Hay quienes basan su riqueza y poder en la fuerza física, en la coerción, en el uso de influencias, en el abuso de autoridad, en el atropello de derechos y otras muchas maneras de manipulación y despotismo. También, hay lobos vestidos de ovejas, quienes aprovechan la angustia causada por los primeros, para ofrecer discursos de esperanza, justificando el sufrimiento con promesas de un porvenir mejor, alzándose como salvadores comprensivos ante tanta crueldad, asegurando mayor felicidad en el futuro. En esa premisa, se basa la cultura del aichenjáranguismo, convenciendo al ignorante de que merece ser salvado de su sufrimiento, mientras lo condena a la manipulación manteniéndolo incapaz de progresar por sí mismo.
Quienes viven sus mieles dando aliciente al oprimido, al pobre, al más sufrido, pretende falsamente dar aliento, porque en realidad le conviene que siga allí, pues vive de su miseria y sin ella, su propia existencia dejaría de tener sentido.