Jesús de Nazareth sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas.
Y esa fue la obra del Dios Altísimo en este maravilloso culto de sanidad y liberación, mientras nuestro amado Pastor, quebrantado por el Espíritu Santo de Dios, clamaba cantando así:
“¡Ay!, mi Dios de Ternura,
¡Ay, mi Dios!, mi Dios de Misericordia,
¡Sí, mi Dios!, mientras sigo cantando,
Por favor yo te ruego, sana el dolor de tu pueblo.
¡Ay, mi Dios!, sana el dolor de tu pueblo,
Tu pueblo sediento de tu Poder y tu Justicia.
¡Ay!, mi Padre muy Amado,
¡Sí!, en su Amor Admirable,
¡Sí, mi Dios!, está derramando su Fuego,
Su Fuego que sana, su Fuego que sana.
¡Sí!, está sanando a su pueblo,
¡Sí!, su pueblo que le ama,
¡Sí!, su pueblo que le sirve,
Su pueblo que le adora, un pueblo grande y fuerte.
¡Sí!, Él te esta sanando;
¡Sí!, sólo necesitas tú creer;
¡Sí, mi Dios!, tu Fuego esta sanando,
Sanando las dolencias de tu pueblo muy amado”.
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU PUEBLO SE PREPARE… PARA TESTIMONIO DE LAS NACIONES.