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Cuando pensamos en construir y mantener una cultura de ética e integridad en las organizaciones, tenemos dos opciones: 1) como un modelo fundamentalmente normativo, 2) como un modelo dinámico, el cual acompañe las operaciones del día a día.
De la experiencia, hablar de cultura y pensar en algo estático o unidireccional es paradójico. La cultura está constituida por personas, por lo que la vida y sus vaivenes deben ser considerados de manera permanente.
“Nos están dejando morir”, es el reclamo de pacientes oncológicos al IPS. Una noticia muy dolorosa, y que no cesa.
No hay turnos disponibles, no hay medicamentos, largas esperas… “Hace un mes que nuestra empleada Sarita pidió turno, y le dieron una fecha bastante posterior.
Estamos en una era en la que el mundo interconectado enfrenta varios desafíos, por lo que el rol de las empresas y organizaciones se extiende mucho más allá del éxito económico. Por eso, siendo las empresas agentes fundamentales de cambio, debemos usar nuestro poder para impulsar transformaciones positivas impactando en las comunidades, los entornos ambientales y la calidad de vida de la población, creando oportunidades para las generaciones futuras.
Muchas personas están casi permanentemente expuestas a elegir: levantarse o quedarse; hacer ejercicio o seguir quieto; visitar a algún cliente o hacer alguna tarea operativa; leer o instruirse de otra forma; rezar o buscar otra práctica espiritual; buscar una pareja o esperar; y así sucesivamente.
La escena, de tan normalizada, como que ya perdió la capacidad de llamar nuestra atención. Recién cuando las visitas que recibimos del extranjero y a quienes nos encargamos de hacer pasear para mostrarles lo lindo, folclórico y sabroso que tenemos para ofrecer nos señalan las pilas de productos ofrecidos en venta en plena vía pública del centro asunceno volvemos a aterrizar en esa incómoda realidad. Y entre toses y rebuscadas explicaciones, nos damos a la ingrata tarea de tratar de justificar lo injustificable.
Ya está, después de meses de campaña, incertidumbres, dimes y diretes, finalmente la suerte está echada, ya hay ganadores y perdedores, ya hay gabinete y direcciones, en definitiva, hoy sabemos los bueyes con que se va a arar en nuestro país en los próximos
Los datos estadísticos son relevantes para analizar el Paraguay y alinear expectativas frente al nuevo gobierno, como en un avant premier de las oportunidades y los desafíos que se presentarán a corto y mediano plazo.
En el Paraguay somos casi 7.500.000 habitantes, el 50% tiene menos de 29 años, el 30% es menor de 15 años y el 15% tiene entre 30 a 64 años. Solo en el Gran Asunción viven más de 2.800.000 personas, lo que equivale casi al 40% del total de la población de todo el país.
Es bien sabido el impacto de la comunicación en la articulación de mensajes colectivos y generación de cultura.
En el mundo empresarial, donde existe distinción de geolocalización, sectores, edades, sexos, grados académicos e intereses, se ha convertido cada difusión de mensaje o comunicación reflexiva en un desafío en sí mismo. Por supuesto, no es solo lo que se emite o reflexiona sino cómo llega, se interpreta el mensaje y la realidad que crea.
A comienzos del 2018 escribí una columna de la ADEC sobre los motivos de mi optimismo por las elecciones. Cuando me refiero a elecciones le doy una enorme importancia a la calidad del Congreso, entonces con “el diario del lunes” debo reconocer que aún no logramos que llegue más gente que se merece una oportunidad y que necesitamos por su capacidad y experiencia.
Les quiero alegrar con otras noticias alentadoras que hablan de empresarios que son un ejemplo, porque no solo cuidan, respetan y apoyan con muchas acciones a sus empleados, sino que hacen mucho más de lo que el Estado obliga.
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