Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

By Ramanuyacaria das VanapastraReligion & Spirituality
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Revisionismo Histórico I (abre los ojos) episodes

  • 1068: anarquismo juderia y masoneria 18 fin
    Durante años se ha mantenido el debate de lo que hizo y lo que no hizo el Papa Pio XII durante el periodo de 1938 y 1945, que fue cuando llevaron a los judíos a campos de concentración nazi, y que al final cobró la vida de más de seis millones de judíos.
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    Aunque, según Masferrer, estos campos de concentración no fueron inaugurados por judíos, sino por comunistas soviéticos con quienes la Iglesia Católica tenía ya una disputa porque consideraba que “sus principios eran contrarios e incluso contradictorios a la doctrina católica… como el ateísmo o la abolición de la propiedad privada”, cuenta Martha Pacheco, historiadora de la UNAM.
    Y aunque la Iglesia Católica sabía sobre las deportaciones a los campos de concentración, no dijo nada, ya que creía fielmente que a quienes llevarían allá iban a ser solamente comunistas; pero los nazis los ocuparon como “chivos expiatorios” para matar a los judíos, lo cual era su plan desde un inicio, contó Masferrer.
    Una disputa histórica contra los judíos
    Elio Masferrer (1946) es un etnohistoriador argentino especializado en la antropología de sociedades complejas, específicamente en la relación entre religión y política y sistemas religiosos contemporáneos. Y en entrevista para Enlace Judío, en contexto del aniversario 77 de la memoria de las víctimas del Holocausto, relató que el desenlace de este suceso fue producto de una tensión que la sociedad ha tenido en contra de los judíos fundada a inicios de esta era, desde la época de Cristo.
    Y que, a lo largo de los años, a través de diferentes eventos como el Concilio de Trento y la Misa Tridentina, han creado un antisemitismo en la población, lo cual, tras muchos años hizo que la gente desaprobara a los judíos, al impulsar injurias hacia ellos y a su conversión al catolicismo, todo esto “elementos que se pueden tomar en cuenta para (entender) el antisemitismo y el Holocausto” sucedido en la Segunda Guerra Mundial, dijo.
    “El nazismo es visto con cierta suspicacia por ciertas iglesias cristianas, porque de alguna manera tenía un proyecto religioso que reivindicaba un conjunto de tradiciones precristianas de la cultura germánica… Alemania termina subordinándose al nazismo y se firma un concordato entre la Santa Sede (El Vaticano) y el gobierno del tercer Reich, entre 1933 y 1934, donde la Iglesia Católica asume el programa de reivindicaciones germanófilas del Reich”.
    “Si uno lee con cuidado el concordato, (dice que) el Papa se subordina a designar obispos de habla alemana en las regiones germánicas y en otros países (no germánicos). Es decir, hay una articulación. Pero es con relación con la Iglesia Alemana, porque con la de otros estados es otra dinámica”, comentó.
    “Pero hay zonas donde hay un antisemitismo muy fuerte y el clero católico impulsa el antisemitismo —agregó. En este momento hay señalamiento, históricamente verificados, que cierta población polaca y ucraniana participó en “pogromos” (linchamiento multitudinario, espontáneo o premeditado, hacia un grupo particular) y la masacre de judíos, en contexto del ascenso del nazismo. Aunque ellos toman la iniciativa.”
    La colaboración del clero al nazismo
    Aunque se habla del rechazo del nazismo y al Holocausto hoy en día, la realidad —señaló el investigador— es que durante la Segunda Guerra Mundial países como Croacia y la antigua Yugoslavia colaboraron con la masacre de judíos, así como gran parte de la policía francesa. A tal punto que cuando concluyó el conflicto bélico “100 obispos católicos fueron acusados de colaboracionismo con los nazis.
    “Y ahí entra a negociar Giuseppe, que después sería Juan XXIII, y consigue que solo sean enjuiciados tres obispos por colaborar con los nazis, porque él era el nuncio en Francia después de la liberación. Ahora, la pregunta del millón es si esos obispos, ¿actuaban por consignas propias de la conferencia del episcopado o por orden del Papa?”, cuestionó.
    Por otro lado, el también investigador de Escuela Nacional de Antropología e Historia, explicó que en América Latina, en la mayoría de las iglesias, había obispos que eran pronazis y antisemitas. Y en varios casos los criminales de guerra huyeron a América Latina: Bolivia, Paraguay, Argentina, Chile, Brazil, “y llegaron con pasaportes del Vaticano. Entonces ¿quién da la orden de darle pasaportes del Vaticano a esos tipos? Pio XII.
    “Él es muy ambiguo. Para entender a la Iglesia Católica hay que entender la ambigüedad de sus características. Por un lado, pueden decir que haya salvado a 15 mil judíos, no lo discuto. Sin embargo, simultáneamente no les dijo a los otros nada. Y al mismo tiempo está protegiendo a los criminales de guerra.”
    Estas acciones van desde “el arzobispo de Colonia, Alemania, que es fascista, u otros que salen a bendecir en parte los custodios de los campos de concentración, que no eran alemanes, eran cristianos croatas y ucranianos, peores que los nazis…
    “Por un lado, protege, por otro lado, se hace “guaje”. Dicen que le envía una carta a Roosevelt, avisándole que parece ser que está fea la cosa. Todo es cierto. Pero de ahí a ponerlo como a Gilberto Bosques que se la juega al rentar dos castillos en Marsella para dar visas en plena Segunda Guerra Mundial, no solo para los judíos, pero también para los republicanos españoles… (Por ello) pensar que Pío XII se va a manejar en blanco y negro, ya eso es una ingenuidad.”
    Solo unos judíos, los afortunados
    La revista Smithsonian Magazine señaló en 2020 que quienes apoyan al Papa ponderan que la Iglesia Católica salvó a miles de judíos al esconderlos en iglesias y monasterios a lo largo de Italia, así como en el mismo Vaticano, y los acólitos argumentan que su inacción y su silencio le permitió que estas acciones secretas continuaran.
    Aunque —cuenta Masferrer— los únicos judíos que fueron beneficiados por la ayuda de la Iglesia son quienes vivían en Roma por su relación históricas de cientos de años.
    “Musolini se retrasa hasta 1944 en hacer el programa antisemita de Hitler con respecto a otras partes de la alianza: Alemania, Hungría, Finlandia, etc. Entonces ¿el Papa se refiere a que rescató a los judíos que estaban en los antiguos pontificios (Roma), donde había un tipo de relación de influencia, no con el Papa, sino con el obispo de Roma? Por ello, la pregunta para entender estos documentos es ¿cómo salva a los judíos, como obispo de Roma o como Papa?
    Las respuestas de Elio Masferrer
    ¿Los 15 mil judíos que rescataron pertenecían a un solo sector de la población?
    Pertenecían a cierto segmento cultural donde la Iglesia Católica no estaba de acuerdo con el nazismo. El asunto es que el nazismo es una propuesta religiosa que no es cristiana. Se basa en ciertas tradiciones precristianas de la cultura germánica. Entonces hay un grupo de cristianos católicos y luteranos que saben perfectamente que el nazismo es otra cosa, que no es una forma de cristianismo. Pero esto no significa que no haya cristianos que participen activamente en el nazismo.
    ¿Cómo es que la Iglesia Católica colabora con los nazis en contra de los judíos?
    Hay todo un discurso de una conspiración judeo-masónica y protestantes contra los católicos. Hay aparatos ideológicos dentro de la Iglesia Católica que sirven de estructura para el nazismo. No toda la Iglesia es nazi, tampoco podemos generalizar. Lo que debemos entender es que son estructuras muy complejas donde puede haber actores que actúan por cuenta propia, pero que tiene cierto aval institucional.
    Este aval lo tienen los que participan en la persecución, como los que, en un momento dado, con toda la generosidad esconden a niños judíos en un convento. Yo creo que es muy peligroso absolver o condenar a Pio XII. Juega un papel muy ambiguo en el que se crea una cobertura donde puede haber gente que rescata judíos y gente que los masacra.
    ¿Esta comunidad de judíos que fueron rescatados eran solo de Roma?
    Lo que pasa es que los judíos italianos están en Roma desde antes del cristianismo. El imperio romano toma Palestina esta zona y lleva judíos como prisioneros. Entonces la colectividad judía en el sentido estricto está desde el año 70 A.C. La cultura romana y parte importante de la cultura italiana tienen relación con la cultura judía desde antes de la aparición del cristianismo.
    Y de alguna manera, en los Estados Pontificios, que es la zona donde el Papa ejercía un poder temporal había un trato, en el cual los judíos, aunque tenían menos derechos, pero había formas de convivencia bastante racionales, por decirlo amablemente. Muchos italianos no estaban de acuerdo con la matanza de los judíos aunque eran católicos, porque tienen siglos de convivir con los judíos. Por eso Mussolini se retrasa de sacar las leyes raciales. Al final, a Mussolini le va muy mal; se le va deteriorando la situación, y entonces aprueba las leyes raciales. Pero era en 1944; la guerra comenzó en el 39’.
    Se dice que el Papa mandaba cartas a EEUU para decirles lo que sucedía
    La Iglesia Católica puede hacer con la mano izquierda unas cosas, y con la derecha otra. Por un lado, puede enviarle una carta a Roosevelt para limpiarse las manos, y por otro lado si viene Hitler, le dice ‘Sí, Don Adolfo’. Le dice que sí a todos. Ese es el problema: de alguna manera está en Roma, en territorio controlado por los alemanes, tampoco se podía poner de pechito. Pero cuál es el testimonio profético: ¿es un burócrata o un enviado divino? ¿Se la juega?
    ¿Qué considera que debió haber hecho Pio XII?
    No lo sé, pero pudo haber hecho algo más. Porque estar involucrado en salvar a 15 mil judíos es bueno, pero los nazis se masacraron a seis millones. Y muchos de ellos fueron llevados a los campos, cargados en los trenes por católicos. Y usaron armas que habían sido bendecidas por obispos católicos.
    Y tenían capellanes (miembros del clero, que sirven a una institución fuera de una parroquia o misión) en el ejército alemán que estaban colaborando con los nazis. ¿Qué decían esos capellanes católicos a las tropas? Hay otra pregunta: ¿Había capellanes católicos en las tropas que custodiaban los campos de concentración? Porque en los campos había de todo, no solo eran judíos, también estaban los comunistas, socialistas, gitanos, testigos de Jehová, discapacitados, personas con enfermedades mentales, homosexuales.
    Toda esta teoría de limpieza étnica del nazismo, es también social y religiosa. Entonces, ¿ahí qué hizo el Papa? ¿Dijo algo? Por un lado, está claro que no les gustaba, porque era reivindicar tradiciones precristianas, pero por otro lado tampoco se mete a ‘patadas con Sansón’.
    ¿Cree que pudo haberse involucrado más?
    La pregunta viene de antes. Cuando Hitler y la extrema derecha lanzan la ideología del nazismo, a principios de los años 30’, ¿qué hace la Iglesia Católica, las potencias occidentales contra el nazismo? No hacen nada. Porque ellos estaban convencidos de que Hitler se iba a lanzar contra los comunistas. Entonces ellos dijeron: ‘Bueno, comunismo ateo, ahí les mandamos a estos tipos’.
    Pero se equivocaron…
    ¡Claro! Deja (la Iglesia Católica) que Franco y los alzados contra la segunda república española se masacre a los republicanos españoles. Porque Hitler dice: ‘Voy a ir contra los comunistas.’ Y después negocia con Stalin y se ocupa toda Europa y le declara la guerra a Inglaterra.
    ¿Por qué los católicos conservadores no van contra Hitler? Porque piensan que van a ayudar a liquidar a los comunistas. Y con el discurso comunista se van con la finta. ¿Qué hace Hitler? ¿Con quién inaugura los campos de concentración Hitler? No es con los judíos, es con los comunistas. Luego sigue con los socialistas y después del 38’, tras La Noche de los Cristales Rotos, ahí comienza contra los judíos.
    ¿Pero el plan inicial era contra los comunistas o los judíos?
    Contra los comunistas. Cuando quema el Reichstag, él mismo acusa a los comunistas y los manda a los campos de concentración. Y el Papa y las potencias occidentales, en función de ir contra los comunistas, le dan alas a Hitler. Pero el problema es que el Papa no habló al comienzo del nazismo. Se callaron. El asunto está cuando los nazis invaden Polonia. Pero (era tarde), tendrían que haberlo dicho antes.
    ¿Pero el objetivo real fueron los judíos?
    De eso no había ninguna duda. Porque en Mi Lucha (Mein Kampf, en su idioma original), Hitler dice que el problema de Alemania son los judíos. Construye el concepto de chivo expiatorio en este libro, que es un texto que lo redacta mientras está en la cárcel en 1925, donde fija muy claro su programa. Pero probablemente lo ven como un libelo antisemita, pero no como un plan de acción política.
    La gente, quizás con mucha ingenuidad política (no lo creyó), pero no son ningunos recién nacidos. Creyeron que ‘Bueno, este tipo tiene algunas ideas, pero el asunto es que va a ir contra los soviéticos. Y el enemigo de mi enemigo es mi amigo’. Y parten de esa lógica. El texto de Mi lucha no lo toman como un plan de trabajo, sino como un discurso que se echa “este cuate”. No ponderan la peligrosidad del nazismo.
    Estos grupos sociales ya estaban en contra de los judíos. ¿El nazismo solo fue una oportunidad para actuar?
    Ahí está el problema de la Misa Tridentina, que dice: ‘Se llama a la conversión de los pérfidos judíos.’ La Misa Tridentina, ahora llamada Misa Latina, quiere poner grupos de conservadores católicos. Y en una parte denigra a los judíos. Y los acusó de deicidas, de haber matado a Cristo. Entonces ¿hasta qué punto la Iglesia está construyendo un imaginario antisemita en la población?
    Ahí está la responsabilidad social, no solo de Pío XII, sino de la Institución, de construir una mentalidad antisemita. Que se inventan el delito de deicidio (referencia al acto de matar a un Dios o divinidad), según el cual todos los judíos y sus descendientes serían responsables de la muerte de Jesús de Nazaret, que era un Dios. Imagínate al tipo que mata a un Dios, ¿cómo le haces?
    =========================
    ¿Un aliado o un enemigo?
    De acuerdo con un artículo publicado en Times en 2018, en los años 30’, la noticia principal de los EEUU era la Gran Depresión, pero los estadounidenses sabían lo que sucedía también en Europa respecto a la matanza de judíos, ya que los medios lo publicaron. Solo que intentan excusar al país al decir que la administración de Roosevelt tomó la decisión de entrar a la guerra después para enfocar sus fuerzas en vencer a los nazis, dejando en una menor prioridad a las víctimas del Holocausto.
    Asimismo, el conocimiento del nazismo en la población del país era evidente, ya que investigaciones del proyecto “Historia Desplegada”, iniciativa del Museo Memorial del Holocausto, en Washington, reveló que en 1933 “hubo una gran manifestación en el Madison Square Garden con 20 mil asistentes, en protesta de la persecución de los judíos en Alemania. Lo triste es que, a pesar de toda la publicidad, el Holocausto de todas formas sucedió”, opinó Sandi Auerbach, para el Washington Post.
    Para Masferrer, lo que sucedió con EEUU es que dentro de su gobierno había una fuerza nazi que pudo haber influido en las decisiones del gobierno, pero por las acciones de los japoneses, fue que se levantaron contra los nazis finalmente.
    “Tardaron mucho tiempo en entrar a la guerra, hasta 1941. El partido nazi alemán en los EEUU era una fuerza. Los dos países donde hubo meetings muy importantes de respaldo a Hitler fue en Argentina y en EEUU. Llenaron el Madison Square Garden, porque el 25 por ciento de los migrantes europeos de los EEUU eran alemanes. Entonces había entre esos alemanes, igual que en México y en Argentina, gente que simpatizaba con el nazismo.
    “Los americanos tienen nazis adentro. Y no apoyaron a Hitler gracias a los japoneses que les bombardearon Pearl Harbor. Si no no sé qué hubieran hecho”, concluyó.
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    55 min
  • 1067: anarquismo juderia y masoneria 17
    Lot 36
    (ANTISEMITICA)
    El Comunismo Es Obra Del Judío Internacional ["Comunism Is The Product Of The International Jew.”]
    Text in Spanish. pp. 30. Original printed wrappers, sunned. 12mo.
    México: Juventudes Nacionalistas de México, (1937)
    Est: $300 - $500
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    1 hr 58 min
  • 1066: anarquismo juderia y masoneria 16
    En fechas recientes siguen buscándose las relaciones ocultas que pueden considerarse renovaciones de la antigua teoría de la conspiración, aunque no suelen ser con una retahíla de miembros tan completa como la característica del primer franquismo. El antisemitismo ha adquirido un impulso en algunos lugares, como la Rusia postsoviética, donde puede reencontrar su tradicional función de chivo expiatorio (el partido de Vladímir Zhirinovski es anticomunista y antijudío). La generalización del miedo al terrorismo (es el miedo la emoción que, manipulada, puede conducir al totalitarismo) tiene en el comienzo del siglo xxi un rostro islámico, pero quizá no es suficiente para algunos.12​ En cuanto a la masonería, no ha dejado de proporcionar tema para literatura histórica más o menos proclive a buscar interpretaciones ocultas.13​
    En la cultura popular
    La novela histórica de Umberto Eco El cementerio de Praga (2010, de aparición simultánea a la del escándalo Wikileaks y que ha sido objeto de alguna polémica) tiene como tema central la gestación de documentos falsificados que van paulatinamente añadiendo los diferentes elementos de la conspiración como respuesta a diversos intereses y en distintos países a lo largo del siglo xix, e inspirándose en diferentes anécdotas biográficas u obras literarias de personajes imaginarios o reales (Augustin Barruel, Maurice Joly, Eugenio Sue, Alejandro Dumas, Sigmund Freud, etc.)14​
    El libro Sinfonía en rojo mayor presenta una teoría de conspiración sobre la interrogación de Christian Rakovski en 1938 durante la Gran Purga por José Landowski, quien asistió, de manera presunta, en calidad de médico. Rakovski hace referencia a una conspiración judeo-masónico-comunista-internacional.15​
    La letra de la canción «Konspiración» de Seguridad Social hace una sátira de esta expresión («Konspiración-judeo-amazónica-integrista en contubernio con el terrorismo rojo»)
    9 min
  • 1065: anarquia juderia y masoneria 15
    Conspiración judeo-masónico-comunista-internacional
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    No debe confundirse con la Conspiración del Nuevo Orden Mundial.
    Cartel de la Exposición antimasónica de 1941: el judaísmo controlando al comunismo (Iósif Stalin) y a la masonería (Winston Churchill).
    La Exposition Antibolchevique de 1942 denunciaba una conspiración judeo-masónico-comunista-internacional en la Francia ocupada por la Alemania nazi.
    Conspiración judeo-masónico-comunista-internacional, a veces denominada conspiración judeo-masónico-marxista-internacional, contubernio judeo-masónico-comunista, es una teoría de conspiración que sostiene la existencia de una supuesta coalición secreta de la que formarían parte los judíos, la masonería y el comunismo, que pretenderían un fin oscuro (de una u otra forma, el dominio del mundo). El término se construye con la adición de la capacidad revolucionaria del comunismo a la tesis del siglo xix de la conspiración judeomasónica o de la fusión de esa tesis con la del siglo xx del judeo-bolchevismo.
    En la época contemporánea, esta conspiración es y ha sido ampliamente utilizada como instrumento político por grupos conservadores, ultracatólicos, reaccionarios, supremacistas blancos y fascistas para denunciar a la izquierda, pero también a la derecha política.
    Índice
    1 Precedentes
    2 El Affaire Dreyfus y la Action Française
    3 La obsesión de Franco
    4 Teoría de la conspiración renovada
    5 En la cultura popular
    6 Véase también
    7 Referencias
    8 Bibliografía
    Precedentes
    Propaganda alemana de 1935 denunciando la acción de la judeo-masonería en varias revoluciones europeas: Revolución francesa, Revolución rusa de 1905, los Jóvenes Turcos, Revolución del 5 de octubre de 1910, Atentado de Sarajevo, Revolución rusa de 1917, Revolución de Noviembre, República Soviética de Baviera, República Soviética Húngara, Revuelta de julio de 1927, Proclamación de la Segunda República Española.
    Desde la Edad Media se puede rastrear la existencia de antisemitismo, vinculado en sociedades sin sistema capitalista desarrollado a un amplio conjunto de prejuicios ideológicos, principalmente al desprecio por las actividades que, independientemente de su función económica, la Iglesia definía como usura (préstamo con interés). En cambio, estos destacaban en aquellas, dado que su condición les impedía generalmente el acceso a otro tipo de ocupaciones (aunque algunos de los judíos europeos eran campesinos y realizaban distintos oficios manuales e intelectuales). Puede que la manipulación de este prejuicio fuera una útil forma de desviar conflictos sociales (el descontento de los no privilegiados en coyunturas críticas) utilizando a los judíos como chivo expiatorio. A ellos se atribuían todo tipo de malas intenciones (originar la peste, secuestrar y matar ritualmente niños y profanar los sacramentos, como en el caso del Santo Niño de La Guardia).1​
    Pero desde la divulgación de los Protocolos de los Sabios de Sion,2​ estas teorías conspirativas se fueron haciendo cada vez más complejas. El hecho de que Karl Marx naciera en una familia de origen judío, junto a la procedencia judía de destacados líderes comunistas, permitió añadir a la conspiración a los movimientos obreros, participantes de su ideología.3​
    La masonería había sido objeto de condenas papales desde el siglo xviii (véase condenas religiosas de la masonería), y su papel en la gestación de las denominadas revoluciones liberales, sobre todo las de los primeros ciclos (Independencia de los Estados Unidos, Revolución francesa, revoluciones de 1820), era objeto de controversia. Su condición de sociedad secreta excitaba la imaginación, propicia a todo tipo de fantasías en la época romántica.
    El Affaire Dreyfus y la Action Française
    La Francia católica conducida por judíos y masones (judeo-masonería), dibujo de Achille Lemot para el periódico Le Pèlerin, 31 de agosto de 1902.
    Artículos principales: Caso Dreyfus y Action Française.
    A finales del siglo xix, el Caso Dreyfus suscitó en la Tercera República Francesa la división enconada de la opinión pública y los grupos políticos e intelectuales. Particularmente, grupos reaccionarios monárquicos y ultracatólicos como la Action Française (Acción Francesa) de Charles Maurras y otros (véase Historia de la extrema derecha en Francia) comenzaron a estigmatizar como elementos antifranceses a judíos, izquierdistas y masones, presentándolos en connivencia con potencias extranjeras (en ese caso Alemania). Quedó demostrada la capacidad movilizadora de estas ideas en una sociedad industrial, gracias en buena medida a su amplificación y difusión por los medios de comunicación (en ese momento la prensa, a la que se añadirá el cine y la radio en el primer tercio del siglo xx). Fue inmediata la extensión a otros países europeos de argumentos y técnicas políticas y sociales similares, adaptando el enemigo exterior y los rasgos de la personalidad nacional a defender a las circunstancias locales de cada caso.
    La obsesión de Franco
    Propaganda anticomunista del Movimiento Blanco ruso, con una caricatura de León Trotsky como un demonio llevando una estrella roja y la mención «Paz y libertad en la Rusia soviética».
    Véase también: Franco y los judíos
    En particular, en la España de la primera mitad del siglo xx era un lugar común del pensamiento reaccionario referirse a esa conspiración como la responsable de la decadencia española desde, al menos, el tiempo de Felipe II. La Monarquía católica de los Habsburgo sería el enemigo a batir por parte de elementos de muy diversa procedencia, algunos de ellos los judíos sefardíes expulsados de España por los Reyes Católicos y sus descendientes, enriquecidos por la usura, que habrían conectado con los rebeldes holandeses (Guillermo de Orange) y otros enemigos del catolicismo y del Imperio español, que sería su más firme defensor (Luz de Trento, martillo de herejes). Tales habrían sido los responsables del aparato de propaganda antiespañola que se denominó Leyenda Negra. El hecho de que entre los protestantes (Lutero en particular) el antisemitismo sea incluso más fuerte que entre los católicos, no parece ser suficiente contradicción para la teoría.4​
    De ese ambiente intelectual participó Francisco Franco, que manifestaba en sus discursos un odio especial a la masonería, en la que habría intentado ingresar sin conseguirlo.5​ Otras fuentes también destacan la situación familiar de Franco, hijo de un militar de la Marina Española que no puede continuar esa tradición por culpa de la reducción de efectivos debida a la desaparición del Imperio en el Desastre de 1898. Los vencedores, Estados Unidos (que más tarde serían paradójicamente el principal sostén de Franco) son vistos como una potencia infernal, protectora de toda clase de sectas heréticas, dominada por la avaricia del capitalismo de origen judío (sin extrañarse de la contradicción capitalismo-comunismo) y por los periódicos manipulados por los judíos. El éxito de su hermano Ramón Franco, el aviador que consiguió cruzar el Atlántico, conocido por su ideología progresista y pertenencia a la masonería, habría acentuado en Francisco Franco, según estas fuentes, la sensación de inferioridad. Obligado a conformarse con ingresar en el Ejército de Tierra, logró una brillante carrera en el ejército colonial6​ de África.7​
    La expresión no es una maledicencia de sus enemigos, se recoge también en medios afines al franquismo.[2]. En esa misma página biográfica sobre Franco se reproduce esta interpretación del Desastre del 98, extraída del «Anecdotario» del propio Francisco Franco (bajo el pseudónimo Jaime de Andrade) para el guion de Raza, película dirigida por José Luis Sáez de Heredia:
    En Filipinas, el extranjero fomenta perturbaciones. La masonería lo invade todo. En Cuba, los insurrectos tienen protecciones poderosas; las mismas logias, pero una gran nación detrás.
    Abandonados el Ejército y la Marina por España; prisioneros de España. Yo he leído en el Estado Mayor del Capitán General de la Isla cartas que destilaban sangre. El Gobierno no quiere aventuras; hay que contemporizar. No se pueden enviar más hombres. La guerra no es popular.
    Uno de los oficiales presentes interrumpe: «¿Qué han hecho para que lo sea? ¡Cuánta vergüenza!». Y el jefe de Estado Mayor sentencia: «Al final, sin armas, sin efectivos, sin política exterior, aislados del mundo, tendremos la culpa los militares.
    Francisco Franco (bajo el seudónimo de Jaime de Andrade)8​
    En el ambiente militar se acerca a las publicaciones anticomunistas que se editaban en Francia (por las «ligas» de extrema derecha como Action Française, Solidarité Française o Le Faisceau) y se adhiere en mayo de 1934 a la Entente Internacional Anticomunista, con una carta en la que expresa su deseo de «cooperar, en nuestro país, a vuestro gran esfuerzo».9​
    Su ascenso hasta la jefatura del bando sublevado en la Guerra Civil Española le permitió concentrar la represión en aquellos que percibía como antiespañoles: masones e izquierdistas, rasgos que veía en la totalidad de los defensores de la República. De la obsesión personal de Franco con la masonería queda, como evidencia física, la reconstrucción que ordenó hacer en el Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca, junto a los papeles incautados, de una sala donde se reprodujera toda la parafernalia decorativa de una logia masónica, acumulando una serie de objetos destinados, directamente, a asustar y producir horror por su excesiva crueldad o dramatismo.10​ Se trataba de elementos distorsionados y maniquís vestidos en forma inexistente en la masonería para dar una imagen negativa de la misma tal como quería el franquismo. [3]
    Los difíciles años cuarenta, primero con la Segunda Guerra Mundial (en la que quedaron claras tanto las simpatías del régimen franquista por Alemania e Italia como la habilidad de mantener un equilibrio necesario ante los aliados, que desde 1942 se ven como vencedores), y luego con el aislamiento internacional de la posguerra, produjeron unos memorables discursos públicos de Franco, en los que, además de referirse a la pertinaz sequía, se prodigaba en referencias a la «conspiración judeomasónica» como culpable de todos los males de España. No obstante, algunas actuaciones en favor de judíos de origen sefardí durante la guerra (el diplomático Ángel Sanz Briz) permitía al Régimen no presentarse como racista. De hecho, ese extremo fue importante para que el nacionalcatolicismo dominante integrara el discurso de la conspiración sin mayores problemas. La «raza española» no pasará de ser un concepto retórico, que se definía precisamente por la extensión de la fe católica que favoreció el mestizaje en América.
    El posterior acercamiento a los Estados Unidos puso en sordina toda esa retórica junto con el resto de referencias fascistas demasiado explícitas, que a pesar de todo no desaparecieron completamente hasta el final del franquismo. En su última intervención publica, en la Plaza de Oriente el 1 de octubre de 1975, ante una manifestación convocada para demostrar el mantenimiento del apoyo popular a su régimen, duramente criticado en el exterior por los últimos fusilamientos, volvió a utilizar el recurso de atribuir el problema a una conspiración masónico-izquierdista de la clase política, en contubernio con la subversión terrorista-comunista en lo social.11​
    1 hr 3 min
  • 1064: anarquismo juderia y masoneria 14
    Autor: Svarch Ariel.
    Salguero 678 2º9, Ciudad de Buenos Aires. 4862-5799.
    Esta ponencia trata sobre un sector de la comunidad judía: los
    comunistas. El objetivo es reconstruir el carácter de su militancia: siempre
    activos en el campo cultural y educativo, las transformaciones de contenido
    delatan cambios más profundos a nivel identitario. Los comunistas judíos,
    olvidados hoy por la historia institucional de la colectividad, fueron un grupo de
    gran visibilidad en su accionar, y con una red de militantes y simpatizantes que
    llegó a transformarlos en un grupo poderoso y representativo.
    Más allá de constituir un lugar común en el imaginario del nacionalismo
    de derecha más rancio, la existencia del judío comunista fue una realidad. No
    fue numéricamente mayoritaria, ni dentro del movimiento comunista general
    (donde los grupos nacionales más amplios fueron el italiano y español), ni
    dentro de la misma colectividad judía, pero gozó de una gran visibilidad por el
    activismo de sus militantes, lo llamativo de su lenguaje y la extensión y
    presencia de sus instituciones.
    En el seno de la comunidad judía, el comunista fue un sector
    particularmente activo. Su militancia social, cultural, y educativa compitió
    exitosamente con sus competidores en la izquierda, los sionistas y los sectores
    tradicionales. Si bien en un principio el comunismo se refugió en una
    autoexclusión, apelando únicamente a criterios clasistas para seleccionar la
    clientela de su propaganda, los cambios sociales en la colectividad y eventos
    de orden nacional e internacional determinaron un viraje identitario gradual.
    Así, el imaginario judío comunista pasó (en dos décadas) de ser “obrero” a
    “popular”, “antipatriótico” a “argentino”, manteniendo en un equilibrio inestable
    2
    su progresismo, su afinidad con la URSS y el PCA y su rechazo al sionismo
    como la solución al problema judío.
    Del colono al empresario: breve historia de la comunidad judía ashkenazí
    en Buenos Aires
    El inicio de la vida judía en el país tuvo lugar alrededor de la última
    década del siglo XIX, cuando la Jewish Colonization Agency (JCA), creada por
    el Barón Mauricio Hirsch, comenzó su política de crear colonias agrícolas en la
    Pampa Húmeda y el Litoral ayudando a emigrar y establecerse a miles de
    judíos de Rusia y Europa Oriental1
    . Si bien en ese primer momento la mayoría
    de la población judía se concentró en las colonias, las oleadas migratorias
    subsiguientes (luego de la frustrada revolución rusa de 1905 y en el período de
    entreguerras), netamente urbanas, y el paso de muchos colonos a la ciudad en
    busca de mejores oportunidades y educación superior, inclinaron el peso de la
    balanza hacia las grandes ciudades, principalmente Buenos Aires.
    La población ashkenazi de Buenos Aires, en su gran mayoría obreros,
    artesanos, y vendedores cuentapropistas a plazos (cuéntenikes)
    2
    , se asentó
    siguiendo un patrón de “guetos abiertos”, enclaves barriales donde
    predominaba la población judía. De entre ellos sobresalían Once y Villa
    Crespo, aunque con las sucesivas oleadas migratorias y el ascenso social los
    asentamientos judíos se ampliaron también a La Paternal y, en el límite con la
    provincia de Buenos Aires, la zona industrial textil de Villa Lynch, en el Partido
    de San Martín, y Avellaneda3
    . El vertiginoso ascenso social que vivió este
    grupo a partir de la década del 30, coincidió con una dispersión por la ciudad
    que, entre 1940 y 1960, prácticamente terminó con los “barrios judíos”.
    La institucionalización de la colectividad ashkenazi en Buenos Aires,
    amén de varios intentos fallidos, terminó dándose de facto. La Jevra Kedusha,
    sociedad de sepelios, terminó imponiéndose a partir de su inigualable poder
    financiero, basado en el monopolio de los cementerios y del entierro ritual.
    25 min
  • 1063: anarquismo juderia y masoneria 13
    El término Izquierda judía describe a todas aquellas personas judías que se identifican con la izquierda política y/o la apoyan, bien a nivel individual o a través de organizaciones.
    No existe una única organización o movimiento que constituya propiamente la izquierda judía. El judaísmo ha tenido siempre mucha fuerza en el movimiento obrero, el de asentamientos sociales, el movimiento por los derechos de la mujer y contra el racismo y antifascismo, organizadamente de muchas formas en Europa, Estados Unidos e Israel.
    Además, los judíos tienen una historia rica relacionada con el socialismo, el marxismo y el liberalismo occidental. Aunque la expresión cubre un rango muy amplio de política, muchos personajes conocidos "de izquierdas" han sido judíos; es el caso de: Moses Hess, Herbert Marcuse, Murray Bookchin, Saul Alinsky, Tristan Tzara, Leon Trotsky, Leon Blum, Judith Butler, Noam Chomsky, Eric Hobsbawm, Harold Laski, Betty Friedan, Abbie Hoffman o Howard Zinn, quien nacieron en familias judías y han tenido varios grados de conexión con la comunidad, cultura y tradición judías en muchas de sus variantes.
    La lista también incluye rabinos como Michael Lerner o Arthur Waskow, religiosos de izquierdas y culturalmente definidos como judíos.
    También existe mucha población judía atea y/o laica y multicultural sin conexión ninguna con la cultura judía como Karl Marx, Rosa Luxemburgo, Emma Goldman, Rose Schneiderman, Muriel Rukeyser o Susan Sontag.
    Hay que tener en cuenta que los puntos de vista de estas personas sobre el sionismo son variados e independientes de sus puntos de vista políticos y sociales.
    Aunque existe un ligero incremento de "judíos de izquierda" que conectan la política con la espiritualidad, este es un fenómeno nuevo, que contrasta con la larga historia de socialismo y comunismo irreligioso en la historia judía (ej.: The Workmen's Circle/Arbeter Ring) así como el anarquismo judío que era no solamente explícito sino también antirreligioso activista.
    Desde finales de la década de 1880 hasta mediados de 1950, ha habido un gran abanico de periódicos y otras publicaciones de izquierdas en idioma Yiddish que cubrían el espectro de la expresión política y cultural de izquierdas en Europa central y del este, así como en el continente americano y el mandato palestino de Yishuv, así como en los primeros años del Estado de Israel.
    Izquierda contemporánea en Israel
    En un sistema parlamentario de gobierno basado en la participación proporcional, la izquierda ha podido elegir miembros de la Knesset en varios partidos, algunos han evolucionado, otros se han fusionado y otros han desaparecido, para fundar otros nuevos. Algunos partidos de la izquierda israelí son Mapam y Meretz-Yachad, y figuras notables en ellos han sido Shulamit Aloni, Uri Avnery, Yossi Beilin, Ran Cohen, Matti Peled, Amnon Rubinstein y Yossi Sarid.
    1 hr 9 min
  • 1062: anarquismo juderia y masoneria 12
    Origen
    La asociación entre los judíos y la revolución rusa surgió en la atmósfera de destrucción de Rusia durante la Primera Guerra Mundial. Cuando las revoluciones de 1917 paralizaron el esfuerzo de guerra de Rusia, las teorías de conspiración se desarrollaron lejos de Berlín y Petrogrado. Muchos británicos, por ejemplo, atribuyeron la Revolución Rusa a «una aparente conjunción de bolcheviques, alemanes y judíos».8​
    La difusión mundial del concepto en la década de 1920 está asociada con la publicación y circulación de Los protocolos de los sabios de Sion, un documento falso que pretendía describir una conspiración judía secreta dirigida a la dominación mundial. La expresión hizo un problema con el origen judío de algunos bolcheviques líderes (como León Trotsky) durante y después de la Revolución de Octubre. Daniel Pipes dijo que «principalmente a través de los Protocolos de los Ancianos de Sión, el movimiento blanco propago estos cargos a una audiencia internacional». El historiador James Webb escribió que es raro encontrar una fuente antisemita después de 1917 que «no se endeude con el análisis antisemita de la revolución por parte del movimiento blanco».9​
    1 hr 9 min
  • 1061: anarquismo juderia y masoneria 7
    Las utopías, como aquella por la que murieron miles en los campos españoles, no se construyen “para el futuro”, sino desde el presente; se conforman de nuestra historia y de nuestra lucha constante porque tenemos la consciencia plena de que vale la pena por lo que nos organizamos y en lo que creemos.
    1 hr 7 min
  • 1061: anarquismo juderia y masoneria 11
    Parecería que las decenas de miles de personas que dieron su vida para defender la República lo hicieron en vano. Pero la historia logra reconocer a los héroes: Franco, hoy, no es más que un golpista, una marca en la historia española que no hay que olvidar, pero tampoco enaltecer.
    En lo profundo del judaísmo hay una constante tradición de la esperanza revolucionaria: como lo señalan (apenas) pensadores como Walter Benjamin y Baruch de Spinoza, la esperanza de que todo estará mejor, pero no “porque sí”, sino por el esfuerzo y la lucha de todos. (Vía: Löwy, Fire Alarm. Reading on Walter Benjamin’s ‘On the Concept Of History’)
    30 min
  • 1060: anarquismo juderia y masoneria 10
    La derrota no fue una pérdida
    Todos sabemos la historia: las Brigadas fueron disueltas a finales de 1938, cuando la derrota de la República comenzaba a ser inevitable. Se les echó la culpa a los brigadistas de ser los responsables en buena medida: porque había anarquistas, porque los comunistas no pudieron ponerse de acuerdo entre ellos, porque nunca hubieron suficientes provisiones…
    A mediados de 1939, Franco y sus tropas golpistas consolidarían su victoria en los principales centros urbanos de España y, a partir de entonces, la “neutralidad” de España en la Segunda Guerra Mundial (que estaba por iniciar) fue vital para la supervivencia del Eje.
    32 min

About Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

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Resulta que desde que nacemos en este planeta, según el lugar donde nazcas se te contara la historia oficial de tu pueblo de una manera o de otra, según la fuente de información y el punto de vista, basado en diferentes aspectos de los hechos y la realidad... pero.... según la fuente oficial para todo el planeta llegado desde occidente, es decir... la única historia que se acepta y se promueve oficialmente por todos sus ministerios gobiernos leyes y medios de comunicación, es la que han escrito los falsificadores de la historia de esta mal llamada "civilización moderna".