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La Virgen nos invita a hacer de nuestra oración una verdadera conversación con Dios. Cuando descubrimos cuánto nos ama nuestro Padre Celestial, abrimos el corazón con confianza, hablamos con Él y también aprendemos a permanecer en silencio para dejarnos abrazar por su paz.
La Virgen nos invita a no desistir nunca de la oración, aun cuando parezca que Dios guarda silencio. Nos anima a perseverar con confianza, porque Él ya está obrando en nuestro corazón. Si permanecemos cerca de Jesús, llegará el día en que la oración se convertirá en alegría y en un verdadero encuentro con el Altísimo. Y, como fruto de esa perseverancia, Él transformará nuestro corazón para convertirnos en personas de amor y de paz.
Nuestra Madre nos recuerda que sin la oración no podemos vivir, porque la oración es la cadena que nos acerca a Dios. Cada momento de oración fortalece nuestra unión con Él, nos ayuda a regresar a su amor y permite que María nos conduzca siempre hacia Jesús. La oración no es sólo hablar con Dios; es permanecer unidos a Él y dejar que transforme, poco a poco, nuestro corazón
Nuestra Madre nos invita a hacer de la oración nuestra vida. Nos pide consagrar cada día un tiempo sólo a Jesús, porque es en la oración donde encontramos a Aquel que nuestro corazón verdaderamente anhela. Él nos promete que se manifestará a nosotros y que, poco a poco, creceremos cada vez más cerca de Dios. La oración no es una obligación; es el camino para conocer a Jesús, descubrir su amor y dejar que Él transforme nuestro corazón.
Nuestra Madre nos invita a entregarle un corazón abierto para llenarlo de amor hacia Jesús. Si le permitimos caminar con nosotros desde ahora, ella permanecerá a nuestro lado hasta el encuentro con el Padre Celestial. ¡Qué paz saber que no caminamos solos!
Nuestra Madre nos invita a buscar a Dios y las cosas de Dios, recordándonos que fuimos creados para el cielo. Pero antes de hablarnos de ese camino, nos revela una verdad que transforma el corazón: somos únicos e insustituibles ante los ojos de Dios y somos su alegría en este mundo.
Nuestra Madre nos recuerda que esta vida es pasajera y que su mayor deseo es conducirnos al cielo con Dios. Nos invita a enamorarnos de la vida eterna, que comienza desde ahora cuando conocemos, amamos y vivimos en comunión con el Padre por medio de Jesucristo. La oración, el amor y la fidelidad a Dios nos preparan para vivir, desde esta tierra, un anticipo del cielo.
Nuestra Madre nos invita a permanecer gozosos aun en medio de las dificultades, recordándonos que somos peregrinos en esta tierra. Cuando vivimos conscientes de que nuestra vida es pasajera y mantenemos la mirada fija en Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida, encontramos la fuerza para seguir adelante con esperanza y ofrecerlo todo a Dios.
Nuestra Madre nos recuerda que el Padre la envía para conducirnos hacia Él. Nos invita a invocarlo, porque nos espera con un amor inconmensurable y una paciencia que nunca se cansa. Hoy es un nuevo llamado a volver al Padre, abrirle el corazón y dejarnos abrazar por su infinita misericordia.
La Virgen nos invita a estar atentos para descubrir la inmensa gracia que vivimos cada vez que hacemos oración. No hablamos al vacío: nos encontramos con nuestro Padre Celestial, que se ofrece y se da a nosotros, nos ama, nos conoce por nuestro nombre y desea una relación personal con cada uno de sus hijos. Así, cada encuentro en la oración puede convertirse en un encuentro gozoso con Dios.
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En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.