El profeta Isaías escribe: Pero tú eres mi testigo, dice el Señor, tú eres mi siervo, tú has sido escogido para conocerme, para creer en mí y para comprender que solo Yo soy Dios y no hay otro Dios, nunca lo hubo, nunca lo habrá. Isaías 43:10. Somos los testigos de Dios en la tierra. Como creyentes debemos entender que somos testigos de las misericordias del Padre, no para juzgar sino para llevar a libertad a quienes han estado prisioneros de sus culpas o engaños del enemigo. Somos testigos oculares de la verdad de Dios.