Masones en la Luna
Masones en la Luna
Es incuestionable que, por medio, de sus diversos ritos, la francmasonería es la heredera de numerosas tradiciones que nos retrotraen al Egipto faraónico. Lo sorprendente es que algunos de sus miembros, estratégicamente situados en la NASA, han programado algunas misiones espaciales de acuerdo a conocimientos y simbolismos de marcado cariz masónico, es más, la mayoría de los viajes a la Luna fueron protagonizados por miembros de esta sociedad secreta.
“Es un pequeño paso para el hombre y un gran salto para… la masonería”. Las palabras pronunciadas por Neil Armstrong el histórico 20 de julio de 1969 no fueron exactamente estas aunque pudieron haberlo sido, a juzgar por los datos que ofrecemos a continuación.El primer viaje del hombre a nuestro satélite natural fue protagonizado por una delegación de la masonería y, no sólo eso; el alunizaje del Apollo XI fue programado de acuerdo al calendario de Osiris, el dios más importante del panteón de los antiguos egipcios y figura emblemática del hermetismo que sirve de base a algunos ritos francmasónicos. ¿Sorprendido? ¿Incrédulo tal vez?
Hasta diez astronautas de la agencia espacial norteamericana, NASA, han sido o son masones. Donn F. Eisele y Walter M. Schirra, por ejemplo, que orbitaron nuestro planeta hasta en 163 ocasiones desde la cápsula del Apollo VII, formaban parte de la logia Luthor B. Turner de Columbus (Ohio) y de la logia Cañaveral, en Cocoa Beach (Florida), respectivamente. También Thomas P. Stafford, que voló a bordo de la Misión Apollo X y Apollo XVIII, formó parte de la logia Western Star, en Weatherford (Oklahoma).
La masonería especulativa, en cuyas filas hemos de situar a estos y otros cosmonautas, tiene como objetivo la consecución de una sociedad humana más armónica, justa y fraternal partiendo de una mejora personal de sus miembros. Para ello, esta sociedad discreta utiliza ritos y tradiciones que fueron protegidos celosamente por los constructores medievales de catedrales –llamados masones operativos- quienes se organizaron en gremios para preservar sus secretos profesionales. Hay quienes piensan, sin embargo, que sus raíces se remontan más atrás, 1.000 años antes de Cristo, durante la construcción del Templo de Salomón en Jerusalén o, incluso, mucho antes, cuando en Egipto se erigieron las grandes pirámides.
En cualquier caso quienes conservan y transmiten la Tradición iniciática son, por lo general, hombres que evidencian una sincera inquietud por el Conocimiento. En él ven una forma de trascender, de entender qué se esconde tras las meras apariencias físicas y mentales del mundo en el que vivimos, aunque no siempre es así.
Para algunos, la masonería sigue siendo un universo poblado de figuras sombrías que, a menudo, buscan en la sociedad secreta influencia y poder. Desde la más remota antigüedad la masonería ha entremezclado en su red las artes negras del espionaje, la subversión y la revolución. Y justo eso es lo que el asesor científico de la CBS y antiguo consultor de la NASA, Richard Hoagland, asegura que hay detrás de la presencia de masones en la conquista lunar. Y no sólo por parte de quienes subieron a bordo de las cápsulas sino, sobretodo, entre los responsables de la agencia espacial y el personal técnico que diseñó la misión.
Es conocido que uno de los padres de la Jet Propulsión Laboratory (JPL), Jack Parsons, creador de los combustibles empleados en los cohetes espaciales, fue miembro de una logia de la OTO (Ordo Templi Orientis) en Pasadera y discípulo del mago Aleister Crowley.
El responsable de la NASA durante el programa espacial Apollo, C. Fred Kleinknect, es ahora Soberano Gran Inspector del Council of the Southern Jurisdiction y grado 33 del Antiguo Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Se dice que en la Casa del Templo, en Washington DC, hay una fotografía de Neil Armstrong sosteniendo su Delantal Masónico a la altura de la cintura. El primer hombre que pisó la Luna, sin embargo, jamás ha reconocido formar parte de la francmasonería. La confusión, seguramente, pueda estar motivada porque su padre, que también se llamó Neil, sí fue un activo masón. Sorprende comprobar como seis de los diez astronautas con filiación masónica reconocida, formaron parte del proyecto Apollo que pretendía llevar al hombre a la Luna, un desafío en el que convergieron intereses científicos, financieros, políticos y estratégicos junto a otros de difícil catalogación, aunque repletos de simbolismo. Me explico.