Tantas personas que van caminando por el mundo con una cantidad de angustia en su interior, con una cantidad de problemas en su vida cotidiana. Llega el momento en que inclusive ya ni siquiera pueden pararse por la debilidad espiritual en que se encuentran; han dejado de buscar al Señor.
Habiendo buscado mucho tiempo, habiendo buscado las Aguas, ¡Ríos de Agua Viva!, no han encontrado esas Aguas, no han podido encontrar la Presencia del Señor. Aunque han estado ahí tal vez en muchos momentos manifestando que son cristianos, pero en el interior han estado secos. Viviendo aflicción por una u otra causa: por la familia, por los hijos, por el esposo, por la esposa, por la enfermedad, por los problemas económicos, por el negocio, por el trabajo; aflicción. Y esto ha sucedido ya en muchos durante varios meses, en otros varios años.
Hay algunos que están atribulados, y en su tribulación siguen buscando las Aguas, siguen buscando la Presencia del Señor, siguen buscando la Presencia del Espíritu Santo de Dios, pero no pasa nada, no ocurre nada.
Si estás pasando por ese momento, por ese tiempo de aflicción, tiempo en que estás menesteroso, menesterosa, tratando de buscar solución a tus problemas, a tus dificultades, a la tribulación que puedes estar pasando hoy; y has estado buscando las Aguas, y como que no han llegado, y hay sequedad, y hay aflicción, y hay dolor, y hay depresión, y hay desesperación, y hay zozobra, hay desolación, en muchos hay ruina espiritual. Esta es la Palabra para tu vida, porque esta Palabra es para los afligidos, esta Palabra es para los menesterosos, aquellos que están buscando Ríos de Agua Viva en el interior, y no los encuentran; van yendo de un lado para otro, y la sequedad interior aumenta cada día más, la sequedad, la sed interior es cada vez más terrible. No debes desmayar, ¡no debes desmayar! Tú tienes que fortalecerte ahora, a través de esta Palabra, ¡en medio de la aflicción!, ¡en medio del desierto, en medio de la soledad!, ¡en medio de las ruinas! ¡Inclusive aunque veas a tu alrededor y tu vida está en ruinas!, ¡la vida de los que te aman está en ruinas!; ¡tú tienes que levantar tu voz y adorar Aquel que vive por los siglos de los siglos! De esa manera podrás encontrar victoria. ¡Tienes que seguir adorando!, ¡tienes que seguir alabando!, alabando y adorando en tu corazón. Y allí, ¡de allí!, de allí el Señor te ha de oír, en medio de la aflicción, en medio de la tribulación, ¡en medio de la prueba!, aunque creas que Dios no te oye, Él te está oyendo, Él te ha de oír”.