s horas de ocurrido el segundo atentado (la implosión en la AMIA,
ya con gobierno laborista en Jerusalén) los gobiernos israelí y
norteamericano propagaron la noticia, a todo el mundo, de la culpabilidad de
Irán y de Hezbollah en el suceso. Fue como una respuesta aprendida y
memorizada de antemano. Es así que el gobierno y la justicia argentinas, con
una intromisión directa y descarada de la Embajada de Israel, impulsan las
investigaciones que hasta el momento han producido algunos detenidos -en
relación sólo con el segundo atentado-, aunque a ninguno de ellos se le ha
podido encontrar implicaciones ni directas ni indirectas con el hecho (4).
Fue asimismo la inteligencia -o la contrainteligencia- israelí quien emite
la falsa información de que los atentados se realizaron desde el exterior de
ambos edificios, y a través de sendos "coches-bomba". Son asimismo esos
grupos de la "seguridad" del Estado de Israel quienes aseguran la
culpabilidad del "terrorismo islámico", hecho que al día de hoy no está
demostrado ni siquiera remotamente.
Mientras el fundamentalismo terrorista judío crecía en forma vertiginosa
dentro de las fronteras del Estado de Israel, y en cada una de las
principales comunidades judías en Occidente, asumiendo la forma de numerosas
organizaciones y subideologías, la totalidad de su sistema de seguridad
interior con eje en el Shin Beth estaba orientada casi exclusivamente hacia
el "terrorismo árabe".
Cuando el asesino judío Baruj Goldstein, el 25 de febrero de 1994, dispara
sobre una multitud de musulmanes que oraban en la Cueva de los Patriarcas,
se produce una aparente confusión en el sistema de seguridad israelí. En
apariencia nadie había previsto "... que un judío podía perpetrar una tal
masacre. La seguridad militar había recibido (del Shin Beth), un día antes
de la masacre, una información concerniente a una eventual agresión de Hamas
contra los judíos" (5). El mundo al revés.
Para salvar sus responsabilidades, el servicio de informaciones del ejército
(6) hizo pública, ante la Comisión Shamgar (formada por primera vez para el
"caso Goldstein" y, luego, utilizada para el "caso Rabin") la siguiente
información: "Nuestro trabajo de análisis concierne a la situación del
enemigo y no a la de nuestro propio campo. Las informaciones que nosotros
recibimos del Shin Beth sólo tienen relación con eventuales ataques árabes,
y no a la inversa... Para nosotros, la interpretación de base es clara:
cuando un judío porta un arma, es para defenderse. Un árabe sorprendido con
un arma, es un terrorista" (7).
Respetando con toda exactitud esa misma metodología, todas las hipótesis de
trabajo aportadas por el Estado de Israel (con el apoyo posterior de grupos
de inteligencia norteamericanos), en relación con los Atentados de Buenos
Aires, estuvieron orientadas a "demostrar" la "maldad intrínseca del régimen
iraní y del islamismo de Hezbollah". Y todas ellas han abortado a poco de
andar las respectivas investigaciones judiciales, que eran asimismo
extremadamente complacientes con las hipótesis originales.
La opinión pública internacional quedó conmovida ante el asesinato de Rabin,
que cae bajo las balas del líder de una organización fundamentalista judía,
que tenía complicidades manifiestas con el Shin Beth. Quedó al descubierto
un hecho que muy pocos especialistas habían explicitado con anterioridad: la
sociedad israelí estaba sufriendo disensiones internas extremadamente
graves, en el límite de una guerra civil (8).
Sin embargo, ese no es el hecho más significativo. Lo realmente
impresionante son las conexiones, que salieron a la luz a partir de las
conclusiones -públicas- de la Comisión Shamgar, encargada de investigar el
asesinato de Rabin. Esas conclusiones públicas son realmente desvastadoras
respecto de la confiabilidad de los servicios de seguridad israelíes, en
general, y del Shin Beth en particular.
La Comisión Shamgar, que lleva el nombre del ex presidente de la Corte
Suprema de Justicia, Meir Shamgar (9), produjo asimismo otro informe de
aproximadamente 100 páginas, que fue clasificado como de alto secreto, que
es donde, muy probablemente, se podrán encontrar algún día, las claves
oficiales de los Atentados de Buenos Aires.
Naturalmente que esos atentados se produjeron por factores absolutamente
ajenos a los problemas internos que hoy asfixian a la sociedad argentina. Su
origen debe ser perfectamente diferenciado de la posterior distorsión que
hacen las instituciones dirigentes de la comunidad judía residente en la
Argentina, manipuladas todas ellas por el gobierno de Israel y sus dos
principales servicios de seguridad: el Shin Beth (interior) y el Mossad
(exterior). Esas manipulaciones, en su totalidad, están orientadas a
transferir el centro de gravedad de los conflictos: los principales, los que
afectan internamente a la sociedad israelí, desaparecen mágicamente, y sólo
quedan en escena los conflictos árabe-israelíes, que en esos tiempos eran
absolutamente secundarios. Para no hablar de la inexistencia de antecedentes
en este tipo de acciones terroristas en la propia Argentina.
Esta última cuestión (en la Argentina nunca se había registrado una acción
terrorista contra ninguna de las muchas comunidades extranjeras residentes
en su territorio) fue encarada posteriormente a partir de la magnificación
de la "guerra sucia" de los años 70. La propaganda judía pretende convertir
esa guerra sucia en un "Holocauto sudamericano": luego es mucho más sencillo
señalar a los verdugos de ese "Holocauto" y, consiguientemente, a los
"verdaderos autores" de los atentados terroristas. Este tema será tratado en
el Capítulo 2. Todo encuadra dentro de la mitificación sobre la que se funda
la cultura judía en general. El tema del "Holocauto" será tratado en el
Capítulo 7.
Para exponer en cierto orden los factores que originan las agresiones
terroristas sobre la Argentina, los hemos agrupados de la siguiente manera:
1. Los Atentados de Buenos Aires deben comprenderse dentro del proceso de la
crisis interna de la sociedad israelí, que se agudiza hasta el paroxismo a
partir de los preparativos de la Conferencia de Madrid (1991).
2. La lucha violenta que un sector de la sociedad israelí emprende contra
otro sector de esa misma sociedad es abarcante de la totalidad del espacio
judío internacional. Es decir, que esa lucha incluye a, por lo menos, los
siguientes países: Israel, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la
Argentina. Ella se desarrolla, asimismo, en por lo menos tres planos,
simultáneamente: el cultural o teológico (fundamentalismo religioso versus
sionismo laico), el social (colonos versus poblaciones establecidas) y el
estatal-institucional (fractura de los servicios de seguridad).
3. La Conferencia de Madrid es forzada por los EUA y aceptada con hipocresía
por el gobierno Shamir (siguiendo la vieja tradición "negociadora" israelí).
Pero a partir de ella, importantes sectores del laborismo o social-sionismo
liderados por el general Rabin se suman rápidamente a la propuesta,
intentando avanzar un poco más dentro de la ecuación "paz por territorios",
pero siempre dentro del mantenimiento de un férreo control israelí sobre la
región.
4. Ello provoca una sucesión de reacciones violentas por parte del
fundamentalismo religioso, que se había consolidado progresivamente en
Israel y en todo el espacio judío internacional (del cual Argentina forma
parte debido a la importancia de la comunidad judía allí residente) a partir
de la victoria militar de 1967. Ese es el año de la reconciliación entre una
importante franja de ese fundamentalismo religioso y los sectores
nacionalsionistas (Beguin, Shamir, Sharon, etc.).
5. La fractura social y religiosa se proyecta puntualmente en los aparatos
de seguridad del Estado, en especial en el servicio de contraespionaje Shin
Beth.
6. Para el fundamentalismo judío el lanzamiento del proceso del "plan de
paz" a partir de la Conferencia de Madrid fue el inicio -sólo el inicio- de
una catástrofe anunciada por los propios mesiánicos. Su reacción contra ese
proceso incluye numerosos actos de terrorismo, dentro de los cuales los de
Buenos Aires son sólo una parte.
7. Para comprender a los Atentados de Buenos Aires dentro de este contexto
lógico -el único posible- es necesario analizar la cronología de algunos
hechos sobresalientes (10) sucedidos en la escala del espacio judío
internacional y, en especial, dentro de las fronteras del Estado de Israel.
La abundante bibliografía existente registra inequívocamente un
extraordinario incremento del terrorismo judío y una clara multiplicación de
los grupos terroristas judíos, en forma paralela al "avance" del "plan de
paz":
*1989-1990-1991, ola de atentados terroristas en Israel, contra judíos
partidarios del "plan de paz", hoy llamados "falsos judíos". Esos atentados
son atribuidos oficialmente al grupo Kach, llamado también sicarios
(sikariim) o "camisas amarillas" (11).
Los sicarios (de sica, puñal en latín) están fuertemente entroncados en el
Antiguo Testamento y son reivindicados en el Talmud y la Mishnah. El derecho
que tiene un judío de ejecutar a otro judío nace y se legitima con la acción
del sacerdote Pinhas (o Pinjás) (Números, 25) quien asesina a Zimri, por
indicación directa de Moisés, a quien Yahveh ordenó dar muerte no sólo a los
jefes moabitas [Dijo Yahveh a Moisés: "Toma a todos los jefes del pueblo y
empálalos en honor de Yahveh, cara al sol"] sino muy especialmente a los
"falsos judíos", a los pecadores: a los israelitas unidos con hijas de Moab
que habían realizado sacrificios a los dioses extranjeros ["Matad cada uno a
los vuestros que se hayan adherido al Baal de Peor"]. Los sicarios son la
consecuencia lógica de la ideología zelote ("celosos defensores del Templo":
del griego zêlôsantes), el nacionalismo judío que se enfrenta no sólo al
poder romano sino en especial a los judíos partidarios de Roma. Es conocido
que uno de esos judíos del "partido romano", Flavio Josefo, los define como
"bandidos judíos": "Se dieron este nombre a sí mismos como si fuera la
práctica del bien y no las empresas más criminales lo que era el objeto
verdadero de su celo" (Guerra de los judíos, IV y VII). Los sicarios forman
un grupo muy importante dentro del "partido de los zelotes", el nacionalismo
judío anti-romano pero sobre todo enemigo de los judíos romanizantes. El
pueblo de Israel parece condenado a repetir ciclos históricos, dada su
obediencia a las representaciones contenidas en el libro ideológico más
espectacular jamás escrito: el Antiguo Testamento. ¿Cuál es la diferencia
entre los zelotes de las guerras judías y los colonos actuales? El 14 de
enero de 1998, 30.000 zelotes contemporáneos -y, dentro de ellos, muchos
sicarios- se manifestaron en Jerusalén con la consigna: "Clinton: manos
fuera de Israel" (12), al mismo tiempo que le recordaban a Netanyahu: "Tu
fuiste elegido para proteger la tierra de Israel" (Fuente: The Jerusalem
Post, 15 de enero de 1998). El fantasma de Rabin y del proceso terrorista
judío a escala mundial, estuvo presente esa noche, una vez más, en
Jerusalén, la metrópolis del ethnos, pero sob