2. De las novelas a los ensayos
Con esta ironía mordaz de Chiriboga termina nuestro recorrido de los dos textos de ficción. Cotejar sus contenidos relacionados con la literatura evidencia que las consideraciones literarias enunciadas por los personajes o el narrador han sufrido una evolución notable cuya causa no es difícil de encontrar: catorce años representan un lapso temporal suficiente como para que nuevas realidades aparezcan -por ejemplo las nuevas tendencias literarias- o para que las interpretaciones o percepciones de un hecho existente se modifiquen -como la visión del papel desempeñado por el exilio en la narrativa latinoamericana. Pero estas modificaciones, en algunos casos, llevan a visiones inconciliables.
Ahora bien, si las dos novelas presentan interpretaciones contradictorias, ¿cómo van a poder relacionarse con la vertiente ensayística, la Historia personal? El lector recordará que ésta contiene dos partes: el texto original, de 1972, y una puesta al día redactada en 1983 que actualiza (22) -pero que también corrige, y aquí está la clave- los juicios enunciados en la primera edición. Las razones de estas correcciones son tan fáciles de entender como lo era la evolución comentada arriba: la Historia personal analiza unas obras y unos escritores contemporáneos, sin gozar por consiguiente de una distancia crítica suficiente como para poder pretender, aunque parcialmente, a un juicio definitivo. En 1972, José Donoso tenía consciencia de este peligro y se protege de los reproches futuros que se le podría hacer cuando la evolución del panorama literario haya desmentido sus análisis mediante una retórica de la incertidumbre clásica y muy frecuente entre los escritos sobre el boom contemporáneos de la Historia persona (23).
Once años más tarde (24), las necesidades del mundo editorial -la edición de 1972 está agotada- y el deseo de poner al día su primera versión de los hechos (p. 142) le impulsan a retomar la pluma, afirmando opiniones diferentes a las de 1972, y afirmándolas de un modo distinto. Una comparación, basada en nuestros análisis precedentes, de las dos ficciones con los dos ensayos evidencia un paralelismo casi perfecto que se organiza de la siguiente manera: El jardín, la ficción de 1981, se basa en la Historia personal, la primera versión del escrito teórico, editada en 1972, mientras que la novela publicada en 1995, Donde van a morir, retoma las ideas de Diez años después, el apéndice de 1983 (25).
El parentesco entre El jardín y el ensayo de 1972 es visible desde la primera página de la Historia personal: la envidia que atormenta a Julio en El jardín remite directamente a la cita de Benito Pérez Galdos que sirve de epígrafe al texto de 1972: «Deme [sic] usted una envidia tan grande como una montaña, y le doy a usted una reputación tan grande como el mundo…» (p. 9). El resentimiento que nace de esta sensación de exclusión provoca unas críticas que Donoso transcribe en la Historia personal con el mismo término que en la ficción de 1981 -mafia-, a pesar de su fuerte connotación negativa. Sin embargo, el ensayista nunca asume directamente la parternidad de estas acusaciones y siempre las atribuye a los que no forman parte de la categoría selecta de los elegidos: «[…] fueron sobre todo los escritores excluidos de sus páginas [de la revista Mundo nuevo] los que comenzaron a hablar de una mafia» (26). En cambio, Donoso explora abiertamente, dentro y fuera de la literatura, los factores que otorgan una unidad al movimiento: a pesar de su innegable diversidad nacional, estética o estilística, sus integrantes -que por otra parte tienen derecho a un comentario individual- terminan siendo los eslabones de una congregación percibida como un todo: cada escritor constituye nada más que un «momento» del boom (27) considerado como conjunto.
Precisamente cuando busca los rasgos que reúnen a los escritores del boom para dar cierta coherencia a este movimiento, alude José Donoso al exilio y al compromiso. José Donoso constata que el exilio fue una experiencia compartida por casi todos los novelistas, y que «[…] la mayoría de las novelas capitales del boom fueron escritas fuera del país" (28). En cuanto al compromiso del escritor, es un tema que Donoso enfoca tambien desde un punto de vista socio-literario: el ensayista encuentra otro factor unificador del boom en la «unanimidad política» (p. 45) de los novelistas frente a la revolución cubana (29).Como práctica de escritura, el compromiso sufre la misma evolución en la Historia personal y en El jardín (donde el tono menor sucede al tono mayor): se describe en el ensayo el paso de una novela empapada en el realismo social y juzgada agobiante, a una práctica narrativa que no prohíbe las búsquedas formales (pp. 21-24) (30).
Se pueden observar los mismos paralelismos entre Donde van a morir y la puesta al día de la Historia personal en Diez años después: la melancolía de Chiriboga es el eco de la nostalgia omnipresente en el apéndice, una nostalgia que se expresa de mil maneras, entre las cuales mediante la repetición del verso de Neruda «y nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos» (p. 147-149). Con nostalgia también constata José Donoso la disolución del grupúsculo y la individualización de sus miembros, que «se han ido distanciando y diversificando más y más, adquiriendo sus propios perfiles» (p. 146), exactamente como el solitario Marcelo Chiriboga en la novela de 1995.
Como lo hará el narrador de Donde van a morir, Diez años después formula la comprobación de la pérdida del carácter revolucionario del boom, que fue «canonizado» (p. 147) y debe asumir el precio de la gloria: «[…] aquello que fue, entonces, discutido, es ahora aceptado; que los revolucionarios han sido canonizados; que experimental y artificioso en aquella época, es ahora un idioma aceptado como clásico por la mayoría […]» (p. 142). La desesperación del ensayista alcanza el lirismo cuando éste alude al olvido que está acechando a los novelistas del boom y profetiza que los jóvenes lectores se desinteresarán, como los de San José en Donde van a morir, de estas novelas: «Ya se irán enfriando algunos astros de la gloria para desaparecer en los hoyos negros del firmamento» (p. 143).
En cuanto a los otros temas que nos interesan, aparecen comentados muy brevemente en Diez años después, seguramente por la brevedad del apéndice: José Donoso vuelve muy rápidamente sobre las acusaciones de mafia transcritas diez años antes (unas acusaciones ausentes de Donde van a morir), cambiando el subjetivismo lírico del que hizo alarde precedentemente por una impecable honestidad intelectual, al refutar las calumnias: el escritor reconoce que «nada de eso era verdad» (p. 147). Donoso no hace más que aludir al compromiso: expresa su escepticismo frente a una visión -fraguada por la revista Newsweek- de la novela latinoamericana como novela política, una afirmación que el escritor juzga «reductor[a]» (p. 145). El exilio tampoco merecerá más que una puntualización en 1983 (p. 148).
in embargo, no deja de asombrar la exactitud del doble paralelismo (31). Claro que éste no es sino el reflejo exacto de la cronología: cada novela se apoya en el ensayo que, cronológicamente, la precede. Sin embargo, un examen más detenido de dicha cronología saca a la luz unas particularidades. Es notable que los dos textos más cercanos cronológicamente tienen poco que ver del punto de vista del contenido: El jardín, publicado en 1981, no influyó en Diez años después, editado en 1983. Sin embargo, los cambios del panorama literario no pudieron hacerse de la noche a la mañana: su evolución fue sin lugar a dudas progresiva y por consiguiente, bien podía vislumbrarse ya a principios de los ochenta.
Asimismo, no deja de extrañar la amplitud de la distancia temporal que separa cada ficción de su ensayo inspirador: en la novela de 1981 se pueden hallar las ideas expuestas nueve años antes, en el ensayo de 1972, mientras que las opiniones fraguadas en el ensayo de 1983 alimentan la ficción publicada doce años más tarde, en 1995. Estas filiaciones establecidas entre unos textos separados por un decenio -y esta ausencia de filiación entre dos textos casi contemporáneos- son aún más sorprendentes si se toma en cuenta la índole inevitablemente coyuntural de las afirmaciones literarias de los dos ensayos. Además, la máscara de la ficción habría protegido a José Donoso si éste hubiera emitido en una ficción alguna interpretación errónea de la realidad literaria. Paradójicamente, es la máscara de la autobiografía (aunque sea literaria o llamada «historia personal») que Donoso prefiere para protegerse (32).
Resulta pues patente que José Donoso se niega a usar sus novelas como laboratorios donde podría experimentar sin peligro sus ideas teóricas acerca de la literatura antes de enunciarlas en la forma seria del ensayo. Al revés, el escritor reserva para sus ficciones las hipótesis confirmadas y los análisis que superaron la prueba del ensayo. Y que la superaron con creces, puesto que nada menos que diez años separan cada novela del ensayo del que se nutre. José Donoso parece pues haber invertido los términos: concede a sus ficciones una veracidad nada ficticia, por lo menos en el campo de la teoría literaria. El propio Donoso formuló, en un artículo de 1990, otra inversión, aplicada esta vez al binomio novela vs. memorias, pero que corrobora nuestro análisis. Hablando de sus intentos en el campo de la autobiografía, el escritor confiesa:
[...] por mucho que trate de hacer verídicas mis memorias, son siempre falsas, siempre mentira, cosa que mis novelas, buenas o malas o mediocres, jamás lo son. [...] [en mis memorias] había deformado la realidad mucho más de lo que lo hubiera hecho escribiendo una novela sobre lo mismo. [...] ¿Pero para qué escribir memorias mentirosas si se puede decir la verdad escribiendo novelas que no son mentira? (33)
Estas sabrosas fórmulas donosianas parecen indicar que José Donoso no adhiere a la tradicional ecuación «novela-ficción», y que nutre sus novelas de verdades. Por consiguiente, podemos contemplar la posibilidad de encontrar auténticos juicios literarios, o una reflexión teórica nada ficticia en las páginas de El jardín o Donde van a morir, a pesar de su estatuto de ficción (34). Esta constatación sirve de contrapunto -al mismo tiempo que la completa- al análisis de Verónica Cortínez acerca del género de la Historia personal. Ésta concluye que «bajo el disfraz del ensayo» (p. 21), el ensayo de 1972 corresponde en realidad a las reglas que el propio Donoso ha fijado para la literatura: «Donoso lleva a cabo precisamente el proyecto que le [sic] atribuye a los nuevos novelistas. "Hacer una literatura que no aclare nada, que no explique, sino que sea ella misma pregunta y respuesta, indagación y resultado, verdugo y víctima, disfraz y disfrazado (40, subrayado suyo)"» (35). Esta convergencia de objetivos resta a la Historia personal parte de su índole ensayística y la inscribe en el -o por lo menos la acerca al- género novelístico.
Parece por consiguiente que la separación que se suele establecer entre textos ensayísticos y textos de ficción pierde, en el caso de Donoso, parte de su pertinencia. En los aspectos que se refieren a la creación literaria, se observa una continuidad entre la Historia personal y las novelas posteriores. La subversión genérica practicada por José Donoso desplaza las fronteras de la índole del texto, o la suprime, lo cual no deja de desembocar en una contaminación de un género por el otro, en un hibridismo que hace que ya no se puede hablar de diferencia de naturaleza sino de grados distintos de realización genérica.
Frente a este «engaño genérico» y a semejantes derrumbamientos de fronteras que produce la literatura, nadie podrá extrañarse de que sea el propio Marcelo Chiriboga quien firme en 1996 la contraportada de las Nueve novelas breves de Donoso (36). Entre tantos juegos de novelas verdaderamente ensayísticas, y de ensayos tendenciosamente novelísticos, de ficción verdadera y de verdades ficticias, es totalmente posible que el novelista ecuatoriano haya encontrado una hendidura en la que se coló para salir de la ficción y comentar la obra de su creador. También podemos creer que este detalle sólo es un guiño de los editores a José Donoso y a sus lectores; pero esta última versión de los hechos sólo es una de las posibles explicaciones de la última hazaña de Marcelo Chiriboga…