ve cuatro números, el bruto, el neto y poco más, y tira millas. Pero la nómina tiene más miga que eso. El IRPF que aparece ahí no es un impuesto aparte inventado para fastidiarte. Es un anticipo. Un pago a cuenta. Una especie de “te voy quitando ahora una parte para que luego no te caiga toda la losa junta”. Y ese anticipo lo calcula la empresa con los datos que tiene sobre ti, que normalmente salen del modelo 145 y de lo que se ve en tu situación laboral y personal.
Hoy quiero hablar de otro tipo de ignorancia elegida. No sobre ordenadores o tecnología, sino sobre algo mucho más cercano. Algo que nos afecta cada mes, cada año, en cada etapa de la vida laboral: nuestra relación con el dinero y con las normas que lo regulan. Me refiero a esa costumbre tan extendida de mirar la nómina sin entenderla, de aceptar el borrador de la renta sin revisar nada, de decir “ya me han ingresado, así que todo está bien”.
Compañeros, el karma no existe.
Eso ya lo sabemos. No llega, no toma nota y no reparte castigos con justicia poética. En las empresas, como en la vida, lo que existe es otra cosa bastante menos glamurosa y bastante más útil. Existe la responsabilidad. Existe el criterio. Y existe, sobre todo, la necesidad de poner orden cuando alguien se pasa de listo.
Karma es una compañera de la oficina de Barcelona para estos temas.
Y aquí viene bien acordarse de aquel capítulo, el de los trepas y el principio de Peter, esa derivada tan mala de subir, subir y subir hasta que el propio puesto te queda grande y empiezan los problemas de verdad. Porque el trepa no suele caer con estruendo. No, hombre. Primero manipula. Luego se coloca. Después se protege. Y si hace falta, te sonríe mientras te deja vendido. Esa es la clase de mierda fina que no siempre entra por la puerta de lo que la ley define de forma directa, pero que en una organización seria tampoco se puede dejar pasar como si nada.
En muchas oficinas no se habla de “lealtad” ni de “deslealtad” en voz alta. Se huele. Se nota. Se paga. En el día a día, la lealtad es algo tan sutil como darte cuenta de que alguien te cubre cuando te pegas un bajón, que no te echa la mierda encima cuando te equivocas, y que no usa tu malestar como chiste de pasillo. La deslealtad, en cambio, es esa sensación que te deja un vacío: cuando te dejan tirado, te usan de o te pisotean para subir un peldaño.
Desde que empecé el podcast llevo con el runrun de necesitar un sujeto de pruebas, algo que no sea tan etereo, así que me voy a inventar una empresa, que por supuesto será totalmente parecida a otras que no conozco y no he trabajado, o totalmente diferentes a otras que conozco y he trabajado. La imaginación es un punto.
Le he pedido a mi responsable de comunicación que escriba un memorandum de presentación de Dulces Bodas, y me ha dado esto
Buenas.
Hoy que toca santa nómina, vamos a mirar qué narices tenemos delante todos los meses en el recibo de "Dulces Bodas".
Os voy a explicar cómo se construye una nómina estándar: primero el encabezado, luego el cuerpo con el desglose de lo que ganamos y lo que nos quitan, y al final el pie con los totales y la firma.
Y para que no parezca invención, os diré en qué BOE está todo esto escrito.
Y para quien no sepa quien es "Dulces bodas" en el proximo capítulo os lo cuento.
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BOE referenciado BOE‑A‑2014‑11637
https://www.boe.es/boe/dias/2014/11/11/pdfs/BOE-A-2014-11637.pdf
Hoy menos bar y más aula. Pero sin dormir a nadie.
Hoy voy a hablar de dos ideas muy útiles para entender cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos. La persona espejo y la persona sombra. Son conceptos que se usan en filosofía y en psicología para explicar por qué algunas personas nos caen especialmente bien, otras nos irritan sin razón aparente, y cómo todo eso dice más de nosotros que de ellos.
Lo que quiero en esta exposición es explicar qué es una persona espejo, qué es una persona sombra, cómo funcionan en nuestra vida diaria y qué podemos aprender de ellas para conocernos mejor.
La idea central es sencilla. Las personas que más nos inspiran, para bien o para mal, a veces no son “objetivas”, sino que funcionan como un espejo o como una sombra de lo que llevamos dentro.
En filosofía y en psicología se ha trabajado mucho la idea de proyección. Es decir, que muchas veces atribuimos a otros cosas que en realidad son nuestras. Nuestros miedos, deseos, defectos o cualidades. Sobre esta base aparecen dos figuras interesantes. La persona espejo y la persona sombra.
No son conceptos mágicos ni teorías cerradas. No es dogma. Son formas de entender cómo usamos a los demás para ver partes de nosotros mismos. Algunas que nos gustan. Otras que preferiríamos no ver.
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