Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

By Ramanuyacaria das VanapastraReligion & Spirituality
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Revisionismo Histórico I (abre los ojos) episodes

  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 18
    INFORMACIÓN BIBLIOGRÁFICA
    sólo lo podía hacer un impulso o complemento religioso. Comu­
    nistas y cristianos estaban, pues, condenados a entenderse, y así
    nació una corriente mestiza
    del agrado del Kremlin y de escaso
    éxito dentro de la Iglesia, aunque encontró algun remolque en la
    teología
    de la liberación.
    Un grupo argentino aceptó esa teoria, con la curiosa variante
    de que
    la religión complementaria del comunismo no tenía por qué
    ser necesariamente
    la cristiana; ellos proponían como mejor una
    mezcla de ocultismo, hinduísmo
    y religiones aborígenes. Se incor­
    poraron al movimiento de SILO, que luego vino a España y tras
    varias evoluciones se llama hoy Partido o Movimiento Humanista,
    de implantación sólida, discreta, y más importante y peligrosa de lo
    que parece; en él están instaladas incrustaciones comunistas super­
    vivientes del naufragio de la Internacional Comunista. Entretanto,
    Garaudy ha dejado el Cristianismo y se ha pasado al Islam.
    Las vicisitudes de la primera edición francesa son divertidas
    y de interés político. Unas organizaciones judías visibles, y otras
    invisibles, al conocer este libro que mina los fundamentos del
    Estado
    de Israel, desencadenaron en la gran prensa francesa y de
    otras formas y maneras una ofensiva contra Garaudy. Anterior­
    mente había sufrido otras análogas por sus escritos anti.sionistas.
    Caldeado el ambiente, entablaron procesos judiciales por infrac­
    ción
    de los límites legales de la libertad de expresión. Pleitos ten­
    gas y los ganes.
    El gran público francés, y también el del resto
    del mundo, descubrió entonces y así, que
    en la Patria de la
    Libertad y
    de los Derechos Humanos no se pueden expresar cier­
    tas ideas
    que molesten a los judíos. Garaudy dedica las páginas
    114 a 123 a narrar estos forcejeos
    con el lobby sionista en Francia;
    son sutiles, ingeniosos y aleccionadores.
    Un personaje popular, el Abbé Pierre, también cayó en
    cuenta, sólo que al final de su vida, con motivo de esas con­
    troversias, de
    que en Francia no hay verdadera libertad para
    opinar sobre los judíos. Un tanto ingenuo
    -los años pesan-,
    se puso públicamente de parte de Garaudy, y, ahora viene lo
    bueno, la Conferencia Episcopal Francesa le reprendió y, aco­
    sado por todos, tuvo que exiliarse a Italia, donde guarda silen­
    cio. Todos
    echaban leña al fuego y la situación recordaba el
    asunto Dreyfus.
    No
    ha tenido la misma ingenuidad el traductor, don José Luis
    Jerez Riesco, que como buen hombre de leyes no se fía del
    737
    Fundaci363n Speiro
    INFORMACIÓN BIBLJOGRÁFICA
    Estado de Derecho y ha preferido que un "prefacio" que le ha
    puesto al libro sea exageradamente breve y cauteloso, en vez de
    despacharse en él a su gusto, como hacen muchos prologuistas
    y todos esperábamos. Reconocemos que no hubiera sido justo
    que por entretenemos se hubiera arriesgado a molestias como las
    que proporciona la justicia francesa.
    Este libro termina
    una trilogía contra el Islam, el Cristianismo
    y el Sionismo. No le faltan, pues, invectivas contra el Cristia­
    nismo, salpicadas
    desde su gemelo a él dedicado, y aunque tene­
    mos el deber de advertirlo, lo hacemos despreocupadamente,
    porque son tópicos inconscientes que la prensa airea a diario, e
    incluso algunos medios "progresistas" católicos, impunes.
    • • •
    En una Introducción se contraponen Judaismo y Sionismo,
    cuestión
    que enerva los últimos cien años. El Sionismo es una doc­
    trina política, nacionalista
    y colonial, que aboca a la creación y
    mantenimiento del Estado de Israel. Y el Judaísmo no es ni políti­
    co ni nacional, sino espirin.tal, y apunta hacia una época mesiáni­
    ca
    en la que todos los hombres reconocerán pertenecer a una sola
    gran comunidad para el establecimiento del Reino
    de Dios sobre
    la Tierra. En gran parte de la Diáspora, sobre todo en los Estados
    Unidos, el Judaismo
    se ha paganizado y desacralizado y optado
    por el poder político. Se fue deslizando, primero, a la pretensión
    de un Hogar Nacional Judío en Palestina, y desde éste, al Estado
    Judío
    de Israel. Frente a éstos, los puros, siguen insistiendo en que
    el Judaismo es una cuestión de religión y no de nacionalidad.
    Dentro del Estado
    de Israel se encuentran dos grupos enfrentados:
    uno, imperialista,
    y otro que quiere la convivencia pacífica con los
    árabes. Estas dístinciones explican
    que algunos grupos judíos bus­
    caran
    un entendimiento con Hitler, incluso alguna colaboración,
    que si no fue a más fue por causa del Führer.
    "Nuestro libro se sitúa en la prolongación de los esfuerzos de
    aquellos judíos que han intentado defender un Judaismo contra
    un sionismo tribal".
    Estas distinciones previas, que hay que tener presentes en el
    resto
    de la lectura, no son originales, sino archisabidas. Lo que es
    738
    Fundaci363n Speiro
    3 min
  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 17
    ROGER GARAUDY: LOS MITOS FUNDACIONALES DEL ESTADO DE ISRAEL
    Manuel de Santa Cruz
    INFORMACIÓN BIBLIOGRÁFICA
    Gobierno, no pueden por menos de adherirse a los autores de
    tan grandes beneficios.•
    La obra de Bullón de Mendoza está repleta de textos tan
    importantes e interesantes como los que hemos reproducido y
    que, como ya indicamos, consiguen transmitir una visión muy
    completa de lo que en todos los órdenes significaron los enfren­
    tamientos entre liberales y carlistas a lo largo del siglo ,ax y que,
    por tanto, la convierte en una obra de necesaria lectura, sobre
    todo para aquellos que se acercan por primera vez al conoci­
    miento
    de este periodo.
    JOSÉ ANTONIO GALl.EGO
    Roger Garaudy: LOS MITOS FUNDACIONALES DEL
    ESTADO DE ISRAEL
    En la Feria del Libro de "El Retiro", de Madrid, en junio pasa­
    do, se ha colado de puntillas, quiero decir que sin megafonía,
    pancartas ni firmas, este libro hacía largo tiempo esperado y
    siempre difícial de encontrar. Tiene tres puntos de interés: la per­
    sonalidad de su autor, las vicisitudes de la primera edición fran­
    cesa, y
    su propio contenido. Es uno de los textos básicos sobre
    los judíos, dentro del siglo xx en parangón con El Judío Inter­
    nacional de Henry Ford, o Los Protocolos de los Sabios de Sión,
    cuya autenticidad, por cierto, niega Garaudy (pág. 134). Es un
    libro importante que hay que tener o, al menos, haber oído
    hablar de él.
    Roger Garaudy,
    aún vivo, nació en Marsella en 1913. Fue
    escritor y dirigente comunista toda su vida, pero mediada ésta,
    concibió la teoría de que el comunismo ruso había fracasado en
    su objetivo de formar un hombre nuevo; para alcanzarlo se nece­
    sitaba completar en el interior del hombre la transformación que
    las estructuras politicas comunistas intentaban desde fuera, y esto
    (*) Editorial "Historia XXI", Barcelona, 1998. Traducción y prefacio de José
    Luis, Jerez Riesco. 4.º rústica, 159 págs.
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    Fundaci363n Speiro
    INFORMACIÓN BIBLIOGRÁFICA
    sólo lo podía hacer un impulso o complemento religioso. Comu­
    nistas y cristianos estaban, pues, condenados a entenderse, y así
    nació una corriente mestiza
    del agrado del Kremlin y de escaso
    éxito dentro de la Iglesia, aunque encontró algun remolque en la
    teología
    de la liberación.
    Un grupo argentino aceptó esa teoria, con la curiosa variante
    de que
    la religión complementaria del comunismo no tenía por qué
    ser necesariamente
    la cristiana; ellos proponían como mejor una
    mezcla de ocultismo, hinduísmo
    y religiones aborígenes. Se incor­
    poraron al movimiento de SILO, que luego vino a España y tras
    varias evoluciones se llama hoy Partido o Movimiento Humanista,
    de implantación sólida, discreta, y más importante y peligrosa de lo
    que parece; en él están instaladas incrustaciones comunistas super­
    vivientes del naufragio de la Internacional Comunista. Entretanto,
    Garaudy ha dejado el Cristianismo y se ha pasado al Islam.
    Las vicisitudes de la primera edición francesa son divertidas
    y de interés político. Unas organizaciones judías visibles, y otras
    invisibles, al conocer este libro que mina los fundamentos del
    Estado
    de Israel, desencadenaron en la gran prensa francesa y de
    otras formas y maneras una ofensiva contra Garaudy. Anterior­
    mente había sufrido otras análogas por sus escritos anti.sionistas.
    Caldeado el ambiente, entablaron procesos judiciales por infrac­
    ción
    de los límites legales de la libertad de expresión. Pleitos ten­
    gas y los ganes.
    El gran público francés, y también el del resto
    del mundo, descubrió entonces y así, que
    en la Patria de la
    Libertad y
    de los Derechos Humanos no se pueden expresar cier­
    tas ideas
    que molesten a los judíos. Garaudy dedica las páginas
    114 a 123 a narrar estos forcejeos
    con el lobby sionista en Francia;
    son sutiles, ingeniosos y aleccionadores.
    Un personaje popular, el Abbé Pierre, también cayó en
    cuenta, sólo que al final de su vida, con motivo de esas con­
    troversias, de
    que en Francia no hay verdadera libertad para
    opinar sobre los judíos. Un tanto ingenuo
    -los años pesan-,
    se puso públicamente de parte de Garaudy, y, ahora viene lo
    bueno, la Conferencia Episcopal Francesa le reprendió y, aco­
    sado por todos, tuvo que exiliarse a Italia, donde guarda silen­
    cio. Todos
    echaban leña al fuego y la situación recordaba el
    asunto Dreyfus.
    No
    ha tenido la misma ingenuidad el traductor, don José Luis
    Jerez Riesco, que como buen hombre de leyes no se fía del
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    Fundaci363n Speiro
    37 min
  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 16
    Roger Garaudy
    228 páginas
    medidas: 14,5 x 21 cm.
    Ediciones Sieghels
    2014, Argentina
    tapa: blanda, color, plastificado
    Roger Garaudy, poseedor de dos doctorados en filosofía: uno de la Sorbona y otro de la Universidad de Moscú, ha sido siempre un destacado pensador de nuestra era, además de ser reconocido por su compromiso político, que lo llevó desde ser uno de los más importantes ideólogos del marxismo, tras asociarse en 1933 al partido comunista francés, hasta la prisión en un campo de prisioneros de la Francia ocupada, debido a su participación en la restistencia anti-nazi.
    Tras su expulsión del partido comunista en 1970, donde lleguó a ser miembro de su Comité Central político, por dudar del socialismo aplicado en la Unión Soviética, continúa luchando por la paz y el entendimiento entre posiciones opuestas. De hecho, impulsa el diálogo interreligioso conviertiéndose al Islam tras su militancia católica, y aunque critica a la curia romana por no permanecer fiel a Cristo, al islamismo por pervertir el mensaje original del Islam y al sionismo por encontrarse en las antípodas del profetismo judío, aquel que enseñaba a sus compañeros del campo de prisioneros anti-nazis debido a su admiración por el universalismo de los profetas judíos, continua rescatando la esencia de las religiones abrahámicas y promoviendo el mutuo entendimiento.
    De hecho, "Los mitos fundacionales del Estado de Israel" se enmarca dentro de una trilogía dedicada a luchar contra los integrismos religiosos de las 3 religiones abrahámicas, a los que llama "generadores de guerra y violencia" y "enfermedad mortal de nuestro tiempo".
    En la primera parte del libro, "Los mitos teológicos ", Garaudy se dedica a cuestionar las supuestas bases religiosas en las que dice apoyarse el sionismo.
    La segunda parte, "Los mitos del siglo XX", discute temas que no dejan de ser tabú dentro de la historiografía contemporánea. Entre ellos destaca el tratamiento del falaz ‘mito del antifascismo sionista’, poniendo al descubierto su mutua colaboración, y el ‘mito de la justicia de Nuremberg’, una venganza de los vencedores que intentaron imponer como ciertas todo tipo de mentiras sin posibilidad de defensa. No siendo suficiente el atrevimiento de Garaudy contra los mitos políticamente correctos, en búsqueda de la verdad se ve impelido a arremeter contra la gran mentira de nuestro siglo, el mito del holocausto judío, repasando los argumentos revisionistas.
    En el tercer y último capítulo, "La utilización política del mito", trata sobre el tremendo poder que tienen los lobbys judíos tanto en Estados Unidos como en Francia para presionar políticamente e imponer su pensamiento a las masas, así como de los curiosos métodos de financiación del Estado de Israel.
    El resultado final se vislumbra entonces como una de las más importantes obras sobre la temática. Y el que una personalidad como Garaudy, reconocido anti-nazi, comunista y militante de la concordia interreligiosa, de a luz una obra tan contundente no ha podido ser perdonado por la moderna inquisición democrática. Por ello es que su obra y persona ha sido atacada y perseguida, hasta ser condenado a pagar una multa de 150.000 francos y prisión en suspenso de 6 meses, viendo sus libros prohibidos y su vida amenazada por atreverse a pensar libremente.
    Como bien afirma su traductor, "El libro de Garaudy es un desafío que clama a la libertad para entender la Historia reciente sin mixtificaciones, complejos, ni tabúes. Garaudy ejerce el derecho al amargo encanto de la discrepancia y eso, al parecer, es abominable para quienes tienen la mente estrecha y obtusa. De la discusión del debate serio y científico, de la duda metódica, de la revisión y reconstrucción de los hechos suele brotar el discernimiento. La técnica de la mordaza, la censura o el anatema termina por privar de argumentos a quien la emplea."
    http://acme-arsenal.es/index.php?route=product/product&path=69&product_id=612
    45 min
  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 15
    PREFACIO
    El libro de Garaudy viene precedido de una controvertida polémica. Intentar exponer
    libre y espontáneamente las ideas y los razonamientos en temas sensibles, como el
    que aborda en el ensayo Los mitos fundacionales del Estado de Israel, es misión al
    filo de lo imposible o en los umbrales de lo heroico. Desafiar la corriente es verse
    arrastrado por los lodos que desvirtúan la realidad. Poseer la verdad oficial no es tener
    necesariamente la razón.
    El historiador no tiene que amoldarse a una sola versión, ni ceñirse al eco rutinario y
    mántrico de una infinita salmodia de reiteraciones que gravitan inexorablemente. La
    historia puede manipularse, y por ello los hechos pueden ser dubitados, las
    narraciones releídas, las conclusiones divergentes. Una investigación crítica rigurosa
    y documentada puede poner en entredicho textos hagiográficos o denigratorios, según
    sea el interés de los amanuenses al servicio del relato dogmático de sus mentores.
    La vida sería muy triste sin matices ni colores. La música se convertiría en zumbido
    sin una pluralidad de notas y tonalidades. Garaudy ejerce el derecho al amargo
    encanto de la discrepancia y eso, al parecer, es abominable para quienes tienen la
    mente estrecha y obtusa. De la discusión del debate serio y científico, de la duda
    metódica, de la revisión y reconstrucción de los hechos suele brotar el discernimiento.
    La técnica de la mordaza, la censura o el anatema termina por privar de argumentos a
    quien la emplea.
    Los intransigentes e intolerantes de la Historia que suelen ser sus sempiternos
    enemigos, han cuestionado por emitir una opinión favorable del libro, hasta al
    mismísimo Abad Pierre que en Francia, y tras una existencia ejemplar, se había
    ganado la estima universal. Ha sido suficiente desmarcarse, ejercer su libertad de
    expresión, para quedar pretérito.
    El libro rompe ataduras y moldes que asfixian a las conciencias libres. Se puede
    opinar sobre sus fundamentos en cualquier sentido y sin exclusión de posibilidades.
    Lo que no se debe es estigmatizarlo sencillamente porque puede poner en evidencia la
    tortura de una ciega mentira a la que hemos estado sometidos como si [10] se tratara
    del mito de la caverna platónico, donde se confundían las sombras imaginarias con los
    entes de luz.
    El mérito mayor es el desapasionamiento que el autor utiliza frente a las iras de sus
    detractores. Serenidad frente a nerviosismo, voz frente a grito, objetividad
    confrontada a la parcialidad obligatoria, donde se llega a mentir para tratar de salir
    indemnes. Los hechos son como son, con independencia de que se nos quieran
    presentar distorsionados. Por eso el libro de Garaudy es un desafío que clama a la
    libertad para entender la Historia reciente sin mixtificaciones, complejos, ni tabúes.
    José Luis Jérez Riesco
    43 min
  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 14
    Allí donde la libertad eche raíces, estará mi tierra.
    Benjamin Franklin
    NOTA DEL EDITOR
    La sociedad contemporánea está siendo testigo de una cierta homogeneización
    política y económica en todo el globo terráqueo. El interés por la diversidad como
    contrapartida, está cada vez más arraigado en amplios sectores de la población. Y a la
    diversidad en otros campos debe añadirse el derecho a la diversidad intelectual. El
    derecho a la discrepancia. El investigar o profundizar en aspectos poco conocidos u
    ocultos de nuestra historia más próxima, es uno de los retos más apasionantes de este
    fin de siglo. El releer la historia al margen de tabúes políticos impuestos por la moda
    del momento, una de las asignaturas pendientes de la historia contemporánea.
    El objeto de este libro, y de la colección que lo enmarca, es difundir entre el público
    español aspectos poco conocidos, aunque fundamentales, de la historia de nuestro
    siglo. El editor no pretende exaltar régimen político alguno ni desenterrar del
    cementerio de la historia movimientos fallecidos hace muchos años. Tampoco es
    intención del editor hacer apología alguna de ninguna ideología ni fomentar ningún
    tipo de discriminación.
    Por el contrario, la finalidad del editor es dar a conocer las nuevas corrientes del
    pensamiento al ciudadano español y contribuir a la formación de una opinión pública
    libre, fundamento del orden democrático. Ante la gran demanda de información que
    existe sobre estos temas, esta colección pretende hacer efectivo el derecho que el
    artículo 20, ld, de nuestra Carta Magna reconoce a todos los españoles, esto es, el
    derecho a ser libremente informados.
    El editor no comparte necesariamente la opinión de los autores de los libros que
    pertenecen a esta colección, sino que los escoge por su interés cultural, de
    investigación, docente, informativo, o simplemente para su crítica. Las posibles
    responsabilidades que se generen por el contenido de los títulos publicados deben
    recaer exclusivamente en aquéllos que mantienen las tesis defendidas en los mismos.
    47 min
  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 13
    Título original: Roger Garaudy, Les Mythes fondateurs de la politique israélienne. 2a
    édicion: Samiszdat Roger Garaudy, Paris, 1996.
    No copyright. Reproduction libre.
    © Historia XXI Ap. C. 14.243 08080 - Barcelona 1a edición: Diciembre 1997
    Traducción: José Luis Jérez Riesco. ISBN: B-84-923089-0-7 Depósito legal:
    B.48.721-97.
    Este texto ha sido presentado en Internet por la secretaría internacional de la
    Asociación de Antiguos Aficionados a los Relatos de Guerra y Holocausto en 1998,
    con fines puramente educativos, para alentar la investigación, sobre una base no
    comercial y para una utilización razonable. La dirección de la secretaría es
    . La dirección postal : PO Box 81475, Chicago, IL 60681-0475,
    EE.UU.
    Aconsejamos a los lectores que procuren conseguir el documento original en la
    editorial correspondiente. Contemplamos la presentación de un texto en el Web como
    un gesto equivalente al de colocar el documento en la estantería de una biblioteca
    pública, lo cual nos cuesta algún dinero y bastante esfuerzo.
    Pensamos que quien aprovecha este servicio es el que viene a leer por voluntad
    propia, y suponemos que este lector es capaz de pensar por sí mismo. Un lector que
    busca un documento en el Web siempre lo hace por su cuenta y riesgo.
    12 min
  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 12
    https://www.religionenlibertad.com/blog/56559/mitos-realidades-sobre-fundacion-del-estado-israel-por.html
    web judía....
    Viernes, 14 de febrero de 2020Religión en LibertadPORTADABLOGSPAPA FRANCISCOESPAÑAAMÉRICALIBROSOTRAS NOTICIASVÍDEOSOPINIÓNLIBROS RELDONA AHORASUSCRÍBETE
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    BLOG
    Mitos y realidades sobre la fundación del Estado de Israel. por Irving Gatellpor Wiederholen 03 mayo 2017
    FacebookTwitterGoogle+LinkedinWhatsappEmailMitos y realidades sobre la fundación del Estado de Israel
    MITOS Y REALIDADES SOBRE LA FUNDACIÓN DEL ESTADO DE ISRAEL
    IRVING GATELL PARA AGENCIA DE NOTICIAS ENLACE JUDÍO MÉXICO – La fundación del Estado de Israel en 1948 es uno de los eventos más controvertidos en la Historia Contemporánea, debido a que muchos detractores y antisemitas acusan que es un “estado ilegítimo”, y que se violaron los derechos de los palestinos.
    Pero –como suele suceder con la realidad– el asunto no es tan sencillo. Repasemos algunos conceptos para desenredar la madeja y ver en dónde están los mitos, y cuál es la realidad.
    Comencemos por el más relevante: la noción de que el Estado de Israel se fundó como una especie de “premio” o “consolación” para los judíos tras sufrir el Holocausto. De esta idea se deriva la principal noción de “fue una injusticia para los palestinos”, porque se deduce que a ellos les quitaron “sus tierras” para dárselas a un grupo que había sufrido una grave injusticia, pero en otro continente. O se desprende esta otra, todavía más delirante: el Holocausto fue organizado por los propios sionistas para generar un contexto que hiciera viable el despojo de las tierras palestinas y la creación de Israel. O esta otra, menos delirante pero no menos sesgada: el Holocausto no existió, y todo es una cuestión de propaganda sionista para justificar la ilegítima creación del Estado de Israel.
    Todo lo anterior es absolutamente falso.
    En primer lugar, la idea de crear un Estado judío no surgió de la noche a la mañana, y menos aún fue “consecuencia del Holocausto”. Por parte de los judíos, fue una idea permanente desde que los romanos intentaron borrar todo vestigio del hogar nacional judío cambiando su nombre original Judea, por el de Palestina (año 135). Año tras año, en nuestra máxima celebración dedicada a la libertad –Pesaj o Pascua–, terminamos diciendo “hashaná baa biyerushalaim”: el próximo año en Jerusalén, y con ello siempre dimos fe de nuestro anhelo de recuperar nuestro país. Este objetivo concreto se materializó en la organización del Sionismo moderno, cuyo primer congreso se celebró en 1897, después del cual Theodor Herzl hizo una afirmación impactante: “fue aquí en Basilea donde fundamos el Estado Judío” (nótese que Herzl murió en 1904, mucho antes de que Israel se convirtiera en realidad física). Por parte de las naciones occidentales, el objetivo de crear un Estado Judío quedó claramente plasmado en la Declaración Balfour, de 1917. Así que desde mucho antes del Holocausto no sólo existía la idea, sino incluso el propósito expreso de llegar a eso: la fundación de Israel.
    Por lo tanto, es falso que la existencia de Israel sea una especie de “premio” por el sufrimiento del Holocausto, o incluso de manipulación política bajo el pretexto del Holocausto.
    Por supuesto, no faltará quien argumente: “pero entonces, ¿por qué se fundó en 1948, apenas tres años después de que terminara el Holocausto?”
    Veamos cuáles fueron los hechos reales: lo relevante de 1945, a nivel internacional, no fue el fin del Holocausto, sino de la II Guerra Mundial (de hecho, la comunidad internacional se tardó aproximadamente diez años en empezar a ponerle atención al tema del Holocausto, y para entonces ya existía Israel).
    Dado el nivel de destrucción que ese conflicto dejó en Europea, el consenso internacional fue que había que reorganizar, literalmente, todo el planeta (poque Europa tenía colonias en todo el planeta, y el conflicto las había afectado). Para eso se cerró de manera definitiva a la Sociedad de las Naciones, y se fundó la ONU.
    Una de las primeras medidas tomadas por este nuevo organismo en coordinación con Inglaterra e Italia fue el desmantelamiento de las colonias de esos países en Medio Oriente, proceso que resultaría en la creación de nuevos estados independientes.
    Así fue como en 1946 se fundaron los estados de Líbano, Siria y Jordania, y comenzó el análisis para definir los límites de lo que serían otros dos estados: uno judío y uno árabe. Dicho análisis concluyó con el Plan de Partición de 1947, y el establecimiento del 13 de Mayo de 1948 como fecha límite para el fin del Protectorado Británico en Palestina. En esos mismos años sucedió un proceso paralelo en la India: en 1947 se decidió la partición de su territorio para crear un nuevo Estado –Pakistán–, mismo que se constituyó oficialmente en 1948.
    A esto se puede objetar que Siria, Líbano y Jordania ya eran naciones milenarias, así que sería un error decir que son estados que “se fundaron en 1946”. Pero es una apreciación completamente incorrecta.
    En primer lugar, porque en ese caso Israel también es una nación milenaria, así que semejante respuesta es inválida. Pero, en segundo lugar, porque las fronteras que se delimitaron para Siria y Jordania están muy lejos de ser las “fronteras históricas” de “naciones milenarias”.
    Al respecto, lo primero que hay que decir es que Jordania no es una nación milenaria. Nunca existió un antecedente del moderno Reino Hachemita de Jordania. Sus límites fueron, literalmente, inventados por los ingleses en 1922, y su población había sido llamada “palestina” durante más de 18 siglos.
    Si existe un Estado inventado desde cero, de manera arbitraria y por meros intereses políticos, es Jordania (también Pakistán).
    Por su parte, las fonteras que se la asignaron a Siria no son las del antiguo reino arameo. Acaso sólo el actual Líbano tiene fronteras similares a lo que fue la antigua Fenicia.
    La decisión de crear el Estado de Israel fue parte del proceso de desmantelar el colonialismo inglés y francés en la zona, y dar paso al nacimiento de estados modernos.
    Ahora, el siguiente punto: ¿fue una injusticia contra la población palestina?
    No. De hecho, eso es lo más falso que se pueda decir, porque conlleva una discriminación injustificada contra la propia población palestina. Y me refiero a esto: Palestina nunca fue una nación en el sentido estricto de la palabra. Es decir, un grupo integrado por una población homogénea, con las mismas generalidades en cuanto a idioma, religión, cultura, tradiciones y mitos fundacionales.
    Palestina comenzó su vida oficial en el año 135, y fue el nombre que los romanos le asignaron a Judea como represalia por el levantamiento armado de Simeón bar Kojba (años 132135). Desde entonces, Palestina fue una provincia de diferentes imperios: Romano, Romano de Oriente, Bizantino, Califato Omeya, Reinos Cruzados, Mameluco, Otomano e Inglés. Por lo tanto, su población siempre fue una mixtura de judíos y otros grupos que fueron cambiando conforme al paso de los siglos, principalmente nabateos e idumeos que luego fueron asimilados por el conglomerado árabe tras la invasión en el siglo VI.
    Esta situación se mantuvo inalterada hasta 1922, cuando por primera vez en su historia la población palestina fue dividida al crearse el “reino” (lo pongo entre paréntesis porque no se le dio ningún tipo de independencia; era un reino sólo en el papel) Hachemita de la Transjordania. Los pobladores –judíos y árabes– que quedaron al oriente del Río Yardén o Jordán, dejaron de ser palestinos y pasaron a ser trans-jordanos, y los pobladores que se quedaron al occidente de dicho río siguieron siendo palestinos (para que me entiendan, es lo mismo que sucedió con los pobladores de California o Texas en el momento en que esos lugares dejaron de ser parte de México y pasaron a ser parte de Estados Unidos: ante la redefinición de la frontera, perdieron una nacionalidad y adquirieron otra).
    El Plan de Partición de 1947, en estricto, no tenía como objetivo crear un “estado judío al lado de un estado palestino”. Por más que se busque en los documentos de la época no se va a encontrar ninguna referencia a un “estado palestino”. Se le llama, simplemente, un “estado árabe”.
    ¿Por qué? Porque en términos simples y directos, los dos estados que se iban a crear eran post-palestinos. El Protectorado Británico de Palestina había llegado a su fin. Sus ciudadanos –judíos y árabes– dejarían de ser llamados “palestinos”. Los nombres de los nuevos Estados podrían cambiar, y por ende el gentilicio de sus habitantes también.
    Al hacer una afirmación como “la creación del Estado de Israel fue una injusticia contra la población palestina”, presupone que los “palestinos” sólo eran los árabes, dato absolutamente incorrecto. Desde 18 siglos atrás, los judíos de la zona siempre fueron considerados palestinos, porque lo “palestino” nunca tuvo una connotación nacional, sino estrictamente territorial. Luego entonces, la afirmación acerca de “la injusticia contra los palestinos” es discriminatoria y judeófoba, pues pretende negar la identidad jurídica que tuvieron los judíos palestinos durante más de 1800 años.
    ¿Fue legítima la fundación de Israel?
    Si nos atenemos a los hechos paralelos, tanto como la fundación de los modernos estados de Siria, Líbano y Jordania en la misma zona, ya que todos –incluyendo a Israel– se fundaron como consecuencia del desmantelamiento del colonialismo francés e inglés.
    Y aquí nos topamos con otra severa mentira respecto a la legitimidad: nunca en la Historia ha sucedido que un estado moderno se funde a partir de una identidad nacional. Los estados son entidades jurídicas, y se han fundado o refundado por conveniencias de política internacional. Por ello, todos los estados que hay en el mundo (salvo alguno que otro que pueda ser una isla diminuta) están integrados por varios grupos que podrían definirse como “nacionales”; en contraparte, sucede que varios grupos “nacionales” pueden estar distribuidos en diferentes estados (por ejemplo, los mayas o los kurdos).
    ¿Qué es lo que determina la legitimidad de un Estado? En términos simples y concretos, su pertenencia a la ONU. Dado que estamos hablando de una cuestión exclusivamente jurídica, la legitimidad está determinada por la filiación del estado en cuestión al único organismo internacional reconocido para legitimar o no a un Estado. Israel, desde que es miembro de la ONU, es un estado legítimo. Todo lo que se pueda decir en contra es mera verborragia.
    La objeción de que su creación fue arbitraria ya está perfectamente refutada, pero aún en el caso de que así fuera, eso no sería razón para deslegitimizarlo. Jordania y Pakistán fueron estados creados de un modo absolutamente arbitrario, y nadie pone en duda su legitimidad porque son estados miembros de la ONU y, por lo tanto, reconocidos como legítimos por el resto de la comunidad internacional.
    El reclamo de que Israel es un estado ilegítimo sólo tiene lógica en el contexto de la judeofobia.
    Aparte de todo lo anterior, circulan otros mitos menores y a ratos hasta simpáticos, debido a que denotan la mediocridad intelectual de quienes se los creen.
    Por ejemplo, que Israel es un proyecto colonialista. El colonialismo es, por definición expansivo. Israel ha derrotado militarmente a todos sus vecinos, pero desde 1967 (medio siglo, que no es poca cosa) su control territorial ha disminuido. Se trataría del poryecto colonialista más torpe de la Historia: un colonialismo que se contrae, no que se expande.
    O que es parte de un complot estadounidense para controlar el petróleo de Medio Oriente. Inteligentísima opinión, si tomamos en cuenta que Israel nunca ha destacado por su producción petrolera (nula, prácticamente). Y la situación se pone peor si tomamos en cuenta que si algo no ha conseguido Estados Unidos en los últimos 69 años –desde que se fundó Israel– ha sido controlar las zonas de producción petrolera importantes en la región. Los principales yacimientos siempre fueron los de los países árabes, y durante décadas estos giraron en torno a la política soviética. Quien afirme que todo es una conspiración gringa para controlar petróleo, sólo evidencia que lee muy poco (o nada) sobre la realidad en Medio Oriente.
    También se dice que Israel sobrevive porque recibe ayuda del exterior. El dato es más o menos correcto, por lo menos respecto a la ayuda que recibe. Pero no es el único país que recibe ayuda del exterior. De hecho, casi todos los países del mundo reciben ese tipo de ayudas. Por cierto, los palestinos han recibido ayudas por 32 billones de dólares en los últimos 40 años. Es una cifra nada desdeñable (Alemania sólo recibió 1.2 billones después de la II Guerra Mundial). Aquí el tema es qué se hace con esa ayuda. Israel ha construido un país líder en desarrollo tecnológico y cultural. Los palestinos no han hecho nada memorable, salvo desviar el dinero a las cuentas de sus corruptos líderes, o financiar terrorismo.
    Finalmente, los dos mitos más relevantes y recurrentes son que Israel es un “estao de ocupación” y que es un “estado de apartheid”.
    Israel no puede ser un “estado de ocupación”, porque la ocupación –en tanto figura jurídica, no sentimental– se da en el momento en que un estado impone su control más allá de sus fronteras (se deduce que en otro estado). No existen fronteras oficiales entre Israel y Palestina, y este último todavía no es un estado legalmente constituido. Por lo tanto, no puede haber una ocupación (repito: la figura es jurídica, no sentimental, así que –con la pena– no funciona eso de que “es que es una ocupación porque los palestinos sufren…”).
    El único órgano judicial que ha analizado a fondo el tema ha sido la Corte de Versalles, debido a una demanda interpuesta por la Autoridad Palestina contra tres empresas francesas que ganaron una licitación y participaron en la construcción del tren urbano en Jerusalén. El gobierno palestino las acusó de colaborar con la ocupación israelí. En 2016, el dictamen final de la Corte en Francia fue que la Autoridad Palestina ni siquiera tiene la figura jurídica adecuada para presenta semejante demanda, y que Israel es el único país con derechos legítimos para ocupar el territorio en disputa.
    Y que no es un estado de apartheid también es obvio: un apartheid sólo puede darse al interior de un país, y es la situación en la que el gobierno establece dos marcos legales en el territorio bajo su jurisdicción, para discriminar a cierto tipo de población a tal punto que tengan que regirse por leyes especiales. Los palestinos no están bajo jurisdicción israelí. En la Franja Occidental son gobernados por la Autoridad Palestina; en Gaza, por Hamas. No hay, por lo tanto, ningún apartheid israelí. Los árabes israelíes (y recalco: israelíes, no palestinos, porque viven en Israel; luego entonces, son ciudadanos israelíes) viven bajo el mismo marco legal que los judíos. Así que no hay modo de justificar la noción de un apartheid.
    A menos, por supuesto, que se dé en el marco de la judeofobia. Es la única forma de explicar el por qué se inventa tanta tontería respecto a Israel.
    Tómelo en cuenta, querido lector.
    30 min
  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 11
    La decisión del presidente de Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, abre otra vieja polémica sobre los mitos fundacionales del Estado de Israel. Ahora que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconocio a Jerusalén como capital del Estado de Israel, se han exacerbado las protestas y las tensiones políticas y religiosas en el Oriente Próximo, resulta interesante hacer un comentario sobre dos libros que hacen referencia a los mitos fundacionales del Estado judío. El primero, La Industria del Holocausto, del judío estadounidense, Norman G. Finkelstein, hijo de supervivientes de los campos de concentración, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Princeton, experto en judaísmo, sionismo y en el conflicto palestino-israelí. El segundo, Los Mitos Fundacionales del Estado de Israel, de Roger Garaudy, un filósofo francés, autor de varios libros sobre la historia de las grandes figuras socialistas y de las religiones en el mundo.
    Los libros de estos dos autores plasman estudios históricos rigurosos, bien estructurados y documentados sobre la fundación del Estado Judío. Roger Garaudy fue un destacado intelectual francés que murió hace cuatro años, quien abandonó su militancia en el Partido Comunista francés, en protesta cuando en 1968, la antigua Unión Soviética invadió a la extinta República de Checoeslovaquia. Un intelectual que poco después se convirtió al catolicismo y luego al Islam y a partir de ese momento fue un defensor de la causa palestina.
    En 1995, publicó este libro donde expone sus tesis sobre el holocausto, las cuales generaron la irá de la comunidad judía francesa, que lo acuso de negacionista e hizo que la justicia francesa lo condenará a seis meses de cárcel. Fue acusado de antisemitismo por la poderosa Comunidad Judía francesa. Sin embargo, su texto no trata de una simple negación del holocausto, ni de una apología al genocidio, ni de tergiversaciones históricas que incitan al odio contra el pueblo judío, sino que expone otra versión de la historia de Israel y del holocausto a partir de nuevos elementos interpretativos.
    En este aspecto es bueno resaltar las palabras de la escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, cuando habla de los peligros de una sola historia, al decir que: “la historia única crea estereotipos incompletos” y en consecuencia “dificultan conocer otros enfoques sobre determinados hechos, porque cuando se exalta una sola versión de la historia se caen en incomprensiones graves y en fundamentalismo radicales”.
    Garaudy fue un intelectual, polémico y reformista; perseguido por sus críticas contra el fundamentalismo judío. Por eso sus libros fueron proscritos y vetados por las editoriales francesas por las acusaciones de la Comunidad Judía de ser antisemita. Lo sorprendente de este libro es el estudio crítico y sesudo que hace sobre aspectos polémicos del holocausto judío, las cifras infladas de las víctimas, las persecuciones y los mitos con los cuales se fundó el Estado de Israel.
    En cambio, Norman G. Finkelstein, hace profundos cuestionamientos y denuncias sobre la explotación con fines económicos y políticos que hacen los líderes judíos del sufrimiento de las víctimas del holocausto. Señala cómo desde el triunfo de Israel en la guerra árabe-israelí en 1967, el holocausto se convirtió en el eje de la política de los judíos en Estados Unidos y pone en contexto como antes del triunfo de aquella guerra, las principales organizaciones judías en Estados Unidos le restaban importancia al tema del holocausto para adaptarse a los intereses de la política exterior de Estados Unidos.
    Finkelstein demuestras que buena parte de las élites judías en Estados Unidos, tenían reparos con respecto a la creación de un Estado judío, porque creían que los dirigentes judíos de izquierda de la Europa del este, que regirían los destinos de Israel, se sumarían a la órbita soviética. Sin embargo, después la victoria de Israel en la Guerra de los seis días, Estados Unidos, decidió incorporar a Israel como un valor estratégico de su política exterior en el Oriente Próximo.
    Por consiguiente, fue cuando Estados Unidos como potencia comenzó a destinar todo tipo de ayuda económica y militar con el fin de convertir a Israel en pieza clave de su poder en el Oriente Próximo. De allí que Finkelstein en su análisis muestra cómo ha sido el cambio de la preponderancia de la Comunidad Judía en Estados Unidos, de después de la victoria de Israel en la guerra árabe-israelí y como Israel pasó a formar parte de la defensa de los intereses geoestratégicos de Washington en el Oriente Próximo.
    Un viraje que, en su opinión, se originó por dos motivos. Por un lado, Israel se convirtió en un valor estratégico para la política exterior de Estados Unidos en la región. Del otro, la Comunidad judía estadounidense paso a ser una fuerza económica y política de primer orden en la política interna y externa de los gringos.
    Entre tanto, Roger Garaudy, examina esa historia con una mirada más atrás y hace un análisis bien documentado donde demuestra cómo la política de la pureza racial de los judíos fue la que sirvió de fuente de inspiración a la política de pureza racial de la raza aria de Hitler, que terminó con el holocausto de ellos mismos. Igualmente, analiza cómo en el Congreso de Núremberg, en 1935, los abogados y consejeros del Ministerio del Interior Nazi tomaron como modelo las leyes judías que prohíben la mezcla de la sangre judía con las demás, para elaborar las leyes del derecho de la población del Reich, de la protección de la sangre y el honor alemán.
    Además, dice, que las organizaciones sionistas que luchaban por la creación de un Estado judío fueron en un momento más anti-ingleses que antinazis. De hecho, describe cómo un grupo de líderes sionistas mantuvo una alianza de cooperación política y económica con la Alemania nazi y con Mussolini.
    Asimismo, revela una serie de comunicaciones que hubo entre líderes judíos y hombres cercanos a Hitler sobre el desarrollo de una política de cooperación entre el movimiento de la liberación de Israel y el hitlerismo, que busca consolidar una alianza en Europa para aislar y vencer a Inglaterra. Plantea que todo cambió cuando la mayoría de las organizaciones sionistas que luchaban por la creación de un Estado judío, decidieron apoyar a Inglaterra y sumarse a la causa de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, lo que significó una declaración de guerra a Alemania.
    Pasando, entonces, de aliados a enemigos de Hitler, quien con la puesta en marcha de su ideología racista de la pureza racial alemana, consideró que los judíos no podían ser compatriotas de los alemanes. Esboza que la prioridad de los líderes sionistas no fue la de salvar a los judíos pobres que vivían en Europa, sino a los judíos ricos.
    Señala que en la Conferencia de Evian en 1938, donde 31 naciones discutieron el problema de los refugiados de la Alemania Nazi, sólo exigieron la admisión de 200 mil judíos en Palestina. La política de los líderes fue la de apoyar la emigración de los judíos con capitales que permitieran el desarrollo de la colonia sionista en Palestina. Para ellos fue más importante salvar de la Alemania nazi a los capitales judíos que a los judíos pobres.
    Ahora, en cuanto a los mitos que sirvieron de sustento histórico para la fundación del Estado de Israel, sostiene que el sionismo es una doctrina nacionalista que no nació del judaísmo, sino del nacionalismo europeo del siglo XIX; y muestra cómo Theodor Herzl, fundador del sionismo político, transforma desde 1896, la leyenda bíblica del retorno a la Tierra Santa en una doctrina política, nacionalista y colonialista.
    En este aspecto coincide con otro historiador, Jorge Simán Abulefe, quien sostiene que el Estado de Israel es fruto de un proyecto colonialista del sionismo político, que creo en la tierra de los palestinos un hogar nacional para los judíos oprimidos judíos de Europa. Por lo tanto, Simán, dice, que son argumentos sustentados en manipulaciones históricas sobre unas ancestralidades en los territorios ocupados llenas de reelaboraciones históricas recientes para desplazar a los palestinos de sus asentamientos milenarios.
    Garaudy denuncia el camuflaje ideológico del sionismo político y hace un análisis sobre cómo fue el proceso histórico de transformación del sionismo religioso al sionismo político; y cómo 50 años después del Congreso de Basilea en 1897, los discípulos de la doctrina de Herz, luego de la Segunda Guerra Mundial con el apoyo de Estados Unidos, hacen que triunfe el sionismo político en contra de la tradición profética en la creación del Estado de Israel en 1947.
    Un sionismo que mantiene una política anclada en mitos bíblicos que han transformado al judaísmo en una doctrina política fanática. Finamente, Garaudy, concluye que todas las guerras del Oriente Próximo son guerras de conquista, basadas en los mitos del Estado de Israel. Entre tanto, Finkelstein, remata expresando que en los últimos años la industria del holocausto se ha convertido en una red de corrupción y extorsión, porque cuando los alemanes o los suizos se niegan a pagar una indemnización, el cielo no es suficientemente grande para abarcar la indignación de los judíos, pero cuando las élites judías roban a los supervivientes judíos, no se trata de un problema ético, sino una simple cuestión de dinero. Libros que hay que leer más allá de las acostumbradas acusaciones de las Comunidades Judías de antisemitismo a quienes se atreven a cuestionar la historia oficial de Israel, porque permiten conocer otros enfoques claves para comprender muchos aspectos de las tensiones políticas entre judíos y árabes en el Oriente Próximo.
    https://www.elmundofinanciero.com/noticia/72271/analisis-y-opinion/los-mitos-sobre-la-fundacion-del-estado-de-israel.html
    55 min
  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 10
    Frente a los mitos fundacionales del Estado de Israel y la identidad sionista basada en la negación del otro, la conmemoración palestina de la Nakba es una forma de recordar la historia y reivindicar los derechos inalienables del pueblo palestino.
    Mantener la memoria histórica es necesario para poder construir un futuro de paz y coexistencia. Afrontar los crímenes cometidos -particularmente si se trata de crímenes de guerra, de lesa humanidad o genocidio-, pedir perdón y buscar justicia es un primer paso dentro del largo camino hacia la reconciliación. Los palestinos llevan 67 años esperando el reconocimiento de la Nakba, catástrofe ocurrida en Palestina desde diciembre de 1947.
    Según el calendario judío, la celebración de la independencia de Israel fue hace unos días. Lo que los palestinos conmemoran cada 15 de mayo como el recuerdo de la expulsión del 70% del pueblo palestino y la destrucción de 418 aldeas, es motivo de celebración en Israel. Son miles las casas literalmente robadas a palestinos en Jerusalén Este, Haifa, Jaffa, Acre, Safad, Beir Sabaa’, Beisan y tantas otras ciudades situadas en lo que hoy es Israel, donde se levantan banderas israelíes para celebrar la expulsión de quienes habitaban en ellas.
    Israel no reconoce la catástrofe palestina por una serie de razones que se basan en los mitos fundacionales de este Estado:
    1. “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Este eslogan, con el que se pretendía esconder lo que a todas luces era un proyecto colonial más, fue repetido para convencer al mundo de apoyar la creación de un Estado sionista en Palestina. De ser cierta esta frase, ¿de dónde salieron entonces los refugiados palestinos?
    2. “Los refugiados salieron por su cuenta después de que los árabes pidieran abrir espacio para echar a los judíos al mar”. El historiador derechista israelí Benny Morris desmiente esa afirmación en su libro El nacimiento del problema de los refugiados palestinos. Nunca existió tal llamamiento, como ha podido comprobar la BBC investigando los medios de comunicación árabes de la época. Lo que sí existieron fueron las decenas de masacres y ataques terroristas como los de Deir Yassin y Tantoura que aterrorizaron a la población local forzándola a salir para luego prohibirles el retorno. Una de las víctimas de esos ataques fue el vicecónsul español en Jerusalén Manuel Allende Salazar, en el marco de un crimen más -el atentado del Hotel Semíramis en Jerusalén- que permanece hoy impune.
    3. “Como en otras guerras, ha habido refugiados y estos no necesariamente regresan”. Ello ocurría antes de la Segunda Guerra Mundial. Desde ese instante el Derecho internacional ha sido muy claro en considerar el desplazamiento forzado de población como un crimen de guerra. Expulsar población no es una práctica aceptada por el Derecho internacional.
    Uno de los primeros en denunciar la Nakba fue el mediador de Naciones Unidas Folke Bernardotte. Un conde sueco que, como líder de la Cruz Roja sueca durante la Segunda Guerra Mundial, pudo salvar alrededor de no menos de treinta mil judíos de los crímenes nazis. Bernadotte fue asesinado por un comando liderado por Yitzhak Shamir, posterior primer ministro israelí, por sugerir la inmoralidad que suponía expulsar a los palestinos de sus casas y traer a judíos de otras partes del mundo para vivir en ellas. Su informe sería la base para la resolución 194 de Naciones Unidas de 11 de diciembre de 1948, la cual garantiza el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Respetar esa resolución fue una de las dos condiciones aceptadas por Israel para lograr su membresía en Naciones Unidas el 11 de mayo de 1949. La otra era implementar la resolución 181 de partición de Palestina. Ambas siguen siendo violadas 66 años después.
    Independientemente de la excusa presentada, la Nakba existió. Aunque se crea el mito de que salieron por su propia voluntad, los refugiados tienen el derecho a retornar. Vale la pena recordar que, mientras les niega ese derecho, Israel cuenta con una ley del "retorno" que permite a cualquier judío "retornar", a pesar de no poder mostrar ninguna conexión con esa tierra.
    El reconocimiento de la Nakba es un requisito para poder lograr una paz justa y duradera entre Israel y Palestina. Si lo sucedido en Palestina en 1948 hubiera sucedido en Bosnia, muchos hablarían sin tapujos de limpieza étnica. El proyecto colonial sionista, que planeó la expulsión de la población palestina desde la década de los años veinte del siglo pasado, se autolegitima sobre la base de la negación de la identidad palestina. Por ende, el reconocimiento de la Nakba, de la existencia de un pueblo palestino antes de 1948 o del hecho de que Palestina no era un desierto con beduinos como la romántica visión orientalista sionista sugiere, se enfrenta a la identidad sionista basada en la negación del otro.
    Mientras en Israel celebran su independencia, en Palestina se sigue conmemorando la Nakba. Y no cambiará hasta que se haga justicia y los palestinos puedan recuperar sus derechos inalienables reconocidos por el Derecho internacional. Esto va más allá de una lucha de narrativas. Supone simplemente avanzar en un punto básico que genere las condiciones para que Israel y Palestina puedan convivir en la misma zona. Israel debe terminar su negacionismo y reconocer la Nakba. Lo contrario sería simplemente continuar una catástrofe que dura ya 67 años.
    Fuente: Xavier Abu Eid , Eldiario.es
    38 min
  • Los mitos fundacionales de la política israelí Roger Garaudy 9
    El asesinato del Presidente Rabin, como el de Goldstein, se inscribe en la estricta lógica de la mitología de los integristas sionistas. La orden de matar, dice Ygal Amir, viene de Dios, como en los tiempos de Josué (37). Amir no era un caso marginal en la sociedad israelí: el día de la muerte de Ytzhak Rabin, los colonos de Kiryat Arba y de Hebrón bailaban de alegría recitando Salmos de David alrededor del mausoleo levantado a la memoria de Baruch Goldstein (38).
    Ytzhak Rabin fue un blanco simbólico, pero no como Bill Clinton lo ensalzó en sus exequias, diciendo que combatió toda su vida por la paz sino que comprendió (como los americanos en Viet-Nam o los franceses en Argelia) que ninguna solución militar definitiva es posible mientras un ejército se enfrente, no a otro cuerpo de ejército, sino a todo un pueblo. Hay que recordar que el que combatió toda su vida por la paz cuando comandaba las tropas de ocupación al principio de la Intifada, dio la orden de romper los huesos de los brazos a los niños de la tierra palestina que no tenían más que piedras para defender la tierra de sus antepasados.
    Se había empeñado, junto a Yasser Arafat, en la vía de un compromiso. Concedieron autonomía administrativa a una parte de los territorios cuya ocupación por Israel había sido condenada por las Naciones Unidas. Viviendo bajo la protección militar israelí las colonias robadas a los autóctonos y convertidas, como Hebrón, se convirtieron en seminarios de odio.
    Esto ya era demasiado para los integristas beneficiarios de este colonialismo: crearon, contra Rabin, a quien consideraban como un traidor, el clima que llevó a la infamia de su asesinato.
    Ytzhak Rabin ha sido víctima, junto a millones de Palestinos, del mito de la tierra prometida, pretexto milenario de los sangrientos colonialismos.
    Este asesinato fanático demuestra, una vez más, que una paz verdadera entre un Estado de Israel en seguridad en las fronteras fijadas por la partición de 1947 y un Estado Palestino totalmente independiente, requiere la eliminación radical del colonialismo actual, es decir, de todas las colonias que constituyen, en el interior del futuro Estado Palestino, incesantes focos de provocación a la vez que detonantes para las guerras futuras.
    https://www.webislam.com/articulos/75232-los_mitos_fundacionales_del_estado_de_israel_1.html
    33 min

About Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

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Resulta que desde que nacemos en este planeta, según el lugar donde nazcas se te contara la historia oficial de tu pueblo de una manera o de otra, según la fuente de información y el punto de vista, basado en diferentes aspectos de los hechos y la realidad... pero.... según la fuente oficial para todo el planeta llegado desde occidente, es decir... la única historia que se acepta y se promueve oficialmente por todos sus ministerios gobiernos leyes y medios de comunicación, es la que han escrito los falsificadores de la historia de esta mal llamada "civilización moderna".