Lucas 2:22 en adelante
Luego llegó el tiempo para la ofrenda de la purificación como lo exigía la ley de Moisés después del nacimiento del niño Jesús, así que sus padres lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor. Si el primer hijo de una mujer es varón habrá que dedicarlo al Señor. En ese tiempo, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, era justo y devoto y esperaba con anhelo la llegada del Mesías que rescataría Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él, y le había revelado que no moriría antes de ver el Mesías. Ése día, el Espíritu Santo lo guío al Templo de manera que cuando María y José llegaron para presentar al bebé Jesús ante el Señor como lo exigía la ley, Simeón estaba allí, tomó al niño en sus brazos y alabó a Dios diciendo: Soberano Señor, permíteme ahora que tu siervo muera en paz, como prometiste. He visto tu salvación, lo que preparaste para toda la gente, él es una luz para revelar a Dios a las naciones, y es la gloria de tu pueblo Israel. Los padres de Jesús estaban asombrados de lo que él decía, entonces Simeón les dio su bendición y le dijo a María: este niño está destinado para provocar la caída de muchos en Israel pero también será la alegría de muchos otros en el mundo, fue enviado como una señal de Dios, pero muchos se le opondrán.