Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

By Ramanuyacaria das VanapastraReligion & Spirituality
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Revisionismo Histórico I (abre los ojos) episodes

  • El talmud desenmascarado 1 PRANAITIS
    Por esto he aquí que yo envío a vosotros profetas, y sabios y doctores, y de ellos mataréis y crucificaréis, y azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad. Para que venga sobre vosotros toda la sangre inocente desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Barachías, al cual matasteis entre el templo y el altar. (Mateo, 23, 24-35)
    ¡Pobres judíos! Vosotros atrajisteis una terrible maldición sobre vuestras cabezas al decir: "Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos" y esa maldición, raza miserable, la lleváis hasta el día de hoy, y al Final de los Tiempos recibiréis el castigo de esa sangre inocente. ¡Oh, Jesús mío! ... Yo no seré obstinado como los judíos. ¡Yo te amaré, por siempre, por siempre, por siempre! (San Alfonso María de Ligorio)
    39 min
  • La verdad más grande de la historia 8 A, Donoso
    " EL TERRO R COMO REGIMEN DE GOBIERNO"
    Refiriéndose al contenido de "Los Protocolos", cita,
    Segel, lo referente a la manera como se hará respetar el
    dictador o déspota, y que él califica de protagonista principal, vale decir el rey de los judíos: "Debe establecer el
    imperio del terror con el propósito augusto de asegurar
    ta ciega obediencia y el ACATAMIENTO INCONDICIONAL".
    92
    ¿Y qué otra cosa ha hecho el régimen judío-masónícocomunista en Rusia que sembrar el terror y el espanto
    por todas partes, sometiendo a la más bárbara esclavitud
    a 170,000,000 de seres racionales y mandando a la eternidad a otros 16,000,000, por el delito atroz de levantar la vista o alzar la voz a los amos que han gobernado en aquella desgraciada Nación?
    Este y no otro es el proceder judío en todas partes
    donde se sienten algo fuertes ya o donde se encuentran
    con enemigos débiles o cobardes que tiemblan a la primera amenaza que les hacen, creyéndolos un poder avasallador y omnipotente.
    Y qué otra cosa es lo que por desgracia, está pasando
    ya en nuestra Patria? ¿Acaso no es el Judaismo quien
    tiene en sus manos y controla la situación económica
    de casi todos los Teatros, estaciones de radio y órganos
    de prensa? ¿Acaso no son los judíos, los que, por medio de los avisos comerciales, porque el comercio ya va
    estando casi todo en sus manos, especialmente en los ramos de joyería, pieles, muebles, que ya lo está íntegramente, los que disponen a su arbitrio de la vida o muerte de diarios, revistas y empresas editoras?
    ¿No hemos visto enmudecer la radío de una de las
    empresas periodísticas más poderosas de la capital, que
    estaba radiando "Los Protocolos de los Sabios de Sión" ,
    a la sola amenaza de retirarle todos los avisos si continuaban las radiaciones de esos documentos?
    ¿ No se ha tomado el peso ni se ha meditado en las
    consecuencias que puede acarrear, para el porvenir, el
    acatamiento de semejantes insolentes imposiciones?
    ¿No se ha comprendido que si se le deja la puerta
    abierta a este enemigo y no se le pone una barrera infranqueable a sus insólitas pretensiones, mañana o pasado,
    considerándose omnipotente, determinará él, a su antojo
    lo que deba publicarse o radiarse y esto tendrá que ser,
    únicamente, lo que convenga a sus intereses económicos,
    políticos y religiosos?
    Al acatar esta amenaza el órgano de la prensa que así
    ha procedido, le ha dado alas a la insolencia judía y ha
    dejado expedito el camino al más peligroso de los enemigos de la Patria.
    93
    Nó, esa empresa por ningún motivo debió silenciar
    su radio y al contrario, por su intermedio y por las columnas de su diario, debió denunciar, ante el pais entero este nuevo peligro que nos amenaza; debió haber dejado oír en uno y otra su más enérgica protesta, segura
    de que el público todo habría estado de su lado y se habría puesto a sus órdenes para conjurarlo y arrancarlo
    de raíz, antes que continúe tomando cuerpo y arraigando
    en nuestro suelo.
    Eso era lo que la conciencia, la dignidad y el patriotisto aconsejaban haber hecho.
    En sus comentarios llega Segel, en esta parte, a un
    punt o de "Los Protocolos", por desgracia, ampliamente realizados ya y conocido de todos. "Los ancianos de
    Sión" aparecen allí anonadando al mundo con la sumisióh de todos los pueblos, lograda con sobrenatural eficacia, por medio de un terror, que se pondría en práctica con el asesinato de soberanos y altos jefes de gobierno".
    Y bien ¿acaso no se ha cumplido ya este postulado
    de "Los Protocolos"? Claro que sí.
    Abramos las páginas de la historia y ellas nos mostrarán series interminables de nombres de personajes
    ilustres y de altos Jefes de Estado, caídos bajo el filo del
    puñal del asesino o del acero traidor del criminal, que
    los han herido por la espalda y a traición.
    Thiers, Cántu, Blanc y otros historiadores, relatan
    en sus obras centenares de crímenes perpetrados o mandados ejecutar por judíos y masones, según declaraciones de los propios asesinos.
    Veánse, si nó, unos cuantos de esos criminales atentados.
    En 1848, ateñtado contra el Príncipe de Prusia; en
    1849, muerte de Rossi y varios ministros; en 1852,
    atentado contra la reina de Inglaterra; en 1854, muerte
    del duque de Parma; en 1856, atentado contra la reina
    de España; en el mismo año, atentado contra el rey Fernando de Nápoles; en 1855, 57 y 58, se atenta y se
    conjura contra Napoleón III; en 1862, ^tentados contra
    los reyes de Prusia y Grecia; en 1865, asesinato del Presidente de los Estados Unidos; en 1866 y 67, atentados
    contra el Zar de Rusia; en 1867, atentados contra el
    94
    Presidente López del Uruguay y contra el Príncipe Miguel de Servia; en 1871, atentado contra el rey Amadeo
    de España; en 1872; asesinato del Presidente del Perú;
    en 1873, asesinato del Presidente de Bolivia; en 1875,
    asesinato, el más cobarde y alevoso de todos, del gran
    Presidente del Ecuador, García Moreno; en 1877, atentado contra el Presidente del Paraguay; en 1878, atentados contra el Emperador de Alemania, contra el rey
    de España, contra el íey Humberto de Italia, contra la
    reina de Inglaterra y repetición de atentados en el mismo año, contra el Emperador de Alemania y el rey de
    España; en 1879, atentados contra el Zar de Rusia y
    contra el sultán de Turquía.
    Asesinatos del Arzobispo de Quito, de dos hermanos
    del rey de Nápoles, del Príncipe de Capua, de los generales Latour, d'Auerswald, Lemberg y Lignowschi, del
    coronel Alberti, de Gambeta, de Prin, de Carnot Presidente de Francia, de Cánovas, de los Presidentes del
    Uruguay y Guatemala, de la Emperatriz de Austria,
    etc. etc.
    Pero para que remontarnos tan atrás, cuando en
    nuestros propios días, puede decirse, las víctimas han
    seguido cayendo, como en otoño las hojas de los árboles.
    El archiduque Fernando José de Austria, Sidonio
    Paez, Presidente del Portugal, Dollfuss, Calvo Sotelo,
    para no seguir con la interminable lista de víctimas, son
    testimonios irrefutables del cumplimiento de "Los
    Protocolos", logrado por medio del terror, puesto en
    práctica con el asesinato de Príncipes, de Reyes, de Jefes
    de Estados y de altas personalidades políticas y sociales.
    Crímenes como estos se encuentran por cientos en las
    páginas de la historia, de donde nadie los podrá borrar y
    quedarán grabados allí para baldón eterno, e infamante
    estigma de los criminales que los ejecutaron y de los
    malvados que los concibieron y los ordenaron.
    Terminaremos este párrafo con un estupendo comentario que nos ofrece Segel, sobre el poderío judío, sobre
    gobiernos, soberanos y naciones del oibe.
    Dice así el comentario: "De acuerdo con el discurso
    del protagonista máximo de esa conspiración (debe referirse a Herzl, seguramente) no sería difícil percibir
    95
    que bastaría que uno de los "Ancianos de Sión", alzara
    un solo dedo para dejar aterrorizados a todos los soberanos del mundo, conjutamente con sus ministios y sus
    altos asesores civiles y' militares (¡qué poder más colosal
    el del "Anciano de Sión!) El Emperador de Rusia, por
    ejemplo, según nos revela ese discurso fechado en "Los
    Protocolos" en 1897, ño menos que los demás soberanos
    del mundo, viven en la fabulosa ilusión de que realmente gobiernan, por tener bajo, su mando grandes ejércitos
    y armadas, conciertan tratados secretos o de otro orden,
    convocan parlamentos, pronuncian discursos a destajo y
    visitan con pompa y boato capitales extranjeras. Mientras el Emperador vive entregado a esa ilusión, se encuentran deliberando, en una cueva subterránea de Basilea los
    genuinos dominadores del curso de la historia, los UNICOS que con razón pueden alardear de tener en sus manos EL GOBIERNO Y LA SUERTE DE LAS NACIONES" .
    38 min
  • La verdad más grande de la historia 8 - b, Donoso
    IMPORTANCI A Y DIFUSION DE "LOS
    PROTOCOLOS "
    Difícilmente el cerebro humano ha producido otra
    obra que haya interesado más, que haya provocado
    mayores y más enconadas controversias y sobre todo,
    de la que se hayan hecho más ediciones, en casi todos
    los países e idiomas del mundo, como "Los Protocolos
    de los Sabios de Sión", hecho que reconoce y deja
    Los
    comprobado el propio Benjamín Segel, en muchas de
    las páginas de su citada obra.
    Y si esto así y es reconocido y confesado por los
    propios judíos, ¿hay, no diremos derecho, pretexto
    siquiera, para calificar rotundamente de aprócrifos
    documentos que tanto han llamado la atención y tan
    seriamente han preocupado a hombres y gobiernos de
    diferentes razas e ideologías? Si realmente fueran
    aprócrifos "Los Protocolos" ¿qué locura o incentivo
    habría arrastrado, no a uno, a cientos y talvez a miles
    de hombres a invertir millones y millones de pesos, en
    editar cientos de millones de ejemplares de un libro sin
    firma de autor, completamente anónimo, sin el menor
    espíritu de lucro y nada más que para que sea conocido
    y leído, si posible fuera por todos los habitantes del
    globo?
    Realmente es esta una locura sin precedente y sin
    rival en los anales de la humanidad. Más aún, un libro
    sobre el cual se han escrito artículos y folletos por
    miles, comentándolo y demostrando el cumplimiento
    de su contenido y uno que otro negando su autenticidad, sin aducir una sola razón medianamente atendible, ni un argumento aparentemente razonable, como
    los aducidos por Segel, en absoluto carentes de lógica
    y de veracidad, como lo vamos a demostrar en el curso
    de nuestro trabajo
    16 min
  • La verdad más grande de la historia 21, Donoso FIN
    El expurgo y la censura previa
    La participación del cura en el escrutinio puede entenderse en tanto que reunía buena parte de las condiciones para ser un calificador inquisitorial. Además, el Santo Oficio contó con la inestimable ayuda de individuos vinculados,
    por una u otra razón, al mundo de la cultura y del libro. En este pasaje el papel
    del barbero puede ser visto, desde la ironía, como aquella estrecha colaboración
    que el stablishment intelectual español tuvo con la Inquisición. El barbero como
    colaborador del censor o como privilegiado lector, ese el doble retrato que traza
    Cervantes. No obstante, maese Nicolás se sitúa todavía en una etapa previa a
    la del lector-censor, cuya práctica de lectura va a estar amparada por la advertencia del «caute lege». Una nueva actitud que significó un deslizamiento hacia
    la conciencia autónoma del individuo que era quien, en esos casos, podía también ejercer la censura31
    .
    El trato que recibió el Tirant ejemplifica no sólo la precipitación y el azar
    que con frecuencia rodeaba la práctica de la censura inquisitorial. Después de
    caérsele al ama antes de lanzarlo al patio, el cura exalta sus virtudes, condenar
    -presumiblemente— al impresor o al traductor de la edición en castellano, y le
    propone al barbero: «Llevadle a casa y leedle, y veréis que es verdad cuanto del
    os he dicho». Maese Nicolás, lector curioso, se convierte en cómplice de la labor censorial. Así, donde no llegaba el expurgo comenzaba el amplísimo campo de la lectura disciplinada, prudente y reservada.
    El barbero es un lector privilegiado, como aquellos que tenían licencia para
    leer libros prohibidos. Así se refiere al tratar la censura de Don Belianís de Grecia: «Pues ese —replicó el cura—, con la segunda, tercera y cuarta parte, tienen
    necesidad de un poco de ruibarbo para purgar la demasiada cólera suya, y es
    menester quitarles todo aquello del castillo de la Fama y otras impertiencias,
    para lo cual se les da término ultramarino, y como se enmendaren, así se usará
    con ellos de misericordia o de justicia; y en tanto, tenedlos vos, compadre, en
    vuestra casa, más no lo dejéis leer a ninguno».
    La colaboración externa en el expurgo, según un informe del visitador inquisitorial fray Joan de Miranda, era una práctica habitual hacia 1620, su contrariedad así lo manifiesto: «Porque la experiencia nos a mostrado que el fiar la
    expurgación de sus libros a sus propios dueños a sido de muy poco provecho.
    Respecto de que ni todos [los libreros} tienen expurgatorio ni quando le tengan, le entienden por su mucha confusión»32
    . El expurgo fue el principal signo
    de identidad de la práctica censora inquisitorial española. Su reivindicación fue
    una constante en las discusiones sobre cuales eran los límites jurisdiccionales de
    31
    PEÑA, M.: «Leer con cautela: estrategias y nuevos modos de censurar en el siglo XVII», Estudios y perspectivas^ de investigación. Estudios en memoria del profesor Ángel Rodríguez Sánchez, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2002, págs. 365-370.
    32
    AHN, Inquisición, leg. 4470, 31.
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    952 MANUEL PEÑA
    unos y otros. Debate en el que se hizo una defensa encendida del expurgo católico frente a la destrucción y quema de libros que hacían los protestantes, o
    frente a la práctica destructiva de la Congregación Romana que expurgaba
    pero que obligaba a imprimir de nuevo.
    No podían faltar, pues, referencias a la extendida práctica del expurgo en
    las páginas del escrutinio, como el que propone aplicar el cura a La Diana de
    Montemayor: «soy de parecer que no se queme, sino que se le quite todo aquello que trata de la sabia Felicia y de la agua encantada, y casi todos los versos
    mayores, y quédesele enhorabuena la prosa, y la honra de ser el primero en
    semejantes libros». También es expurgado, aunque de manera más genérica, el
    Tesoro de varias poesías de Pedro de Padilla: «menester es que este libro se escarde y limpie de algunas bajezas».
    Gilman se extraña que en capítulos sucesivos Cervantes parezca defender
    «la ferocidad crítica que al parecer había censurado en los comienzos», y se
    pregunta el porqué del cambio de táctica33
    . Cierto es que cuando el cura critica
    el teatro por ofrecer «espejos de disparates, ejemplos de necedades e imágenes
    de lascivia», hace una propuesta de censura previa: «Y todos estos inconvinientes cesarían, y aun otros muchos más que no digo, con que hubiese en la corte
    una persona inteligente y discreta que examinase todas las comedias antes que
    se representasen» (1-48). Cervantes no ha cambiado de actitud, únicamente se
    hace eco de un debate latente en su época: la tensión entre censura previa y
    censura a posteriori. En estos años decisivos, a la controversia sobre la licitud
    moral de la comedias se sumó una política de control de la organización del
    espectáculo. Un control y una censura que, a partir de diversos reglamentos, va
    a imponer la expurgación del texto a representar —desde criterios políticos y
    religiosos— y el control de la misma representación. A estos controles se sumaba la censura inquisitorial de las comedias publicadas34
    .
    En un ámbito distinto se situó otro debate con un transfondo similar, la dificultad de conjugar censura previa —civil y eclesiástica— y censura a posteriori. Fueron muchos los comentarios y varios los informes que plantearon una y
    otra vez la intervención de la Inquisición en la concesión de licencias35
    . En el
    debate sobre historia y ficción del capítulo 32, la respuesta del ventero Palomeque a la intención del cura de quemar sus libros de caballerías es reveladora
    de la aparente contradicción entre censura previa y censura a posteriori: «¡Bueno es que quiera darme vuestra merced a entender que todo aquello que estos
    buenos libros dicen sea disparates y mentiras, estando impreso con licencia real
    de los señores del Consejo Real, como si ellos fueran gente que habían de dejar
    33
    GILMAN, S.:La novela..., pig. 152.
    34
    Una síntesis sobre la reglamentación y la censura del teatro en DÍAZ BORQUE, J. Ma
    : Los espectáculos del teatro y de la fiesta en el Siglo de Oro, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2002, págs. 21-32.
    35
    PEÑA, M.: «Inquisición y cultura en la España moderna (siglos XVI-XVII)», Historia Social
    32(1998), pp. 120-121.
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    EL DONOSO Y GRANDE ESCRUTINIO O LAS CARAS DE LA CENSURA 953
    imprimir tanta mentira junta, y tantas batallas, y tantos encantamientos, que
    quitan el juicio!».
    De manera más o menos directa u oblicua, Cervantes reprodujo también
    una de las discusiones que se estaban produciendo en el ámbito inquisitorial a
    fines del siglo XVI, la desconfianza hacia los modos de realizar la censura previa que se practicaba desde «el interior» de la República de las Letras, favoreciendo amigos y condenando a los enemigos. El «guárdese, porque su autor es
    amigo mío» al calificar el Tesoro de varias poesías de Padilla.
    22 min
  • La verdad más grande de la historia 20, Donoso
    El pozo seco y la pereza de los calificadores
    El inicio de la calificación es impecable en lo que se refiere a las fases de la
    censura inquisitorial: «mandó al barbero que le fuese dando de aquellos libros
    uno a uno, para ver qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego». A pesar de la insistencia de ama y sobrina sobre los libros
    para ser quemados, el cura se resiste «sin primero leer siquiera los títulos».
    En la época era sabido el inmenso trabajo que suponía la aplicación de edictos e índices inquisitoriales. Con la publicación del expurgatorio de 1584 la
    tarea censorial creció tan desmesuradamente que se hizo inabarcable. No es
    casualidad que, ese mismo año, los inquisidores cordobeses solicitaran al
    Consejo de la Suprema que «por ser tantos y de tanta ocupación lo que an de
    ser expurgados, quatro calificadores que tiene el Oficio en esta ciudad a quien
    esto se a cometido, han dado a entender que será nunca acabar si sólo ellos lo
    an de hazer, y entendido esto, los conventos, por tener en sus librerías muchos
    libros que an de ser expurgados, hazen ynstancia se les dé licencia para que los
    puedan expurgar, suplicamos a Vuestras Señorías lo que devamos hazer y
    embiarnos más cathálogos y expurgatorios para este efecto»29
    . Sin embargo, la
    primera medida para facilitar la abrumadora tarea represiva no se hizo pública
    hasta los apéndices de 1614 y 1628.
    A mediados del siglo XVII, era conocida la pereza de la mayoría de los calificadores, para trasladar el contenido de los edictos condenatorios a los libros
    28
    ZABALETA, J. de: El día de fiesta por la mañana y por la tarde, ed. de C. Cuevas, Madrid, Castalia, 1983, pág. 396.
    29
    Archivo Histórico Nacional (AHN), Inquisición, leg. 4436, 61.
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    950 MANUEL PEÑA
    existentes en librerías públicas y particulares. Es comprensible que —apenas
    iniciado el escrutinio— el cura manifestase estar abrumado y cansado. Después
    de salvar al Amadís de Gaula y al Palmerín de Inglaterra, «todos los demás, sin
    hacer más cala y cata, perezcan». Esta indolencia del cura es compensada por el
    interés de un lector, el barbero, entusiasmado con su labor como colaborador.
    Ello no impide que Cervantes insista una y otra vez en la dejación eclesiástica
    de su responsabilidad inquisitorial: Después de salvar el Don Belianís, «sin querer cansarse más en leer libros de caballerías, mandó al ama que tomase todos
    los grandes y diese con ellos en el corral». Más adelante, después de calificar
    tres novelas pastoriles, el autor reitera de nuevo la negligente actitud del licenciado Pero Pérez: «Pues no hay más que hacer -dijo el cura—, sino entregarlos
    al brazo seglar del ama, y no se me pregunte el porqué, que sería nunca acabar». No fue así, después se calificaron cancioneros y demás poemas. Al final
    «Cansóse el cura de ver más libros, y así, a carga cerrada, quiso que todos los
    demás se quemasen; pero ya tenía abierto uno el barbero, que se llamaban Las
    lágrimas de Angélica».
    Además de salvar o condenar al fuego, en el vertiginoso proceso se intercalaron algunas de las prácticas más importantes de la censura inquisitorial. Al
    calificar el Espejo de caballerías, Cervantes se hizo eco de una de las decisiones
    más comunes y criticadas por libreros y lectores: «que este libro y todos los que
    se hallaren que tratan destas cosas de Francia se echen y depositen en un pozo
    seco, hasta que con más acuerdo se vea lo que se ha de hacer dellos». Los libros
    eran retenidos por los calificadores o se depositaban en la cámara del secreto
    del tribunal de distrito correspondiente, a la espera de una calificación, del expurgo o del fuego si ya estaban condenados. Era bastante habitual que se acumularan años tras año, y tan sólo algunos propietarios y libreros insistían en su
    devolución. Exigencia que en ocasiones se resolvía. El destino de esos libros
    olvidados no era necesariamente la quema.
    Saavedra Fajardo en su República literaria (c.l6l2) dedica unos sugerentes
    comentarios sobre el destino de los libros censurados, en los que podemos encontrar interesantes semejanzas entre el comportamiento del cura cervantino y
    el de los censores ancianos de la República. El censor encargado de los libros de
    jurisprudencia, enfadado por ser tanta la cantidad, «Y sin abrir algunos cajones, los entregaba para que en las hosterías sirviesen, los civiles de encender el
    fuego, y los criminales de freír pescado y cubrir los lardos». El destino de los
    libros censurados era diferente según que materia tratasen, y así podían acabar
    como abanicos, papelones, cohetes, tapas de botes, etc.. Los libros de historia
    eran «destinados para hacer arcos triunfales, estatuas de papel y festones». Sólo
    los libros políticos eran entregados al fuego, la razón del censor: «Este papel
    trae tanto veneno, que aun en pedazos y por las tiendas sería peligroso al público sosiego; y así, más seguro es que le purifiquen las llamas»30
    .
    3° SAAVEDRA FAJARDO, D. de: República literaria, ed. J. Dowling, Salamaca, Anaya, 1967,
    págs. 43-46.
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    EL DONOSO Y GRANDE ESCRUTINIO O LAS CARAS DE
    26 min
  • La verdad mas grande de la historia 19. Donoso
    Las delaciones y la censura preventiva
    La puesta en marcha de los mecanismos de la censura inquisitorial se inicia
    en el capítulo V con las delaciones. En primer lugar, el ama le sugiere al cura:
    «que estos malditos libros de caballerías que él tiene y suele leer tan de ordinario le han vuelto el juicio (...) Encomendados sean a Satanás y a Barrabás». Y a
    continuación, la sobrina dirigiéndose al barbero los califica de «desalmados
    libros de desventuras», después de una escrupulosa delación que lleva implícita
    la condena: «Mas yo me tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tío, para que los remediaran antes de llegar a
    lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros, que tiene
    muchos que bien merecen ser abrasados, como si fuesen de herejes».
    Después de escuchar las delaciones, el cura plantea cual es el principal objeto de la censura a posteriori: «a fee que no se pase el día de mañana sin que
    dellos no se haga acto público, y que sean condenados al fuego, porque no den
    ocasión a quien los leyere de hacer lo que mi buen amigo debe de haber
    hecho».
    Para Ascunce el argumento final de la decisión del cura no tiene una aplicación personal. En realidad parte de una lectura quijotista del pasaje, si en el entorno del hidalgo no hay candidato alguno a caballero andante en el que pudieran influir esas lecturas, el autor plantea una lección didáctico-moralizadora con
    un sentido universal27
    . No niego que esta interpretación sea plausible; sin embargo, observar la dinámica en la que se insertaban los libros en la época de
    Cervantes puede aclarar, en un doble sentido, la razón que explica la apertura
    de un proceso a los libros del hidalgo manchego.
    En la España moderna y en todas las comunidades de lectores, las herencias
    y los préstamos facilitaron la circulación y el acceso al libro en el marco de unas
    redes de sociabilidad a veces más amplias que la estricta horizontalidad de los
    grupos socio-profesionales. Las ejecuciones testamentarias permitían también
    un mercado paralelo de ocasión que a menudo desembocaba en las almonedas
    o en las librerías. Las almonedas eran el lugar por excelencia de adquisición de
    libros usados y tuvieron un destacado papel en la circulación de libros en las
    ciudades. Entre los compradores era habitual encontrar a los libreros, acaparando los libros de selectos clientes —abogados, médicos, etc..—, además de
    hallar a otros agentes sociales que ejercieron a menudo el papel de intermediarios culturales en el mundo del libro —notarios, clérigos,... —-. Juan de Zabaleta
    27
    ASCUNCE, J. A.: op. cit., pág. 123.
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    EL DONOSO Y GRANDE ESCRUTINIO O LAS CARAS DE LA CENSURA 949
    en El día de fiesta por la mañana y por la tarde (1660) destacaba que «sólo para
    una cosa son buenos los muchos libros, que es para prestarlos a quien desea
    aprender de ellos y no los tiene»28
    . Hacer desaparecer los libros del hidalgo
    supone incidir directamente en la circulación de libros difícilmente controlable
    por el Santo Oficio. Además, en la época de Cervantes la Inquisición consideraba ya el control y disciplinamiento de las prácticas de lectura como el principal objetivo de su inabarcable función censorial.
    Ante de iniciarse las calificaciones, Cervantes introduce una cotidiana
    transgresión en una práctica normativa habitual. Por boca del ama otorga al
    agua bendita poderes sobrenaturales en manos del cura ante los riesgos de encantamiento de los libros. De ese modo, el proceso comienza con una referencia
    a las prácticas supersticiosas o escrupulosas del ama, según si se pone el acento
    en los encantos o en el agua bendita. Un exceso católico que causa risa al mismo
    cura y que es calificado por el autor como una muestra de simplicidad. Esta
    permanente tensión entre superstición y escrúpulo es el hilo conductor de todo
    el episodio y del capítulo siguiente
    28 min
  • La verdad más grande de la historia 18, Donoso
    942 MANUEL PEÑA
    alcanza su punto más álgido cuando se subraya el uso de la paradoja y de la ironía en Cervantes. De ese modo, argumentó Gilman, «el mensaje oculto permanece necesariamente elusivo para los lectores que no estén familiarizados con su
    siglo y su cultura». Quedan desechadas, por erróneas, las llamadas explications de
    texte. Para el hispanista americano no hay ni burla rii sátira del Santo Oficio, el
    escrutinio es un ejercicio de «Inquisición literaria» de Cervantes. Sus dardos fueron dirigidos a un tipo de crítica literaria que no era capaz de distinguir entre
    valoración estética y dogmática, que atacaba los libros de caballerías por ser causa de escándalo y no por sus (de)méritos como obras literarias8
    .
    Los cervantistas defienden una lectura canónica del episodio del escrutinio.
    Ello no impide que algunos estudiosos realicen digresiones strictu sensu con la
    artificiosa exaltación de valores contemporáneos que justificarían la vigencia
    del provecho de la novela. Con la excepción de algunas expresiones de cierta
    universalidad, la mayoría de las apreciaciones cervantinas beben —defiende Eisenberg— de una fuente católica muy contextualizada y calificada por algunos
    otros historiadores como contrarreformista. Desde este enfoque, la misma crítica literaria que -supuesta y unívocamente— se halla en El Quijote, «aunque sea
    importante para el especialista que quiera entender a Cervantes y sus obras,
    tampoco tiene validez en la actualidad»9
    .
    El hecho de que la validez de la obra quede restringida a su época refuerza
    otras de las discusiones entre los cervantistas sobre la inevitable tensión entre
    texto y contexto. Los problemas de intertextualidad son una de las marcas indelebles de El Quijote. Tanto si el condicionamiento histórico-social pudo orientar la composición del texto, como si el texto ha de de ser considerado como
    sistema de representación de valores y comportamientos sociales, la opción
    interpretativa sobre la interacción texto y contexto histórico-social permanecerá siempre abierta. Georgina Dopico ha recordado que «el Quijote está completamente enraizado en su momento, que repite y cuestiona las certezas de su
    presente». Ante una pretendida y real España de cerrazón y ortodoxia, la España que aparece en el Quijote «es, por el contrario, territorio de la duda, espacio
    de contradicciones»10
    .
    8
    GlLMAN, S.: La novela según Cervantes, México, FCE, 1993, pp. 146 y ss. Las interpretaciones
    están lastradas desde el mismo momento que se subraya la ironía de Cervantes como base de su materia narrativa. Es comprensible que el mismo Gilman defendiese en 1970 una doble visión: «Así, aunque por una parte Cervantes emplea el escrutinio inquisitorial como una forma amena y humorística
    de expresar sus opiniones literarias, por otra dejar traslucir que la quema de libros (y se supone de
    personas) le repugnaba». Aún más, se trataría de una combinación de crítica estética con «una sátira
    velada contra los críticos que intentan abolir... o limitar la libertad del lector. ¡Y hasta con una ofensiva
    muy subrepticia contra la misma Inquisición!» (Los inquisidores literarios..., págs. 9-10).
    9
    ElSENBERG, D.: La interpretación cervantina del Quijote, Madrid, Compañía Literaria, 1995,
    pág. 164.
    10
    DOPICO, G.: «España abierta: Cervantes y el Quijote», A. Feros y J. E. Gelabert (dirs.), op.
    cit., págs. 387-388.
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    EL DONOSO Y GRANDE ESCRUTINIO.O LAS CARAS DE LA CENSURA 943
    Cervantes, como autor de su tiempo, tomó partido ante los problemas que
    convergían en la intrincada realidad del Siglo de Oro. Pero, su posicionamiento
    ha sido calificado de ambiguo, hipócrita, contrarreformista, liberal, irónico,.... El
    uso de lo cómico y de la burla fue imprescindible para construir realidades alternativas. Fue en esas construcciones narrativas donde dio cobijo a una actitud profundamente crítica con su época, al mismo tiempo que pragmática, propia de un
    superviviente de tiempos recios y años de hierro. Una permanente contradicción
    que atraviesa la novela, y que confluye en la tensión entre el ser y el parecer a la
    que se refiere Ricardo García Cárcel: «Cultura, insistimos, la de Cervantes, de
    transición asimétrica más cerca del punto de llegada que del de partida, que él
    resolvió mediante el ejercicio de la dualidad realidad-representación. Su literatura
    refleja permanentemente (...) la contradicción entre el engolamiento de los roles
    sociales y la pobreza de las identidades personales, la frustración permanente entre la representación escénica (parecer) y la realidad humana (ser)».
    La confusión que se desprende de ciertos comentarios de Cervantes respecto, por ejemplo, a las maneras de censurar, han incomodado a los historiadores
    a la hora de calificar su actitud ante la libertad o la represión. Como veremos
    más adelante, la contradicción entre el mensaje en uno u otro pasaje no es tal,
    es en esencia la perplejidad de un autor cautivado por la ambivalencia de la
    duda, encerrado en la creativa tesitura de optar por la transgresión de los límites o por la necesidad de las normas.
    EL ESCRUTINIO Y LA BIBLIOCLASIA DEL SIGLO DE ORO
    El escrutinio de la librería del Quijote no fue sólo una crítica de cierta literatura española y una evaluación de la ficción en prosa. Fue parte del debate sobre la valoración del libro que se gestó durante el siglo XVI. La actitud biblioclástica de desengaño de un cierto grupo de intelectuales hacia las letras y sus
    instrumentos se consolidó en torno a 1570, cuando el libro comenzó a ser analizado en tanto que medio de un saber fútil, objeto de una ciencia que se demostraba al fin vana. Del entusiasmo por lo tipográfico, por la posibilidad de
    contar con más libros y que éstos fuesen más baratos, se pasó rápidamente a las
    críticas moralistas a las letras profanas que legitimaban la necesidad de una
    tutela pedagógica de la lectura. A finales del siglo XVI ya se había alcanzado
    una sensación de cansancio hacia el libro, y empezaban a circular quejas sobre
    la confusión que generaba el exceso o sobre la difusión de errores e imposturas.
    Durante el siglo XVII este debate se mixtificó con las críticas a la proliferación
    de escuelas y estudios de gramática; según sus críticos, esta abundancia era
    económicamente contraproducente para la pervivencia de la monarquía11
    .
    11
    BOUZA, F.: «Balumba de libros: biblioclasmo, cultura escrita y buen gobierno en el memorial Por el agricultura del Vizconde de la Corzana», Bulletin of. Spanish Studies, vol. LXXXI, 7-8
    (2004), pp. 957-971.
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    944 MANUEL PEÑA
    En los márgenes de los ámbitos oficiales (civiles, eclesiásticos o inquisitoriales) existieron prácticas culturales que influyeron en la implantación de la censura institucional, mediante la elaboración de modelos ideológicos sobre la
    conveniencia de controlar la lectura y la escritura. En realidad, estas opiniones
    se encuadraban en un debate más amplio sobre los buenos y los malos libros,
    iniciado con anterioridad a las directrices tridentinas y a los posteriores índices
    inquisitoriales. Son muy conocidos los discursos moralistas -—sobre los libros de
    caballerías u otras lecturas de entretenimiento, y sobre los riesgos de lecturas
    femeninas— que proponían diversas medidas de control para no sólo generar
    una determinada recepción del texto, también para impedir el acceso de los
    lectores a esos libros u otros no deseables, reivindicando una censura destructiva o medidas prohibitivas más cercanas al expurgo12
    . El problema, como ha
    demostrado Ife, no derivaba únicamente de que la ficción —y no sólo la de los
    libros de caballerías— diera mal ejemplo, falsificase la realidad o socavase la
    autoridad de la verdad, sino también de la asociación leer es creer, realidad
    socio-cultural que con El Quijote alcanzaría el plano de la ficción13
    .
    Fueron diversas las medidas de control que propusieron los moralistas para
    no sólo generar una determinada recepción del texto, también para impedir el
    acceso de los lectores a esos libros u otros no deseables. Hubo autores que reivindicaron una censura destructiva; el franciscano Luis de Maluenda en su Tratado llamado de excelencias de la fe (Burgos, 1537) criticaba «la ambición destos
    tiempos de escrevir libros para los imprimir, que algunos estarían mejor rasgados que impressos, como muchos tratados de coplas livianas estarían mejor
    quemadas que publicadas por los moldes»14
    . Fray Antonio de Guevara en el
    prólogo general a su Relox de príncipes (Valladolid, 1529), maldecía y renegaba
    «de muchos vulgares libros que ay en España, los quales como unos reloxes quebrados merescían echarse en el fuego para ser otra vez hundidos. No sin causa digo que muchos libros merescían ser rotos o quemados, porque ya tan sin vergiiença y tan sin conciencia se componen oy libros de amores del mundo como si
    enseñassen a menospreciar el mundo. Compassion es de ver los días y las noches
    que consumen muchos en leer libros vanos, es a saber: a Amadís, Primaleón, a
    Duarte, a Lucenda, a Calixto, con la doctrina de los quales osaré dezir que no
    2
    Es abundante la bibliografía sobre el debate de la época sobre la conveniencia de los libros
    de caballerías, sigue siendo muy esclarecedor el ya clásico estudio de RIQUER, M. de: «Cervantes y
    la caballeresca», J. B. Avalle-Arce y E. C. Riley (eds.), Suma Cervantina, Londres, Tamesis Books
    Limited, 1973, págs. 273-292.
    13
    IFE, B.: Lectura y ficción en el Siglo de Oro. Las razones de la picaresca, Barcelona, Crítica, 1992,
    págs. 11-44.
    14
    Cit. CÁTEDRA, P. M.: «Límites de control del libro infantil (reformas religiosas y «cartillas»
    escolares en el primer tercio del siglo XVI», A. Redondo (dir), La formation de l'enfant en Espagne aux
    XVI et XVII siècles, Paris, Sorbonne, 1996, págs. 334-335.
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    EL DONOSO Y GRANDE ESCRUTINIO O LAS CARAS DE LA CENSURA 945
    passan tiempo, sino que pierden el tiempo, porque allí no deprenden cómo se han
    de apartar de los vicios, sino qué primores teman para ser más viciosos»15
    .
    Fray Luis de Alarcón en Camino del cielo (Alcalá, 1547) también recomendaba
    «cuan gran servicio harán a nuestro Señor los príncipes cristianos en mandar destruir los tales libros, no solamente los heréticos, mas también los carnales y sucios»16
    . Años más tarde, fray Antonio de Santa María en su Diálogo espiritual (Salamanca, 15 88) insistía en la necesidad de destruir los libros profanos:
    «Quemar tal libro es carda provechosa,
    y limpia quedaría la doctrina
    de nuestra Sancta Iglesia y religiosa
    verías muy más ser su disciplina (Al margen: Por el effecto mayor que haría]
    La gente qu'es de sangre bulliciosa,
    quitada la ocasión, la ley divina
    mejor attendería y al provecho
    de su alma y al camino más derecho»17
    .
    Otros autores, a pesar de compartir ese negativo juicio, proponían medidas
    prohibitivas más cercanas al expurgo. Para Pedro de Mexía los libros de caballerías
    «devrían ser desterrados de España como cosa contagiosa y dañosa a la república, pues tan mal hazen gastar el tiempo a los auctores y lectores de ellos. Y lo
    que es peor, que dan muy malos ejemplos y muy peligrosos para las costumbres...
    Porque tales hombres ay que piensan que passaron assí como las leen y las oyen,
    siendo como son las más délias cosas malas, prophanas y deshonestas»18
    .
    También en el Diálogo de la lengua Juan de Valdés distinguía entre los buenos libros {Amadís, Primaleón, Palmerín) de los malos (Esplandián, Lisuarte, F brisando, Oliveros, etc.), «Los quales, demás de ser mentirosíssimos, son tan mal
    compuestos, assí por dezir las mentiras muy desvergonçadas, como por tener el
    estilo desbaratado, que no hay buen estómago que los pueda leer»19
    .
    La polémica sobre los libros de caballerías o las opiniones sobre la verdad en
    los textos impresos fueron el barniz de un debate más profundo sobre la conveniencia o no de una tutela pedagógica de la lectura, justificada con criterios
    morales o político-religiosos. La experiencia de la escritura y de la lectura debía
    » GUEVARA, Fr. A. de: Relox de Prínrípes, ed. E. Blanco, Madrid, ABL editor, 1994, págs. 38-39.
    16
    ALARCÓN, Fr. L. de: Camino del cielo, ed. A. Custodio Vega, Barcelona, Juan Flors,1959,
    pág. 89.
    17
    SANTA MARÍA, Fr. A. de: Diálogo espiritual que trata quán dañoso es perder el tiempo y occuparse
    en leer libros profanos, intr. y ed. J. Sanz, Porto & Salamanca, Librería Portátil del Biblioclasta, 2000,
    pág. 40.
    18
    MEXÍA, P. de: Historia Imperial y Cesárea, Sevilla, Juan de León, 1545, f. I42v-l43r.
    19
    VALDÉS, J. de: Diálogo de la lengua, ed. A. Comas, Barcelona, Bruguera, 1972, pág. 198.
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  • La verdad más grande de la historia 17, Donoso
    EL DONOSO Y GRANDE ESCRUTINIO
    O LAS CARAS DE LA CENSURA*
    por
    MANUEL PEÑA
    Universidad de Córdoba
    A Klaus Wagner, in memoriam
    RESUMEN: La confusión que se desprende de determinados comentarios cervantinos sobre las
    maneras de censurar, han incomodado a ciertos historiadores a la hora de calificar
    su actitud ante la libertad o la represión. En este trabajo se analizan distintos pasajes de El Quijote en los que se observa la perplejidad de un autor encerrado en la
    tesitura de optar por la trasgresión de los límites o por la necesidad de las normas.
    El escrutinio de la librería de don Quijote no fue sólo una crítica de cierta literatura española y una evaluación de la ficción en prosa. En este capítulo y otros pasajes
    de la novela, Cervantes se hizo eco de las diversas prácticas de censura que se aplicaban -con criterios singulares- al universo de la cultura escrita.
    PALABRAS CLAVE: Censura, Inquisición, Expurgo, Cervantes, El Quijote.
    ABSTRACT: The confusion that derives from certain Cervantine commentaries on censorship has
    inconvenienced certain historians describing his attitude towards freedom or repression. In this work different passages from Don Quijote are analyzed, in which
    one observes the perplexity of an author obliged to decide between transgression of the
    limits or the necessity of the norms. The scrutiny of the Don Quixote's library was
    not merely a critique of a certain kind of Spanish literature and an evaluation of
    prose fiction. In this chapter and other passages of the novel, Cervantes echoes the
    diverse practices of censorship that were applied -^with singular criteria- to the
    universe of the written culture.
    KEY WORDS: Censorship. Inquisition. Cervantes. Don Quijote.
    * Este estudio se inscribe en el marco de Proyecto en Investigación HUM2005-07069-C05-02.
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    940 MANUEL PEÑA
    El Quijote ha sido calificado como un libro sobre libros, la definición más
    certera de una novela que ha generado infinitas adhesiones públicas y no menos silencios privados. Américo Castro la entendió como una exploración por
    los diversos enlaces entre la palabra escrita y las numerosas vidas de personajes
    que son también lectores. En la escritura cervantina se halla —en palabras de
    Castro— el latir fundamental del inmenso organismo llamado El Quijote, un
    palpitar que consiste en una diastole libresca y una sístole vital1
    .
    La lectura sesuda de la historia del hidalgo que enloqueció con la lectura,
    ha derivado en una suerte de bucle, de solipsismo hermenéutico que han contaminado o enloquecido a muchos exégetas. Así, se ha convertido en lugar común la sensibilidad de Cervantes a la problemática del libro y la lectura2
    . Sin
    embargo, la cuestión central de este topos no radica en la autoría sino en la
    interpretación / sobreinterpretación de la obra y del personaje principal, en una
    suerte de apología de un quijotismo universal y transcendente.
    Esta apreciación, clave en el debate latente —aunque sordo— entre quitojistas y cervantistas, ya fue planteada por aquellas (des)afortunadas palabras de
    Unamuno al referirse al escrutinio de la biblioteca del hidalgo: «es crítica literaria que debe importarnos muy poco. Trata de libros y no de vida. Pasémoslo
    por alto»3
    . La provocación unamuniana no ha sido muy apreciada por los filólogos e historiadores de la literatura, aunque encerrase cierta dosis de certeza.
    A la luz de cómo han se han multiplicado los estudios quijotistas, y en el sentido que se han hecho estos trabajos sobre determinados capítulos de carga libresca, las palabras de Unamuno no iban muy desencaminadas.
    1
    CASTRO, A.: «La palabra escrita y el Quijote», Hacia Cervantes, Madrid, Taurus, 1967, págs.
    359-419.
    2
    Entre la extensa bibliografía de muy desigual calibre e interés, sobresalen BERNÁRDEZ, A.: Don
    Quijote, el lector por excelencia (Lecturas y lectores como estrategias de comunicación), Madrid, Huerga & Fierro,
    2000; BOUZA, F.: «Los contextos materiales de la producción cultural», A. Feros y J. E. Gelabert
    (drs.), España en tiempos del Quijote, Madrid, Taurus, 2004, pp. 309-344; CASTILLO, A.: «La escritura
    representada. Imágenes de lo escrito en la obra de Cervantes», A. Bernât (éd.), Volver a Cervantes, Palma de Mallorca, Universitat, 2001, págs. 311-325, «Aunque sean los papeles rotos de las calles. Cultura
    escrita y sociedad en El Quijote», Revista de Educación, num. extraordinario (2004), págs. 67-76; LÓPEZ
    ESTRADA, F.: «La función de la biblioteca en el «Quijote»«, De libros y bibliotecas. Homenaje a Rocío Caramel, Sevilla, Universidad, 1994, págs. 193-200; MARCHANT, A.: Literatura e historia de la cultura escrita.
    Prácticas bibliófilas y escriturarias en El Quijote de Cervantes, Málaga, Universidad, 2003; BAKER, E.: La
    biblioteca de don Quijote, Madrid, Marcial Pons, 1997; MONER, M.: «La problemática del libro en el
    Quijote», Anthropos 98/99 (1989), págs. 90-92; HERRERO, J.: «La metáfora del libro en Cervantes»,
    Actas del Séptimo Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Roma, Bulzoni, 1982, t. 2, págs.
    579-584; DÍAZ, G.: «La locura de leer: Don Quijte en Sierra Morena», Actas del V Congreso de la AISO,
    Madrid- Frankfurt, Iberoamericana-Vervuet, 2001, págs. 422-428; RUBENS, E. F.: «Sobre el capítulo
    VI de la Primera parte del Quijote», Cuadernos del Sur, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur,
    1959; GlLMAN, S.: «Los inquisidores literarios de Cervantes», Actas del tercer congreso internacional de
    hispanistas, México, El Colegio de México, 1970, págs. 3-25.
    3 UNANUMO, M. de: Vida de Don Quijote y Sancho (1905), Madrid, Cátedra, 1992, pág. 192.
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    EL DONOSO Y GRANDE ESCRUTINIO O LAS CARAS DE LA CENSURA 941
    EL ESCRUTINIO Y LA CRÍTICA LITERARIA
    El donoso y grande escrutinio ha sido interpretado de manera unánime como
    una lección de crítica literaria. Su valor ha sido extraordinario, ya que en dicho
    capítulo -así como en otros pasajes— Cervantes expuso su pensamiento en
    torno a la materia narrativa, fuese como teoría literaria o como creación estética4
    . Desde ese punto de vista, el escrutinio se inserta en el proceso de generalización de la crítica literaria, más o menos incipiente desde el siglo XVI.
    La puesta en cuestión que en El Quijote se hace de los límites y de las reglas
    a las que estaban sometidos los textos de caballerías, poéticos o pastoriles son
    un referente obligado para los historiadores de la literatura. Estas notas literarias, según Pedro Ruiz, reflejan las diversas tensiones por las que atravesó la
    incipiente crítica en su proceso de formación. Uno de esos comentarios es la
    defensa de los libros de caballerías que realiza el ventero Palomeque, cuando
    recurre al aval del Consejo Real que, en forma de aprobación, aparecía en los
    preliminares de todas las publicaciones, (1-32). Pero, una vez más, el mejor
    ejemplo para medir el estado de la crítica en la España a fines del siglo XVI
    sería el episodio del escrutinio. En el escrutinio coinciden —según Ruiz Pérez—
    la representación del brutal ejercicio de la censura inquisitorial —simbolizada en
    el comportamiento incendiario e iletrado del ama y la sobrina— y la finura del
    juicio crítico del cura. Así, la invención cervantina se situaría a mitad de camino de los dos modelos que van a formalizar el ejercicio crítico en prácticas estables y consolidadas: la institucionalizada censura previa y el preceptivo vejamen
    de las selectas academias5
    .
    Las diversas interpretaciones filológicas parten de un mismo punto: la intención y el silencio. Estas fueron —según Ricardo Aguilera— las principales armas
    de Cervantes frente a la censura y el miedo6
    . Para este crítico, las sutilezas cervantinas no fueron escritas para lectores toscos, únicamente para «inteligencias
    bien constituidas, cuando no superiormente cultivadas». Sólo así y no de otro
    modo se deben entender, por ejemplo, los comentarios marginales de Cide
    Hamete sobre la verosimilitud de la historia: «Tú, letor, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere, que yo no debo ni puedo más...» (II-24)7
    . La propuesta no
    puede ser más sugerente: caminar al borde del acantilado. La sobreinterpretación
    4
    ASCUNCE, J. A.: LOS quijotes del Quijote. Historia de una aventura creatriva, Kassel, Reichenberger, 1997, págs. 122-129.
    5
    Ruiz PÉREZ, P.: «Aristarcos y Zoilos: Límites y márgenes del impreso poético en el siglo
    XVI», Bulletin Hispanique, 102 (2000), pp. 353-354. En el mismo número Víctor Infantes —en la
    línea abierta hace años por José Simón Díaz— enlaza las aprobaciones censoriales con los orígenes
    de la crítica literaria («La crítica por decreto y el crítico censor: La literatura en la burocracia áurea»,
    pp. 371-380).
    6
    AGUILERA, R.: Intención y silencio en el Quijote, Madrid, Endymion, 1992, págs. 110-112.
    7
    Todas las citas remiten a la edición del Instituto Cervantes dirigida por F. Rico (CERVANTES,
    M. de: Don Quijote de la Mancha, Barcelona, Instituto Cervantes-Crítica, 1998).
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  • la verdad mas grande de la historia 16
    El Hermano Ragón, el divino, el sublime Ragón, como lo llaman sus Hermanos de Logia, hace una descripción interesantísima de estas ceremonias, que vale la pena la conozcáis; dice así: "Cuando llega a este divino santuario, la tercera cámara, el candidato se entera de los compromisos que contrae. Allí se ven una cruz y una serpiente de tres cabezas, de las cuales la primera ostenta una corona, la segunda una tiara y la tercera una espada. A.él se le entrega un puñal que tiene el puño blanco y la hoja negra. La cruz, es de tham phalir.sé, infame, dije, de la degradación india. La serpiente designa el principio del mal, y las tres cabezas, para demostrar que trabajará, incesantemente, en la destrucción' de la Autoridad Religiosa, de la Autoridad Política y de la Fuerza que la sostiene". Tome nota el auditorio del concepto que la Masonería y los masones se tienen formado de la Autoridad, de la Rei ó i> y del Ejército, y abísmese, que después de lo qu~ oído, haya todavía hombres de Gobierno, católicos y militares que ingresen a la Masonería, felices y contentos y tienen el tupé de declarar, a los cuatro vientos, que es la mejor de las instituciones del mundo y que los masones son unos angelitos incapaces de hacer el menor mal a nadie!!! Continúo. Para que os forméis una idea cabal de lo que significan estas órdenes y juramentos políticos de la Masonería, voy a citaros un hecho concreto, que estoy seguro os ha de llamar profundamente la atención. No hace mucho tiempo, cuando la Francia tenía 40 millones de habitantes y los masones apenas llegaban en aquella nación en esa época, a 25,000, hubo una elección en la que la Masonería sacó triunfantes en las urnas y llevó a la Cámara de Diputados a 150 de sus cofrades!. Haciendo cálculos matemáticos, que por ser tales, tienen que ser exactos, llegamosi a esta espeluznante y reveladora conclusión: electores hicieron triunfar a 150 candidatos,
    41 41 o lo que es lo mismo, por cada 166 electores masones salió elegido un Diputado masón, y, admírense mis oyentes, el resto de la población, o sea, ,000 habitantes, sacó uno por cada ciudadanos. Más claro: en esa elección resultaron elegidos: un Masón por cada 166 masones, un profano por cada profanos,. ' Hay cabeza humana que pueda explicarse semejante aberración? Señores, yo creo que ninguno de vosotros, por más que ocupara en ello el resto de su vida, jamás podría explicarse, satisfactoria y razonablemente, absurdo tan monstruoso como espeluznante! Pero esto no es nada, señores, comparado con lo que ha pasado en Chile. Según el Mensaje oficial del Gran Oriente de la Masonería, ésta contaba en sus filas, en el año 1918, con sólo masones, incluso los extranjeros. Pues bien, en las elecíones de 1921, la Masonería obtuvo el 30% de los asientos de la Cámara de Diputados y esto, quedándome corto en los cálculos todavía. De modo que rebajados los 577 masones extranjeros que figuran en el Mensaje, porque no tienen derecho a inmiscuirse en nuestras contiendas electorales, fueron los restantes, los que sacaron 39 diputados masones y el resto de la población, o sea, cerca de 4.000,000 de habitantes los 79 diputados restantes. En buen romance: electores masones, suponiendo que todos estuvieran inscritos, obtuvieron 39 diputados, o sea, un Diputado masón por cada 45 masones y el resto de la población, suponiéndola solo de 3, , obtuvo un diputado por cada ciudada- nos- Admírense, señores, en Francia un Diputado Masón por cada 166 masones, en Chile un Diputado Masón por cada 45 masones; en Francia un Diputado profano por cada profanos, en Chile uno por cada Qué colmo y qué vengüenza, señores! No obstante, queréis conocer la causa de estos fenómenos, Queréis conocer la varíllíta mágica, que movida allá ocultamente en los antros tenebrosos de las logias masónicas,
    42 _ 42 produce estos resultados, verdaderamente asombrosos e inconcebibles? Ah, señores, vosotros la conocéis, tanto o mejor que yo, pero eso sí, que no tenéis el coraje suficiente para darla a conocer públicamente, y mucho menos para hacerla trizas entre vuestros puños, como deberías" hacerlo, por ser ella la única, la exclusiva causante de todas las desgracias que pesan sobre nuestra infortunada Patria. Si no os atrevéis a esto, seguid en vuestra apatía y culpable indiferencia, que yo os pronostico, desde ahora, que no está lejano el día en que esa varilla se descargue sobre vuestras cabezas y os haga sentir el peso de su poder avasallador. Esto lo decía yo, señores, a más o menos 500 católicos y unos 8 o 10 masones, el año de 1923 en Valparaíso y sin ser profeta, no titubeo en afirmar que se han cumplido al pie de la letra mis pronósticos de aquella fecha, porque todas las revoluciones que han hecho trizas las instituciones patrias, violado la Constitución y las Leyes y atropellado las garantías individuales', todas, absolutamente todas, se han fraguado, organizado y realizado, en las obscuridades de las Logias Masónicas y por elementos íntegramente, masónicos. Esa varillita, señores, es la injusticia que ;a diario se comete con las ya famosas reorganizaciones de oficinas públicas, ordenadas por Ministras y Jefes masones, con el exclusivo objeto de colocar empleados de mandil, capaces de arrastrar a las Logias al personal necesitado o dócil, o de arrojar a la calle al que sabe defender, con energía, su honor y su dignidad. Son las hostilidades, abusos y atropellos que se cometen con los buenos, hasta hacerlos doblegarse o desesperarse. Es> la indiferencia con que atienden y el desprecio con que tratan a sus correligionarios los Ministros y Jefes que no son masones, no importándoles un ápice, ni la capacidad, ni la necesidad muchas veces, de los que solicitan un empleo y son mil veces más aptos y dignos d-e ocuparlos que los señores de escuadra y de mandil, que se los llevan siempre, gracias a la pecha de estos y a la debilidad de carácter d.e quienes los tienen en sus manos y pueden disponer de ellos como cosa propia, llegando
    43 43 a ser provervial la consabida respuesta de: "yo soy hombre de Gobierno y no político, yo he venido a este puesto a servir a la Patria y no a mis correligionarios. Qué se diría de mí si yo principiara a colocar partidarios; eso no puede ser, discúlpeme Ud., no puedo, me es imposible atenderlo en lo que so- licita"- Y el correligionario, que por mil títulos era acreedor a ocupar un puesto público y capaz de desempeñarlo con inteligencia, eficiencia y honradez, sale decepcionado y despreciado de la «ala del Ministro, cuya puerta queda franca para dar paso libre al candidato de mandil, que va recomendado, por el Hermano de Logia, que ocupa otra cartera y éste sí que es digno de ocupar el pües'ío que se le negó al correligionario y muchas veces al amigo, a éste si que se le da gustoso, al otro no. De aquí, de este proceder, que no hay como calificar, es de donde nace el hecho de que algunos partidos políticos, vean ralearle sus filas, día a día y esos elementos que los abandonan, vayan a formar en otras filas, donde se les atiende y se les trata como lo merecen; y no se nos salga con la eterna cantinela de que a los partidos deben pertenecer hombres de ideas y no de estómago, como si la necesidad y el derecho a solicitar ayuda, de quienes tienen el deber de darla, estuvieran reñidos con los ideales políticos en los ciudadanos que no militan en la Masonería. Pero si son tan pocos los masones, como decís, d,e dón" de sacan dinero para sus obras y para sus campañas sectarias o políticas? Os lo voy a decir, también: lo sacan abundantísimo, del bolsillo de los católicos. Como suena, señores, del bolsillo de los católicos, porque estos eternos infelices y simpiternos ilusos, son los que costean siempre todas, absolutamente todas las obras y campañas de la Masonería. Os citaré dos hechos concretos que os harán ver que estoy en la razón al hacer estas afirmaciones. Era un Domingo del mes de Noviembre de 1921, se me había invitado para que diera una charla sobre Masonería, en una ciudad muy cercana a la capital; mientras llegaba la
    44 44 hora, charlábamos sobre el mismo tema con algunos amigos, cuando se me ocurre preguntarles, qué obras sociales y de beneficencia hay en este pueblo? La obra tal, la obra cual, me responden en coro y me citan seis u ocho, si mal no recuerdo. Tomo papel y lápiz y apunto el nombre de esas obras y sigo preguntándoles: Y quienes dirigen esas obras? Fulano, Zutano y Perengano, me contestan; apunto también el nombre de sus directores. Bien, y quienes costean el mantenimiento de esas obras? Ah, responden todos a la vez, nosotros, pues, nosotros y los demás católicos del pueblo! Infelices, desgraciados! les contesté ya No sabéis lo que estáis haciendo? Ignoráis acaso, que esas obras son las hijas legítimas y predilectas de la.logia de este pueblo y que sus directores son todos masones de la misma? Y les mostré en seguida, el Mensaje oficial del Gran Maestre de la Masonería Chilena, en que figuran las obras a que se dedica cada Logia en su respectiva localidad, a fin de que vieran por sus propios ojos, que eran obras masónicas todas las que ellos tanto querían y cuidaban con tanto solicitud y esmero. Y esto que ocurría en el caso que os acabo de citar, no es lo que ocurre en todos los pueblos y con todas las obras que la Masonería tiene establecidas en ellos? Que me desmienta alguien esta afirmación, que repito y sostengo y yo me encargaré de demostrarles su error y su ignorancia. El otro caso es el siguiente: Más o menos en la misma fecha de la anterior, se publicó aquí en Santiago, una obrita titulada "La Franc-Masonería y sus obras en Chile". Pues bien, en esta obra se dejaba constancia del hecho siguiente: Una de las principales obras de la Masonería es "Liga Protectora de estudiantes Pobres", que cuenta ya con gruesas sumas de dinero, en fondos de reserva, legados en su mayoría por católicos hechos y derechos; en dicho folleto aparece una larga lista de suscriptores que ayudan a dicha obra con cuotas mensuales, semestrales y anuales. Como es natural, entre los suscriptores hay de todo, radicales, liberales y conservadores; masorflss, protestantes y católicos, hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, ricos y pobres.
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  • la verdad mas grande de la historia 15
    Proclamar y enseñar el amor libre a esos entendimientos que recién se abren a las luces de la razón, a esos seres inocentes y puros, destinados a ser el encanto y la felicidad de los hogares, para forma'r después con ellos, una generación de impíos y de ateos, yo lo considero, señores, el más abominable y el más infame de los crímenes! No obstante estos irrefutables y contundentes testimonios, es más que probable que entre los oyentes haya más de alguno, incrédulo contumaz, por no darle otro calificativo, que dude de ellos y que, por lo menos en su interior exclame: ya qué se nos viene con esas cosas a nosotros? Acaso la Masonería Chilena, no ha südo siempre y lo es hoy, respetuosa de las creencias religiosas de la mtijer y de la enseñanza cristiana que se le da a', sus hijos? Al tal señor que así exclamara, le respondería yo: No! No lo es y lo digo bien en alto, para que lo oigan todos, no lo es, no lo ha sido, ni lo será jamás! En efecto, él Congreso Masónico celebrado en Santiago en 1912, aprobó, según se declara en la página 13 de su primer boletín oficial, como temas para discutirlos en sus sesiones, temas que fueron discutidos y aprobados en ellas y cuya realización la va desarrollando la Masonería Chilena, lenta, pero seguramente, los siguientes, entre otros para ejercer su influencia en la Sociedad profana: a) "Por medio de la enseñanza pública y privada: b) por medio de la prensa profana y masónica; c) en la beneficencia pública, y e) en la emancipación integral de la mujer". Ejercer influencia, en jerga masónica quiere decir: conquistar, apoderarse, hacerse dueño. Y bien, y no es la Masonería, pregunto yo, dueña y señora absoluta, de la enseñanza pública en Chile? Y no es la Masonería la que tiene en sus manos la prensa toda del país, salvo contadas y honrosísimas excepciones? Y no es la Masonería la que está laicizando la beneficencia pública, arrasando los altares y las imágenes, de las salas de los hospitales, estableciendo pensionados mixtos atendidos por enfermeras y remplazando a las hermanas de la Caridad, esos Angeles de la Caridad, más bien dicho, por empleadas mercenarias sin
    23 23 pisca de conmiseración y de' cariño, para con esas desgraciadas víctiímas del dolor y de la miseria? Y no es, por último, la Masonería, la que con la emancipación integral de la mujer y con el divorcio con disolución del vínculo, que patrocina como punto culminante de su programa de acción, pretende destronarla, arrancarla del santuario augusto del hogar, en donde hasta hoy ha sido tenida, considerada y respetada, como reina y soberana, para convertirla en ídolo de rufianes y de aduladores, para rebajarla al nivel de* las mujerzuelas mundanas y vulgares, que sólo viven prodiv gando sonrisas y recibiendo caricias, por no decir algo peor? Y no es esa la obra de la Masonería aquí y en todas partes donde ha sentado sus reales? Sí, señores, esa es la obra de la Masonería, el feminismo y la emancipación integral de la mujer, como se dejó establecido en el Congreso Anti-Masónico Internacional celebrado en Trieste en 1897, al que adhirieron más de 50,000 católicos, entre los que figuraban 22 cardenales, 30 arzobispos, 200 obispos y más de 150 periódicos católicos y en el cual, después de estudiarse detenidamente más de 150 volúmenes de obras masónicas, se llegó, entre otras muchas, a la siguiente conclusión: 11.a "que para corromper irremediablemente a la familia, la Masonería procura corromper a la mujer, que no sólo la hace ingresar, siempr.- que puede a sus Logias, sino que es el alma del movimiento llamado feminista o de emancipación de la mujer". Pero hay algo más, todavía, señores, y algo que para nosotros los chilenos significa un gravísimo peligro. La Masonería Chilena en su odio a Dios y en su afán de corromper a la niñez, ha llegado, a donde no ha llegado la de ningún otro pueblo de la tierra, a la infamia de calificar de pornográfico el Catecismo que aprendimos nosotros, sobre las rodillas de nuestras santas y cristianas madres y en el que nos enseñaron a conocer, a amar, a reverenciar y a servir a Dios Nuestro Señor,. El Catecismo, ese libro admirable, del cual han dicho Joufroy y Julio Simón, que no eran pechoños, por cierto:
    24 24 "Existe entre las obras filosóficas un libríto que se hace aprender a los niños en las escuelas; leed ese liíbrito y encontraréis en él resueltas todas las cuestiones, todas sin excepción alguna. Preguntadle al cristiano, de dónde viene la especie humana? El lo sabe; a dónde va? El lo sabe; cómo va? El lo sabe. Preguntad a ese pobrecito niño, por qué está acá abajo y qué vendrá a ser después y él os dará una contestación sublime. Origen del mundo, origen de la especie, cuestión de la raza, destino del hombre en esta vida y en la otra, relación del hombre con Dios, deberes del hombre con sus semejantes, derechos del hombre sobre la Creación, el niño cristiano no ignora nada. Y cuando sea hombre no vacilará acerca del derecho natural, acerca del derecho de gentes, todo esto lo' sabe, todo esto fluye del Cristianismo como de su propio manantial. He aquí lo que se llama una gran Religión; se conoce por este distintivo; ella no deja sin respuesta ninguna de las preguntas que interesan a la Humanidad". Y éste es, señores, el libro que los masones de Chile califican de pornográfico, en la página 264 de su revista "La Verdad" de 15 de Enero de Y este es el libro, señores, que la Masonería Chilena quiere desterrar de las escuelas y sustraerlo a la enseñanza de la niñez. Este libro que es la admiración de los más grandes talentos de la Humanidad, por su admirable, por su sapientísima, por su inmortal doctrina, es para los señores masones del último rincón del mundo, un libelo despreciable y pornográfico, diigno de ser arrojado por allá lejos, por allá donde se arrojan las inmundicias, para que no contagien la ciudad! Parece increíble, señores, que esto sea efectivo, pero en realidad lo es, como lo váis a oír: "No pongáis el Catecismo de la Religión Católica en manos del niño, dice la Masonería Chilena, reservadlo para los adultos de carácter ya formado y de conciencia ilustrada. Contiene ese libro, aun cuando lo haya escrito un varón recatado y prudente, páginas pornográficas y una serie de problemas que despiertan la curiosidad del niño en sentido tal que hiere su moralidad y que cuando menos, le enseña palabras impropias. Además, en ese libro, si se habla del amor al prójimo para recomendarlo,
    25 25 también se enseña con insistencia que el amor a. Dios es superior al amor debido al prójimo". "Con este pretexto, se inculca en corazones inocentes y buenos el odio contra todo hombre que no es romanista y a quien se presenta como enemigo de Dios. Los impíos, los herejes, los descreídos son en ese libro los grandes pecadores, los seres más dignos de odio"
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Resulta que desde que nacemos en este planeta, según el lugar donde nazcas se te contara la historia oficial de tu pueblo de una manera o de otra, según la fuente de información y el punto de vista, basado en diferentes aspectos de los hechos y la realidad... pero.... según la fuente oficial para todo el planeta llegado desde occidente, es decir... la única historia que se acepta y se promueve oficialmente por todos sus ministerios gobiernos leyes y medios de comunicación, es la que han escrito los falsificadores de la historia de esta mal llamada "civilización moderna".