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En este mensaje, nuestra Madre comienza dando gracias a Dios por cada uno de nosotros y agradeciendo también nuestra respuesta a su llamado. Nos recuerda que cada oración, cada sacrificio, cada esfuerzo por vivir sus mensajes y cada paso en el camino de la conversión tienen un gran valor ante Dios.
Nuestra Madre agradece a quienes han aceptado sus mensajes y los han transformado en vida. Cada oración, cada sacrificio y cada acto de amor ofrecido a Dios da fruto. Sigamos respondiendo a sus llamados con confianza, sabiendo que Dios recompensa con grandes gracias a quienes perseveran en el camino de la santidad.
En este mensaje, la Virgen agradece al Señor por todos aquellos que han respondido a su llamado y han comenzado el camino de la conversión. Nos invita a alegrarnos porque Dios nos ama con un amor inmenso y, a través de la gracia de su presencia entre nosotros, continúa guiándonos hacia la salvación.
La Virgen nos invita a reconocer su presencia como un regalo de Dios para nuestro tiempo. Nos llama a renovar nuestros corazones, a vivir sus mensajes con el fervor de los primeros días y a ser sus manos extendidas de amor para quienes aún necesitan descubrir la paz y el amor de Dios.
La Virgen nos invita a reconocer su presencia como un regalo del amor de Dios para nuestro tiempo. Abramos el corazón a esta gran gracia y permitamos que nuestra Madre nos conduzca cada día más cerca de Jesús.
La Virgen nos recuerda que la oración es un verdadero encuentro con Dios. Él ya se ofrece y se da a nosotros; sólo espera una respuesta libre a su invitación.
La Virgen nos revela el propósito de todos sus mensajes: acercarnos más al Corazón de Jesús. Durante casi 45 años nos ha llamado a la oración, al ayuno, a la conversión y a la paz para conducirnos hacia su Hijo. El mejor regalo que podemos ofrecerle en este aniversario es responder a su llamado con un corazón más abierto a Dios.
La Virgen nos invita a vivir la oración y el ayuno como una respuesta concreta a su llamado. Más que hablar de sus mensajes, estamos llamados a vivirlos, para que nuestra vida se convierta en un testimonio de paz, amor y cercanía con Dios.
La Virgen nos recuerda que la oración y el ayuno preparan nuestro corazón como una tierra labrada, abierta a la gracia de Dios. Somos libres de elegir el bien o el mal, y por eso ella nos invita a orar, ayunar y sembrar alegría. Cuando permitimos que Dios trabaje nuestra tierra interior, crecen frutos de paz, alegría y amor que otros pueden recibir a través de nuestra vida.
La Virgen nos llama a regresar a Dios en el amor, porque Él es nuestra paz. La paz verdadera no depende de las circunstancias, sino de la presencia de Dios en nuestro corazón. Donde Dios habita, nace una paz que el mundo no puede dar ni quitar.
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En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.